Terapia

¿TE AMARGAS LA VIDA?

No hay nada más difícil que soportar una serie de días buenos
— Paul Watzlawick

INTRODUCCIÓN

La primera vez que escuché que amargarse la vida es un arte. me pareció chistoso, pensé: ¿cómo es posible que se trate de un arte? Pero la verdad es que, si lo es, realmente es un arte, requiere de una creatividad, imaginación y esfuerzo sorprendente.

“El Arte de Amargarse la Vida” es el título de un texto que tuve la oportunidad de leer hace varios años, su autor es Paul Watzlawick y quiero, si es que no lo conoces, compartirte lo que dice en la contraportada del libro que leí…

La historia del martillo

Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizá tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. Así nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, “buenos días”, nuestro hombre le grita furioso: “¡Quédese usted con su martillo, so penco!”

Es increíble lo que puede hacer nuestra mente ¿no lo crees? Aún cuando nada está sucediendo, podemos ser capaces de generar en nuestra imaginación los peores escenarios posibles y ¿cuál es el resultado? Generalmente los hechos que imaginamos nunca suceden, pero lo que si nos sucede es un gran desgaste emocional de todo tipo:

Enojo

Angustia

Miedo

Tristeza

NUESTRO ESTILO EMOCIONAL

Por increíble que parezca y como lo he mencionado en otros de mis blogs, la causa de nuestro malestar emocional no está en lo que nos sucede sino más bien en todo lo que pensamos acerca de lo que nos sucede.

Como es posible que el Sr. del ejemplo pueda haber anticipado un resultado tan desastroso sin siquiera darse la oportunidad de ver realmente lo que sucedería, sin anticipar nada.

Bueno, la verdad es que eso es algo que hacemos todo el tiempo y depende mucho de nuestro estilo emocional, el diálogo interno con el que nos conectemos, en el ejemplo del cuadro es claro que el señor tiene un estilo enojón, las personas que se enojan ven “moros con tranchetes”, siempre piensan mal de los demás, los responsabilizan de su mal humor, están listos para responder atacando, son desconfiados y por lo mismo piensan que los demás los pueden atacar de alguna manera, atribuyen en los demás intenciones de dañarlos y no necesariamente es siempre así.

ANGUSTIA

Las personas angustiosas por el contrario están constantemente anticipando peligro, si alguien no contestó un mensaje que enviaron, piensan que seguramente es porque están enojados, o porque algo malo les pudo haber sucedido, imaginan escenarios tales como: “seguramente se enojó conmigo porque…” y construyen una historia, piensan que ya no les volverá a contestar, o piensan que seguramente algo malo les sucedió, quizá un accidente, o los asaltaron, o los secuestraron y su imaginación vuela en cualquiera de esas direcciones, por supuesto, rara vez, o quizá nunca llega a suceder lo que anticipan.

MIEDO

Una persona miedosa anticipa peligros todo el tiempo, si va a hablar en público, piensa que se les va a olvidar la información, o que los demás se van a burlar de él/ella, o que empezará a tartamudear, lo más probable es que se paralice y la mente realmente se ponga en blanco por el miedo que se genera.

O quizá, si tiene una entrevista de trabajo, piensa que no lo/la van a contratar o que le harán preguntas que no podrá responder y decide al final no asistir.

Generalmente las personas miedosas suelen evitar actuar porque están convencidas de que las amenazas que se crean en su mente son verdaderas y activan una respuesta de estrés que los prepara para huir.

TRISTEZA O DEPRESIÓN

Las personas depresivas suelen ver la realidad en tonos grises y dudan de su capacidad o de que las cosas puedan cambiar. Imaginan que su vida seguirá igual, sin sentido, no ven la luz al final del túnel, piensan que ellos no nacieron para ser felices y cuando algo bueno les sucede inmediatamente piensan que seguramente no va a durar, que la desgracia tocará de nuevo a su puerta y que todo seguirá siendo igual.

EL PASADO VS VIVIR EL PRESENTE

Otra forma de amargarnos la vida es la tendencia a vivir en el pasado, recordar todas aquellas cosas que nos provocaron dolor, sufrimiento, enojo, cuando nos aferramos al pasado no nos permitimos disfrutar del presente y peor aún nos provocamos emociones negativas solo por el hecho de recordar situaciones que ya no son vigentes.

Cuando nos aferramos a estos recuerdos de manera obsesiva, perdemos nuestra capacidad de disfrutar de la vida y de nuestras relaciones.

Un pensamiento fijo que es negativo es capaz de crear su propia realidad, “la profecía autocumplida”.

Hacia donde llevamos nuestra atención va nuestra energía.

SOLUCIÓN

Los ejemplos son realmente interminables, la creatividad para generar todos esos escenarios no tiene límites, seguramente podrás identificar lo que haces y con qué emoción sueles conectarte más, es así, y por lo mismo, como yo, estarás de acuerdo con Watzlawick de que es todo un arte.

La buena noticia es que podemos cambiar esa tendencia, nuestra mente no se maneja sola, nosotros podemos encauzarla hacia donde queramos, podemos parar los pensamientos negativos, podemos cambiarlos, podemos detenerlos.

Lo importante es entender que nuestra mente está diseñada para pensar y que solo necesita dirección y conciencia, es importante que nos demos cuenta cuando lo hacemos para poderlo parar.

También nos ayuda entender que como seres humanos no nos gusta la incertidumbre y por lo mismo tenemos una gran necesidad de control, queremos controlar la realidad, pero como eso no es posible, generamos escenarios en nuestra mente y generalmente es con el fin de protegernos porque así es desde el inicio de la humanidad, estamos listos para responder al peligro, el problema es que el peligro que imaginamos es solo eso, una simple imaginación, un cuento que nos contamos, una fantasía, pero no la realidad, aunque así lo creemos y lo vivimos como si así fuera.

Ser conscientes de todo esto no solo nos evita sufrir, sino que además nos libera de una gran carga de estrés a la que sometemos a nuestro organismo cada vez que pensamos de esa manera.

Necesitamos aprender a manejar nuestra mente y controlar nuestros pensamientos, la terapia y los cursos de meditación pueden ser de gran ayuda.

CONCLUSIONES

Recuerda que tu bienestar mental y emocional es tu responsabilidad, existen formas que te pueden ayudar a sentirte mejor si así lo decides. De la misma forma en que creamos sufrimiento con nuestros pensamientos podemos crear felicidad, solo necesitamos darnos cuenta y decidir el tipo de pensamientos que queremos tener.

Por lo pronto te invito a que descargues, si no lo has hecho aún, el PDF sobre 9 Estrategias de Manejo de Estrés, en donde te hablo de como puedes usar la meditación y el control de tu pensamiento para disminuir el estrés y recuerda que si lo deseas puedes tener una sesión sin costo de 45’ para tener claridad acerca de lo que te pasa y lo que podrías hacer para sentirte mejor.

Y por último ¿Con qué estilo de pensamiento te identificaste? Comparte.

Silvia

¿TERAPIA YO?

Blog 11.jpg
Vuélvete un observador de tus propios pensamientos y de las acciones que esos pensamientos provocan...
— Marcus Aurelius

En mi trabajo como terapeuta me he encontrado con que nunca es fácil tomar la decisión de buscar ayuda, aún a pesar de que en ocasiones nos encontramos en situaciones realmente difíciles, de mucho sufrimiento, desgaste, desesperación, preferimos dejarlo para después anhelando que con el tiempo mejoraremos, en ocasiones es así, pero la mayoría de las veces la situación empeora.

Cuando finalmente nos decidimos ya llevamos varios años afectando nuestra salud, nuestras relaciones, incluso nuestra economía, porque estoy convencida de que difícilmente podemos funcionar adecuadamente si estamos en medio de un conflicto emocional o interpersonal.

¿Por qué esperamos tanto?

Generalmente es porque nos ocupamos en otras cosas, en ocasiones evadiéndonos con la comida, el cigarro, el alcohol, las drogas, las compras, los videojuegos, Netflix, en fin, cualquier cosa que logre adormecernos para no pensar, para no sentir, para no tener que decidir.

Otra excusa que ponemos es que no tenemos los recursos económicos para invertir en un proceso terapéutico y quizá sea así, pero creo que deberíamos preguntarnos: ¿Qué es más importante para nosotros que nuestra salud mental y emocional? ¿Cómo podemos ser realmente productivos si no nos sentimos bien?

Creemos que estamos ahorrando y que es mejor no tener ese gasto, pero el precio que pagamos por no hacerlo es mucho mayor, las consecuencias a nivel físico, laboral, social pueden ser graves, como la pérdida del trabajo, la enfermedad, la separación.

¿Qué hacer?

Quizá no hemos podido librarnos del temor o la vergüenza que implica acudir con un terapeuta, pero déjame decirte por qué invertir en tu salud mental y emocional es tan importante.

¿Te imaginas que un día te despiertes sintiendo que tienes el control de tu vida?

¿Un día en el que te des cuenta de que no eres víctima de tus circunstancias?

¿Un día en donde te puedas sentir en equilibrio y que eso te permita tener una mejor relación con los demás?

¿Un día en que te sientas lleno de energía y seas más productivo?

¿Un día en que disfrutes de tu vida y agradezcas todo lo que tienes?

Todo esto es posible, la buena noticia es que no tenemos que permanecer en un estado de sufrimiento y desgaste, pensando que cuando cambien las circunstancias nos sentiremos mejor.

Trabajar en tu salud mental implica reconocer que uno es el único responsable de sus emociones porque ellas son resultado de nuestros pensamientos, identificar cuáles son esos pensamientos que constantemente se apoderan de nosotros requiere de tiempo, de reflexión, cuando nos damos cuenta de que lo que pensamos es algo que aprendimos y nunca cuestionamos, pero que no necesitamos seguirlo pensando si al hacerlo sufrimos o tenemos comportamientos inadecuados, es realmente un alivio.

Invertir en ti no solo te beneficia a ti, también a las personas que te rodean.

Aprender a manejar tu mente y por consecuencia tus emociones y tus conductas, te permite tener una vida más tranquila, alegre, te ayuda a manejar tu enojo, tu ansiedad, tus miedos, tus frustraciones. Es posible tener una mejor vida, pero no por las razones que nos han enseñado o hemos aprendido.

¿Qué es una mejor vida?

Una mejor vida no se logra porque las personas con las que vivimos nos tratan bien y cumplen todas nuestras expectativas, tampoco se logra porque cambiamos de trabajo, de pareja, de ciudad, tampoco por viajar más o comprar más cosas; eso no necesariamente nos produce bienestar permanente, quizá solo momentáneo, incluso podemos ver infinidad de ejemplos en donde a pesar de tener las mejores circunstancias la gente vive deprimida o angustiada.

Una mejor vida es aquella en donde logramos tener un equilibrio emocional, lleno de emociones positivas, una mejor vida se logra cuando entendemos que si cambiamos nuestra manera de pensar cambiaran también nuestras emociones y por consecuencias nuestro comportamiento, es una vida en donde lograremos realmente tener los resultados que anhelamos en todas las áreas de nuestra vida.

En la terapia emprendemos un proceso en el que cambiamos nuestras emociones cambiando nuestra manera de pensar, algo de lo que se ha escrito e investigado demasiado, desde las teorías filosóficas más antiguas incluyendo la filosofía budista, hasta los enfoques psicológicos más contemporáneos.

Una mejor vida depende de lo que hacemos con nuestros pensamientos y eso está directamente relacionado con nosotros, no depende de nadie más, por lo mismo nos da poder y nos libera de las circunstancias externas que siempre son impredecibles.

Una mejor vida no es una vida libre de sufrimiento porque no podemos evitar que sucedan situaciones difíciles, pero podemos aprender a estar en paz y aceptar que las circunstancias negativas forman parte de nuestra existencia.

Conclusiones

Aceptar esta intangibilidad de nuestros pensamientos, con su falta de realidad, puede liberarnos del sufrimiento y la angustia.
— Pema Chödrön

Necesitamos aprender a manejar nuestras emociones para tener una madurez e inteligencia emocional que nos permita tener la calidad de vida que deseamos.

Ser conscientes de los pensamientos que elegimos tener y de los resultados que obtenemos con ellos.

Entender nuestra mente para poder hacernos responsables de lo que generamos.  

Cuestionar los conceptos y las ideas que hemos mantenido hasta ahora.

Dejar de depender o controlar las circunstancias externas para ser felices.

Encontrar lo que internamente nos puede producir ese nivel de bienestar.

No se trata de estar bien “por” lo que nos sucede, sino más bien estar bien “para” lo que suceda.

Y finalmente invertir en nosotros y considerarlo como la mejor inversión.

¿Estás listo/a para trabajar en ti?

Silvia

ENCONTRANDO LUZ EN LA OSCURIDAD

Blog 9.jpg
Del sufrimiento han de emerger las almas más fuertes, los personajes más grandes estaban llenos de cicatrices.
— Kahlil Gibran

A lo largo de nuestra vida, no podemos evitar enfrentar situaciones que nos generan sufrimiento: una separación, el engaño, la traición, la muerte de un ser querido, una enfermedad terminal, un padecimiento crónico, la lista puede ser interminable, así es, y es algo que no podemos evadir, nada nos puede salvar de tener que enfrentar alguna circunstancia que nos rompe la aparente estabilidad que tenemos en nuestras vidas, y digo aparente porque difícilmente esa estabilidad permanece por siempre. La vida es cambio y en ocasiones esos cambios que vivimos nos ponen a prueba. Lo interesante es entender que siempre hay un antes, un durante y un después de ese evento.

Es difícil decir cual de todos esos sucesos es el peor que nos pudiera pasar porque para cada uno de nosotros la vivencia es diferente y cuando estamos experimentando una tragedia, nada puede resultar alentador, escuchar que otros han pasado por lo mismo que estamos pasando nosotros no es siempre la mejor receta para aliviar nuestro dolor.

Yo también como todos he estado ahí, preguntándome por qué, tratando de entender quién o qué dirige nuestras vidas, y en mi búsqueda he encontrado algunas respuestas que me han ayudado a aligerar la carga.

Primero que nada, la vida es sufrimiento y pelearnos porque pensamos que eso no nos debería suceder a nosotros es lo que nos produce más sufrimiento, en la vida hay muchas cosas que están dadas, es decir, que no dependen de nosotros, simplemente están ahí, como en el caso de la muerte o la enfermedad, y la única opción que tenemos es elegir cómo lo vamos a vivir, somos nosotros con nuestros pensamientos los que nos generamos dolor, más allá de lo devastador que pueda resultar una realidad, es finalmente el significado que elegimos darle lo que va a determinar nuestro sufrimiento.

En fin, pareciera ser que, aunque no podemos evadirnos de esas crudas realidades, si podemos elegir de qué manera las vamos a enfrentar, es decir, cómo vamos a responder a ellas una vez que han sucedido.

Podemos, por ejemplo, aceptar la realidad, entender que hay cosas que no dependen de nosotros y abandonar la idea de que no debiéramos sufrir. Cuando aceptamos la realidad por difícil que sea, podemos elegir en qué enfocar nuestra atención, elegir qué vamos a hacer con nuestro sufrimiento y aunque parezca extraño quizá sería mejor preguntarnos:

¿Qué me ofrece esta situación?

¿Qué puedo aprender de ella?

¿Cuál es la oportunidad aquí? (Las crisis siempre vienen acompañadas de una oportunidad, aunque nos sea difícil verla)

¿Cómo puedo usar este hecho para hacerme más fuerte?

¿Cómo quiero presentarme ante esto?

¿Elijo ser una víctima, auto compadecerme, lamentarme o continuar con mi vida?

¿Elijo actuar desde el miedo, o desde el amor?

¿Permanezco enojado/a o resentido/a, o me libero a través del perdón?

¿Cuál es el significado que le voy a dar a este hecho?

Estas preguntas nos llevan a reflexionar, nos piden detenernos a pensar, nos ayudan a ver el otro lado de la moneda, nos conectan con una sensación de alivio, de esperanza. Las cosas no nos pasan “a” nosotros, pasan “para” nosotros y ese “para” es el que tenemos que descubrir.

¿Para qué tenemos que vivir tal o cual circunstancia?… El medio para explorarlo puede ser la terapia y la meditación.

A través de la terapia podemos realizar el proceso de reflexión en compañía de un profesional y descubrir cómo todo va adquiriendo un sentido, enfrentamos nuestro enojo, nuestra tristeza, aliviamos nuestro dolor, en un espacio en donde nos sentimos apoyados, entendidos y con las herramientas necesarias para elegir el camino que tomaremos en nuestra vida a partir de ese hecho. Transformando el sufrimiento, creciendo, trascendiendo.

Al meditar trabajamos con nuestra mente, nos damos cuenta de cuáles son nuestros pensamientos, encontramos ese espacio de silencio que nos permite conectarnos con nuestras emociones, estabilizamos nuestro corazón y nos encaminamos hacia el amor y la compasión descubriendo que no necesitamos hacer más, solo detenernos, soltar, esperar y confiar que tarde o temprano veremos esa luz en nuestro camino.

¿Qué significado eliges dar a tu experiencia?

Silvia

SI CAMBIO YO... TODO CAMBIA

Cambio.jpg
Mientras uno crea que sus problemas son causados por una fuerza o agencia exterior a uno mismo, la terapia no podrá ser eficaz. Si después de todo, el problema reside allá afuera, entonces ¿para qué va uno a cambiarla?
— Irvin D. Yalom

A lo largo del tiempo que llevo trabajando como terapeuta, he encontrado que la necesidad de cambiar es quizá el principal tema con el que llegan mis pacientes a consulta.

A pesar de que la vida es un constante cambio, pareciera que cuando se trata de nosotros, el cambio no parece ser tan natural ni espontáneo, de hecho, incluso cuando tenemos que enfrentar un cambio, surge en nosotros una gran resistencia, sentimos incomodidad, temor, ansiedad, nos aferramos a querer estar como antes, nos sentimos extraños y generalmente tendemos a evitarlo.

Cuando se trata de nuestra propia vida, el cambio se convierte en un anhelo que con frecuencia nos genera mucha frustración. Queremos por ejemplo que nuestros padres cambien, o que cambien los hijos, que cambien nuestros maestros, nuestros jefes, nuestros amigos, nuestra pareja, nos escuchamos decir: “si tan solo él/ella cambiara, las cosas serían totalmente diferentes”, nuestro deseo está basado en la idea de que cuando los demás dejen de ser como son y sean como nosotros queremos entonces nos sentiremos bien, lo cual, para nada es cierto, porque nuestro bienestar depende de nosotros, no de los demás.

Y si es así, a la única persona que podemos cambiar es a nosotros mismos, y es justo ahí en donde está el reto, porque a pesar de que sabemos que nuestra forma de comportarnos no es la mejor, que reaccionar como lo hacemos nos genera malestar, no solo con nosotros mismos sino también con los demás, dar el siguiente paso, modificar ese comportamiento no resulta ser tan sencillo, quizá si comprendiéramos eso nos sería más fácil aceptar a los demás como son y no intentar cambiarlos.  Pero regresando a nosotros: ¿es posible cambiar? ¿basta con querer cambiar para lograrlo? ¿qué tenemos que hacer para cambiar?

Bueno, el cambio es un proceso que requiere primero que nada de la disposición y la intención a cambiar, y esa surge cuando nos damos cuenta de que ese comportamiento que queremos modificar nos hace más mal que bien, tenemos entonces que identificar por qué pensamos que nos hace mal, cuáles son las consecuencias que produce en nuestra salud, nuestras relaciones, en nuestra vida, y también identificar todas las excusas que con el tiempo hemos elaborado para justificarnos cada vez que tenemos el comportamiento indeseado. Asumir la responsabilidad de cambiar implica abandonar los argumentos falsos que lo sostienen, tales como decir: “así nacimos”, “fue lo que nuestros padres nos enseñaron”, “es parte de nuestro carácter”, “es nuestra naturaleza”, etc.

Necesitamos ser conscientes de que esa conducta es la que estamos eligiendo tener, quizá porque no conocemos otra forma de reaccionar, somos nosotros quienes elegimos tenerla, no es consecuencia de lo que nos hacen los demás o de las circunstancias.

Una vez que somos conscientes, necesitamos entender qué es lo que nos impulsa a actuar así, qué es lo que detona nuestra conducta: ¿es acaso un pensamiento? ¿un sentimiento? ¿es porque estamos cansados? ¿es porque tuvimos un mal día?

Si trabajamos en ello, si lo hacemos nuestra prioridad, si nos dedicamos a encontrar la solución y progresamos poco a poco, lograremos ser la persona que queremos ser.

Recuerda que el camino hacia el cambio es largo y por lo mismo, más fácil de recorrer si lo haces acompañado de un profesional.

¿Cuál es esa conducta que te gustaría cambiar?

Silvia