Terapia de pareja

ENFRENTAR LA INESTABILIDAD JUNTOS ES AMOR

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Después de todo, tu y yo somos uno solo, juntos sufrimos, juntos existimos, y para siempre nos recrearemos el uno en el otro.
— Teilhard de Chardin

¿Y si de lo único que podemos estar seguros en la relación es de que vamos a experimentar incomodidad, que nos puede salvar?

Encontrarnos con esa incomodidad juntos, cuando entendemos lo que nos sucede y estamos dispuestos a no dejarnos vencer, cuando protegemos nuestro amor, entonces nos fortalecemos y podemos enfrentar lo que sea juntos, eso es amor y se traduce en una mayor intimidad.  

De lo contrario nos desgastaremos buscando un culpable sin la posibilidad de resolver el problema.  

Como dije en los anteriores blogs el cambio es parte de la relación, de la misma forma que lo es para la vida en general, nada permanece, a veces nos sentimos felices y comprendidos por nuestra pareja y otras sentimos que estamos teniendo una relación con un completo extraño. 

Lo importante sin embargo es entender que el problema no se resuelve cambiando al otro, o esperando que sea diferente a cómo es, hacerlo solo desgasta la relación y no nos lleva a ningún puerto seguro. 

Piver, en su libro “Las 4 Verdades Nobles del Amor” menciona que necesitamos navegar y enfrentar el temporal juntos, es la única manera de poder salvarnos. 

EL ESPACIO QUE COMPARTIMOS

Un aspecto importante que nos ayuda a tener una buena relación se refiere a cómo cuidamos el espacio que compartimos, este siempre ha sido un tema que surge en la terapia, un miembro de la pareja es muy limpio y ordenado y el otro no pone mucha atención en ello, hasta la forma de lavar los platos o doblar la ropa puede generar conflicto, eso es normal, venimos de aprendizajes diferentes, otro tema puede ser el de la comida que consumimos, podemos coincidir o estar en total desacuerdo, lo importante aquí es respetar los gustos de cada quien y esforzarnos por hacer que este espacio sea una oportunidad para compartir y conectarnos; la ropa que usamos, los amigos que frecuentamos y como pasamos el tiempo libre, pueden ser también temas que generen dificultades, si somos muy diferentes y no coincidimos en nuestros gustos, el reto es aprender a vivir con las diferencias, negociar y llegar a acuerdos aunque eso implique que en ocasiones tangamos que ceder por el bien de la relación, finalmente es así como tenemos que verlo, lo hacemos en pro de la relación, no de mis intereses personales o los de mi pareja. 

Cuando hay hijos, este es también un tema que nos puede meter en conflicto, desde la forma en que queremos educarlos, establecer o no límites con ellos, los valores que les vamos a transmitir; como dice Covey, “…las familias exitosas nos se dan así nada más…Las cosas que realmente importan necesitan tiempo, pensamiento, planeación y prioridades. Se tiene que trabajar en ello y hacer sacrificios, se tiene que querer y pagar el precio.” Entre mejor estemos en la relación más fácil será ponernos de acuerdo en el tema de los hijos.

Es importante cuidar del espacio que compartimos, convertirlo en un lugar en donde nos podamos sentir cómodos y de alguna manera seguros, es triste ver parejas que prefieren evitar estas oportunidades de convivencia y para ello se saturan de trabajo para pasar el mayor tiempo posible fuera de casa, cuando eso llega a suceder necesitamos explorar cómo nos estamos sintiendo en cada uno de esos aspectos y cómo podemos lograr resolver los problemas que se nos presentan.

LOS SENTIMIENTOS QUE GENERAMOS

Existen sentimientos que deberíamos tener para lograr enfrentar las dificultades juntos y que son cualidades del corazón, pero lo que realmente sucede es que ante las dificultades es común que permanezcamos en estados desagradables como el enojo, el resentimiento, la queja, la inseguridad, que no hacen más que crear un espacio interno de oscuridad, en donde nos cerramos al otro,  lo que buscaríamos es por el contrario crear un hogar donde lo que prevalezca sean los sentimientos positivos tales como: 

El amor bondadoso

Pero no el amor como lo conocemos sino un sentimiento que reconoce que todos los seres humanos buscamos ser felices, estar sanos, sentirnos seguros, y estar en paz. Este amor que nos habla de que somos iguales, tenemos estos anhelos comunes, y por eso podemos hablar de un nosotros, conectarnos.

Cuando podemos entender que al entrar en una relación somos vulnerables ante la otra persona, nos sentiremos más cercanos y seremos mucho más cuidadosos de la forma en que tratamos a nuestra pareja.

La compasión

Ese sentimiento que se genera cuando nuestra pareja está sufriendo, cuando podemos sentir su dolor, su sentimiento nos toca, no podemos ser indiferentes a ello. Cuando somos capaces de sentir compasión por nuestra pareja estamos manifestando lo mucho que nos importa lo que le sucede.

Cuantas veces nos llega a suceder que permanecemos indiferentes a lo que le sucede al otro, como si pretendiéramos que todo tiene que funcionar bien siempre, que nuestra pareja nunca se enferme, o se queje de algún dolor, porque pareciera que no sabemos que hacer con la incomodidad que eso nos produce, pero somos seres humanos y no estamos exentos de nada de eso.

Alegría compartida

Cuando la alegría del otro nos hace felices, nos alegramos por sus logros, sentimos su felicidad como si fuera la nuestra. Esta es quizá uno de los sentimientos más difíciles de generar porque muy a menudo nos encontramos compitiendo con nuestra pareja y sus logros nos hacen sentir amenazados. Pero, así como podemos sentir su dolor, también podemos compartir sus gozos y sus alegrías.

Ecuanimidad

Que se refiere a la estabilidad que tendríamos que experimentar ante cualquier suceso que experimentemos: amor, dolor, alegría.

Este sentimiento nos permite enfrentarlo todo y se refiere a la fuerza de carácter, que se genera cuando nos sentimos seguros de poder aceptar lo que sea que pueda suceder.

La ecuanimidad nos ayuda a aceptar que las cosas sean como son y no sufrir por ello, amar lo que es, en cada momento de nuestra vida en pareja. 

ACCIONES TRASCENDENTES

Estas acciones nos ayudan a expresar las cualidades mencionadas anteriormente en términos prácticos y son una guía para lograr relaciones duraderas.

Generosidad

Para ser generosos debemos abrir nuestro corazón y darnos cuenta de que lo importante en la relación no está en recibir sino en dar, pero dar sin una agenda específica, no caigamos en el error de evaluar quién es más generoso en la relación y no nos limitemos a dar solo cuando estamos recibiendo algo.

Enfocarnos en lo que podemos ofrecer de manera incondicional requiere de apertura y flexibilidad. La fuente de la felicidad está en dar, mientras que la fuente de sufrimiento está en esperar recibir.

Disciplina

La disciplina que necesitamos tener para trabajar con cada situación que surja con apertura e integridad. Estar dispuestos a observar el panorama completo y no detenernos ni desgastarnos en detalles, examinar nuestros puntos de vista y tomarlos en serio, pero no aferrarnos a ellos sino más bien, dejarlos ir en pro de la relación, regresar a lo importante, que es nuestra pareja tal y como es en ese momento y sin tener un manual a través del cual nos la pasamos evaluando su comportamiento de correcto o incorrecto con la intención de cambiarla.

Paciencia

Se refiere a la tolerancia que desarrollamos ante nuestras debilidades y la disposición a trabajar con nuestra mente, entender cuando estamos distorsionando la realidad o atribuyendo intenciones en el comportamiento del otro que nos hace sentir víctimas. Tener la paciencia para observarnos primero a nosotros mismos reconociendo nuestras emociones comprendiendo y entendiendo que nosotros somos responsables de nuestras reacciones.

La paciencia implica fe en la acción, nunca darnos por vencidos. Es también una forma de amor.

La meditación es por supuesto el método ideal para entrar en contacto con nuestro mundo interno, cuando la practicamos no solo aprendemos a conocernos mejor, sino que nos apropiamos de lo que sentimos y dejamos de culpar a los demás por ello. Nos ayuda a aceptar las cosas tal como son.

Esfuerzo

¿Cómo? Así es, la relación requiere de trabajo, con el amor no basta, pero este esfuerzo no es algo que nos va a agotar o desgastar, no nos va a quitar energía sino todo lo contrario, nos va a llenar de alegría y por consecuencia de energía.

De lo que estamos hablando aquí es del interés que elegimos tener en nuestra pareja, en la relación, el cuidado que vamos a tener hacía ambas, independientemente de que las cosas vayan bien o no, es trabajar constantemente con nuestras deficiencias para ser cada día mejores personas en beneficio de la relación.

Meditación

La técnica de la meditación consiste en poner nuestra atención en un objeto de nuestra elección, este puede ser un mantra, un sonido, la respiración, la idea de la meditación es que cada vez que la mente se distraiga con algún pensamiento debemos regresar nuestra atención al objeto elegido.

Cuando transferimos la práctica de la meditación a la relación de pareja la idea es que cada vez que nos desviemos hacia el enojo, el conflicto, la frustración, seamos capaces de regresar al amor, tantas veces como sea necesario.

Un amor que significa apertura, solo en un estado de apertura somos capaces de dar y recibir, de lo contrario nos cerramos a nuestra experiencia y a la del otro y eso no hace más que complicar aún más las cosas.

Con la meditación aprendemos a soltar, soltar nuestras expectativas, nuestras demandas, nuestras frustraciones, nuestros resentimientos, ya que solo así podemos realmente conectarnos con nuestra pareja.

Sabiduría

De lo que se trata aquí es de hacer que nuestra relación sea sabia en sí misma, es la que nos marca el camino a seguir, para ello tenemos que olvidar nuestras teorías de lo que debe ser una relación o de cual sería el comportamiento adecuado de nuestra pareja, solo así seremos capaces de conectarnos con ella desde la aceptación.

ATENCIÓN

La atención es la forma más básica de amor, cuando pones tu atención plena (mindfulness) en alguien la relación florece.

Esta habilidad está bastante olvidada en un mundo de constantes distracciones, pero se vuelve esencial cuando se trata del amor.

Si no estamos dispuestos a prestar atención a nuestra pareja, el amor no es posible.

Es a través de nuestra atención que somos capaces de entender y conocer a nuestra pareja y es un hábito que como mencioné antes, se entrena con la meditación.

CONCLUSIÓN

Si hay amor, la pena respira, las lagrimas sonríen, el dolor es más suave, la culpa pierde su filo, el juicio olvida a quién juzgar, el miedo ya no se asusta, la separación termina.
— Robert Holden

Para poder enfrentar la inestabilidad propia de una relación, tenemos entonces que desarrollar ciertas actitudes, generar determinados sentimientos y comportamientos, quizá esto implique vivir con mayor conciencia en nuestra relación, estar mucho más en contacto con lo que va sucediendo día a día.

 No se trata de vivir en un eterno paraíso porque como ya lo he mencionado eso no es más que una fantasía difícil de realizar. Se trata de vivir un amor real, con sus encuentros y sus desencuentros, un amor en constante cambio, un amor que no nos ofrece una estabilidad permanente y entre mejor armados estemos con todo lo que se mencionó anteriormente, podremos en verdad disfrutar de una relación plena, con la confianza de que seremos capaces de enfrentar cualquier circunstancia que se nos presente en el camino.

 No existe el hombre ni la mujer de tus sueños. Seguro que siempre elegimos mal. Pero también es seguro que, si enfrentamos estas realidades, tendremos más posibilidades de ver las oportunidades de crecimiento y evolución propias de cualquier encuentro humano que es, simplemente humano.

Y ahora te toca a ti reflexionar al respecto:

 ¿Cuáles actitudes, sentimientos o comportamientos te hacen falta desarrollar para tener una mejor relación con tu pareja?

 ¿En dónde tendrías que enfocar tu atención?


Silvia

¿POR QUÉ SUFRIMOS EN LA RELACIÓN?

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En el momento en que tratamos que el amor sea seguro, deja de ser amor. No hay nada menos seguro que el amor.
— Susan Piver

INTRODUCCIÓN

Si la primera verdad acerca del amor es que las relaciones nunca se estabilizan, la segunda verdad nos dice que esperar que las relaciones sean estables es lo que nos genera sufrimiento.

Si la vida es sufrimiento como dice la primera verdad, de acuerdo con la filosofía budista, pretender que no sea así es lo que nos genera sufrimiento.

La idea es darnos cuenta de cómo oponernos a lo que la vida nos muestra, querer que las cosas sean diferentes a como son no solo evita que alcancemos la felicidad, sino que nos genera una enorme frustración que puede traducirse en tristeza, depresión, enojo, emociones que nos roban la tranquilidad y nos dificultan las relaciones con los demás.

LA SEGUNDA VERDAD

Esperar que las relaciones sean estables, es lo que las hace inestables.

Aunque siempre hemos pensado que al encontrar a nuestra pareja ideal habremos encontrado la felicidad, la realidad es que no es así, la felicidad la obtenemos no por lo que nuestra pareja nos brinda para satisfacer nuestras necesidades sino al poner atención en sus necesidades.

Seria bueno reflexionar un poco más sobre este hecho, ¿Qué buscamos al buscar amor? ¿Seguridad, comodidad, protección, confianza, compañía? Suena muy bien, sin embargo, cuando aceptamos que las relaciones son inestables, estamos aceptando sentirnos vulnerables, de nada sirve querer controlar lo que difícilmente puede ser controlado.

Cuando estamos en una relación, entramos en un mundo incierto, desconocido, misterioso… pero a la vez, maravilloso.

Mucha de la incomodidad en nuestras relaciones viene, no solo de nuestros conflictos o desacuerdos, sino de pensar que nuestra felicidad está en función de nuestras posesiones materiales, nuestra ideología, alguna práctica espiritual o de encontrar a tu media naranja. Viene de esperar que surja el amor en vez de ofrecer tu corazón una y otra vez.

No podemos pasarnos el tiempo condicionando el amor a nuestra pareja en la medida en que cumpla con nuestras expectativas y tampoco proyectando en ella el ideal que algún día imaginamos.

¿CÓMO DARNOS CUENTA?

Identificar todas estas creencias, ideas erróneas o mitos acerca de las relaciones de pareja requiere de un nivel de conciencia que pocas veces logramos alcanzar, detenernos y reflexionar acerca de lo que pensamos y de cómo estos pensamientos determinan nuestra forma de relacionarnos requiere de darnos cuenta y aquí nuevamente entra la meditación, específicamente la técnica de mindfulness como aquella que nos permite estar en el presente, y poder identificar cuando estamos reaccionando a nuestra fantasía y no a nuestra realidad. Una vez que somos conscientes entonces podemos elegir a nuestra pareja tal y como es o relacionarnos con la persona que imaginamos debiera ser.

Si nos relacionamos con quien realmente es, entonces podemos establecer una relación madura, mientras que si elegimos la otra opción estamos aferrándonos a una fantasía infantil.

Prestar atención implica sentir, estar conectados, cercanos, en este momento, justo ahora, a cada instante.

¿Y SI NUESTROS CAMINOS SE SEPARAN?

Cuando en la relación nuestros caminos no coinciden, es más fácil estudiar acerca del amor que practicarlo.

Llegar a acuerdos se vuelve más difícil y amenazante. Mantenerse abierto requiere de práctica. La práctica requiere de un contenedor, un lugar o una rutina sin el cual la energía puede disiparse.

En este sentido las relaciones y la práctica de la meditación tienen mucho en común. Es a través de la meditación que podemos aceptar al otro tal y como es, abriendo nuestro corazón a lo que sea.

Como he mencionado anteriormente las relaciones son difíciles y gran parte de su dificultad se debe a que somos diferentes, la solución no es que lleguemos a ser iguales y poder coincidir en todo sino aprender a vivir con nuestras diferencias y enriquecernos con ellas.

CONCLUSIÓN

A manera de conclusión haré referencia a una fábula de Schopenhauer:

“La Parábola de los Puerco espines”

“Era invierno y los animales amenazados de morir decidieron agruparse para evitar el frío, se juntaron lo más cerca que pudieron para calentarse con el calor propio de sus cuerpos, los puerco espines, aislados cada uno en su rincón, tenían frío. Transcurrieron unos días, hasta que se les ocurrió que una buena forma de calentarse sería apretarse unos contra otros. Al acercarse, sintieron un agudo dolor, por las heridas que se producían entre ellos con sus púas, y decidieron alejarse. Al poco tiempo, el frío se tornó insoportable, y volvieron a buscar el calor de los cuerpos amigos. Los pinchazos, les recordaron, que, tratándose de puerco espines, el exceso de cercanía era peligroso. El calor era agradable pero no las heridas que se causaban. Sin embargo, se dieron cuenta que si se aislaban terminarían solos y congelados. Tenían que elegir entre morir solos, por el frío, o aceptar la incomodidad de lastimarse por la cercanía. Decididos, a no dejarse vencer en su lucha contra el frío, se alejaron y se acercaron varias veces, hasta que alcanzaron una distancia óptima, que les permitió estar calentitos, pero sin lastimarse, y así pudieron sobrevivir. Sabiamente estuvieron dispuestos a vivir con las pequeñas heridas causadas por la cercanía de sus compañeros, para poder beneficiarse del calor colectivo.”

Al estar en relación con el otro es inevitable que en ocasiones terminemos lastimándonos, pero al final es mejor estar juntos que vivir apartados de los demás.

Aprender a aceptar nuestras imperfecciones puede ser una exitosa estrategia de supervivencia.

Aún las mejores relaciones no están libres del conflicto, es inevitable que nos lastimemos mutuamente, que nos mal interpretemos, que algunas veces nos rechacemos, que nos aferremos uno al otro, que reaccionemos.

La realidad es que tenemos diferentes necesidades y en ocasiones estas entran en conflicto. Y provocan que terminemos reaccionando no siempre de la mejor manera. 

El conflicto es algo natural, liberarnos de él implica aprender a responder a las heridas que nos provocamos, y dejar que lo que surja sea el fundamento que de alguna forma nos enseñe a cómo profundizar en la conexión, la calidez y el entendimiento.

Lo ideal es que veamos el conflicto como algo que nos es dado y como la puerta que nos conduzca a un profundo despertar cuando estemos dispuestos a prestar atención.

Silvia

 

"NOS ESTAMOS DESTRUYENDO"

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El tema de las relaciones interpersonales es un problema recurrente en mi consulta, ya sea porque lleguen parejas casadas o en unión libre que enfrentan diversos conflictos o parejas que aún no han decidido formalizar su relación y que tienen dificultades, o bien personas solteras que han dejado de creer en la vida de pareja pero que anhelan conocer a alguien que les ayude a creer de nuevo.

Las parejas que hacen cita llegan en un estado deplorable, con varios meses o incluso años de constantes peleas, por lo mismo sin muchas esperanzas, algunas de ellas permanecen y se comprometen en un proceso de análisis y reflexión que les permite tener una mejor comprensión de lo que les sucede, mientras que otras terminan abandonado la terapia sin siquiera darse la oportunidad de explorar lo que les sucedía y lo que los llevó a la situación en la que se encontraban.

Esto me deja pensando mucho acerca de lo que sucede actualmente en las relaciones a la hora de buscar ayuda y estas son algunas de mis reflexiones:

1.     Hay muy baja tolerancia a la frustración

Buscamos la gratificación instantánea y evitamos las cosas que no nos agradan, no queremos sufrir y por lo mismo nos es difícil aceptar la realidad. Cuando las cosas no salen como deseamos o suceden cosas que nos desagradan nos enojamos o nos retiramos afectivamente.

2.     Responsabilizamos al otro de nuestro malestar

Nuestro foco de atención está permanentemente en lo que hace o deja de hacer nuestra pareja y pocas veces o quizá nunca reflexionamos acerca de lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer en la relación. Por lo mismo pensamos que las cosas se resolverán cuando el otro cambie.

3.     Carecemos de un esfuerzo sostenido

Buscamos resultados inmediatos, somos impacientes, cuando las cosas no se resuelven rápido las abandonamos.

4.     Indefensión aprendida

Después de una y otra vez de fracasar en nuestro intento por resolver el problema, dejamos de creer que existe una solución e incluso de que seremos capaces de resolverlo, esta actitud se convierte con frecuencia en depresión o profunda tristeza.

5.     Mal manejo del estrés

El estrés ha formado parte de nuestra vida desde siempre, pero poco sabemos acerca de las estrategias que podemos usar para disminuirlo, como por ejemplo la meditación, la relajación, el ejercicio, la diversión, entre otras. Debido a ello sufrimos de un gran desgaste emocional y físico que nos hace poco o nada tolerantes ante el comportamiento de los demás, impulsivos e irritables y por consecuencia eso daña más la relación.

Lo que yo busco al trabajar con las parejas es enseñarles un mejor manejo de sus emociones, identificar las razones de su baja tolerancia a la frustración y las consecuencias que esto tiene en su relación, reflexionar acerca de la responsabilidad que cada uno tiene en las dificultades que enfrentan y que identifiquen como el estrés cotidiano cuando no es bien manejado nos produce un desgaste tal que afecta no sólo nuestra salud sino nuestra manera de responder ante los conflictos. 

Poder asimilar todo esto requiere de tiempo, es imposible que cambiemos nuestra forma de ser y comprendamos lo que nos pasa en un par de sesiones, pero uno de los mayores retos es romper el ciclo que se ha creado debido a las constantes peleas que enfrentan, después de un tiempo de no poder resolver las cosas favorablemente es muy probable que los integrantes de la pareja pierdan la esperanza y quieran tirar la toalla, lo que les diría es que ningún problema que lleva tiempo manteniéndose puede solucionarse en un instante y sin esfuerzo, cuando el problema se aborda con la ayuda de un profesional es muy probable que vaya resolviéndose favorablemente, a partir del desarrollo de actitudes específicas que favorezcan la interacción.

¿Te identificas con uno o varios de los cinco puntos mencionados? 

Silvia

 

NOS ENAMORAMOS... Y DESPUÉS... ¿QUÉ SIGUE?

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Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste en fundamentalmente ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar.
— Erich Fromm

Nada más cierto, aunque este libro fue escrito hace ya varios años, el arte de amar está intrínsecamente relacionado con nuestra capacidad para amar y eso requiere de trabajo. Solemos pensar que cuando conocemos a alguien y nos enamoramos, las cosas irán fluyendo maravillosamente, sin el más mínimo esfuerzo, pero la verdad, es que no es así, aún en las primeras fases de nuestra relación, cuando somos novios, y todo debería estar bien, nos damos cuenta que la relación se complica, en ocasiones por circunstancias tan simples, pero a la vez tan incómodas y eso es normal.

Las relaciones interpersonales son difíciles y complicadas porque somos diferentes, pero además porque quizá pensamos que no deberían ser así, que si nos amamos lo suficiente deberíamos pensar y/o sentir igual que el otro, se nos olvida quizá, que venimos de historias distintas, que nuestros aprendizajes no han sido los mismos, que nuestros gustos y preferencias, a veces no coinciden, pero que, a pesar de ser así, eso está bien.

Si pudiéramos estar en una relación con una actitud de asombro, descubriendo al otro, sorprendiéndonos a cada instante de como es, quizá las cosas serían más sencillas.

En el mejor de los casos, después de un excelente noviazgo, decidimos vivir juntos, o casarnos, y una vez que empezamos a compartir el mismo espacio, surgen las dificultades y nos decepcionamos, nos frustramos, empezamos a pelear, nos lastimamos, dejamos de vernos con ojos de amor y experimentamos miedo a no cumplir nuestro sueño de: “Vivir juntos para siempre” y responsabilizamos al otro de nuestro fracaso, y todo esto, en vez de ayudarnos complica aún más la situación.

Porque lo que necesitamos, no es pelear constantemente con el otro para que cumpla nuestras expectativas, sino analizar lo que nos está pasando con la situación que vivimos, atrevernos a conocernos y entender de dónde vienen nuestras demandas, empezar a identificar lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer para mantener el conflicto.

Este paso no es tan sencillo, se necesita mucho trabajo y esfuerzo, que la mayor parte de las veces no puede hacerse solo, sino que requiere del apoyo de un profesional, alguien que nos ayude a ir analizando y aclarando lo que nos pasa, alguien que nos recuerde una y otra vez que el trabajo es personal y que mientras no aceptemos que la solución está en uno, difícilmente podremos tener una buena convivencia con el otro.

Insisto en este punto porque es quizá el que más trabajo cuesta en una terapia de pareja, implica un cambio de mentalidad, implica decir: “Porque lo amo, voy a tener comportamientos amorosos con mi pareja, y evitar aquellos que sé que le hacen sentir mal”, este es un gran paso, que pocas veces queremos dar, porque al estar enfocados permanentemente en el comportamiento del otro, dejamos de ver lo que nosotros estamos haciendo para mantener el problema. Es un acto de amor, de generosidad, de compasión.

Excluyendo por supuesto cualquier problema que tenga que ver con abuso, violencia y/o adicciones. En cualquiera de estos casos estamos hablando de situaciones que no tenemos que aceptar, ni mucho menos tolerar, sobre todo si está en juego nuestra integridad.

Es importante atender el problema de nuestra relación a tiempo, porque cuando estamos en medio del conflicto, vivimos un estrés sostenido que nos va desgastando, provocando en nosotros sentimientos de ansiedad incontrolables, depresión, ira, sentimientos de desesperanza (queremos tirar la toalla), y todo eso en vez de ayudarnos a tener mayor claridad para resolver las cosas, incrementa nuestra incapacidad para buscar soluciones adecuadas.

Entiendo que en ocasiones lo que vivimos nos hace pensar que lo mejor es salirnos de la relación, pero no nos atrevemos a hacerlo por miedo, porque nos aferramos a la idea de que las cosas cambien, porque seguimos amando a nuestra pareja y no queremos dejarla, por los hijos, aún en estas circunstancias, es necesario tener la claridad de por qué pensamos que lo mejor es irnos, o bien quedarnos, solo cuando logramos tener la claridad de nuestros pensamientos y de nuestras emociones, estamos en condiciones de tomar la mejor decisión.

Lo importante es que no te conviertas ni en víctima, ni en verdugo.

Cuando entendamos que el cambio es individual, que no se trata de que el otro sea quien cambie para hacerme feliz, daremos un gran paso hacia la armonía de nuestra relación.

¿Y tú, cómo estás en tu relación?

Silvia