Pareja

AMÁNDONOS EN LIBERTAD

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Influidos por los criterios de la conciencia colectiva preferimos pensar en una vida de pareja estable, en lugar de asumirla como un camino de trabajo constante; preferimos pensar que nos proporcionará paz permanente, y no como un proceso de desarrollo.
— Luis José Ubando

¿Te imaginas encontrarte un día disfrutando plenamente de tu relación, enfocándote en cada momento de tu vida que compartes con tu pareja desde el amor incondicional, aceptando a tu pareja como es, sin sentir que necesita convertirse en alguien más para que te sientas feliz…?

A eso me refiero con amar en libertad, nos liberamos de nuestras demandas, de nuestras fantasías, de nuestras expectativas, nos liberamos de nuestros resentimientos, de nuestros enojos, de nuestras frustraciones y apreciamos la relación que tenemos como algo valioso, porque en verdad es así, es valiosa porque está viva, porque es real, porque nos permite superarnos cada día, ser mejores personas, madurar y compartir la vida juntos.

La Meditación y el Amor

A lo largo de este camino que hemos recorrido juntos, en cada uno de mis últimos tres blogs, he mencionado que la meditación nos entrena para estar más en contacto con nosotros mismos, con nuestra mente, con nuestras emociones, nos ayuda a conocernos y apreciar lo que tenemos con otros ojos.

La práctica de la meditación nos enseña a soltar, cuando meditamos dirigimos nuestra atención a la respiración, y al hacerlo nos ubicamos en este momento, cuando nuestra mente empieza a divagar, soltamos el pensamiento, lo dejamos ir y suavemente regresamos nuestra atención a la respiración… así de sencillo, aunque lograrlo es un gran reto porque nuestra mente está acostumbrada a ir de un lado a otro sin ningún control.

Meditar no solo nos ayuda a reducir el estrés o mejorar nuestra capacidad de prestar atención, es también un camino al amor… nos entrena a permanecer con lo que es y eso es esencial cuando hablamos del amor.

Entrenamos para estar aquí, con nuestra humanidad plena, apreciando nuestros dones y aceptando nuestras confusiones, solo así podemos aproximarnos al otro sin miedo a sentirnos vulnerables, sin necesidad de tener escudos para protegernos.

La meditación nos proporciona un espacio y es en ese espacio en donde podemos recibir, y lo que recibimos es: amor, sabiduría, creatividad, autoconocimiento, inspiración. Nos permite tener la habilidad para permanecer con la incertidumbre, que como dije anteriormente es algo que enfrentamos constantemente en nuestra relación y en la vida.

Ahora bien, en la meditación desarrollamos tres aspectos importantes que también pueden aplicarse al amor.

A) Precisión

Al meditar dirigimos nuestra atención a un objeto, en el caso del Mindfulness nuestra atención se dirige solo a la respiración y todo lo demás se considera pensamiento por lo que la idea de precisión es regresar una y otra vez a la respiración, cada vez que nuestra mente se distrae.

En nuestra relación la precisión se traduce en el CUIDADO, es decir la atención que ponemos en nuestras palabras y acciones y en como estas impactan a nuestra pareja. Darnos cuenta de como lo que decimos y hacemos se puede traducir en buenos modales o en el interés que ponemos en lo que para nuestra pareja es importante, sus preferencias, algo que es simple pero muy poco común.

Cuando decidimos de manera consciente poner atención en el otro, manifestar que nos importa, pensar en él/ella, será fácil cultivar una buena relación.

La precisión también tiene que ver con la honestidad y la responsabilidad, qué tan honestos somos con nuestra pareja, como asumimos la responsabilidad de lo que hacemos y decimos a nuestra pareja. Todo esto es importante si deseamos construir una relación verdadera.

Si no hay honestidad en una relación, nuestros corazones permanecerán cerrados, sintiéndose amenazados constantemente y no podemos construir una relación sobre esas bases.

B) Apertura

Cuando meditamos nos abrimos a lo que surja, no tratamos de cambiar ni manipular nada, todo es bien venido, tanto lo bueno como lo malo.

Cuando logramos precisión, honestidad y responsabilidad en nuestra relación, la apertura surge de forma natural, porque hay confianza, porque no hay razón para protegernos, abrimos nuestro corazón y descubrimos que la otra persona es tan importante como uno y somos capaces entonces de construir un “nosotros”.

C) Ir más allá

Ir más allá en la práctica de la meditación implica soltar todas las expectativas e ir disfrutando de lo que va sucediendo en la medida en que vamos avanzando más y más en el dominio de la técnica.

Lo mismo sucede en la relación, a medida que avanzamos y cultivamos el cuidado, la honestidad, la responsabilidad y la apertura nos vamos sumergiendo en un mar que no tiene ni principio ni final y aprendemos a soltar cualquier expectativa confiando en que sabremos navegar juntos independientemente de lo que suceda en el camino.

Ir más allá implica profundizar en la intimidad, abandonamos, como dije antes, el anhelo de cambiar al otro y nos enfocamos en conocernos uno al otro.

Mantener una relación a lo largo del tiempo es un misterio, es ir descubriendo el amor a cada momento, descubrir la magia de compartir tu vida con otra persona, creando y cuidando un mundo juntos. Lo cual no significa que el camino será seguro, porque como ya lo había mencionado antes, el amor está siempre uniéndonos y separándonos.

El Camino Hacia el Amor

En la filosofía budista se habla del Camino Noble de ocho pasos, en el libro de S. Piver, este planteamiento se aplica al amor de la siguiente manera:

1.       Visión Correcta

Se refiere a mirar al otro sin proyectar en él/ella nuestros juicios, creencias, etiquetas. Implica darnos cuenta de cuando lo estamos haciendo y abandonar esa actitud que lo único que hace es alejarnos de la persona que tenemos enfrente.

2.       Intención Correcta

La intención se refiere a la razón por la que hacemos las cosas, por qué decidimos estar en una relación, la intención correcta en este caso no es porque queremos ser amados sino porque queremos amar, con solo ese ligero cambio en nuestra intención las cosas se modifican de manera sorprendente, porque la razón no depende del otro sino de mí.

La intención correcta en una relación es dar desde el corazón, dar amor, cuidado, dar compasión, sentir el dolor del otro, sentir su felicidad y mantener la ecuanimidad.

3.       Discurso Correcto

Cómo nos comunicamos con nuestra pareja, es decir, cómo le hablamos, cómo la escuchamos. El discurso correcto parte de la visión correcta y de la intención correcta, mencionadas arriba. Si me atrevo a mirar al otro como es y mi intención en la relación es dar lo mejor de mí será fácil cuidar mi discurso.

Cuando ponemos cuidado en la manera en que nos comunicamos con nuestra pareja es posible establecer un nivel mayor de conexión e intimidad.

Necesitamos cuidar lo que decimos, la forma en que lo decimos, cuando lo decimos, como escuchamos y que tan capaces somos de responder a lo que nos dicen de manera responsable, sin mentir, empezando por ser honestos con nosotros mismos; sin dividir, culpando o lastimando al otro; sin un discurso inútil, hablar por hablar.

Implica usar las palabras como un puente, no como una barrera que nos separe. Una habilidad en muchas ocasiones poco desarrollada pero esencial cuando queremos construir una buena relación.

4.       Acción Correcta

Ser una persona decente todo el tiempo, no solo cuando alguien nos está viendo. Alguna vez se han imaginado que pasaría si en medio de una discusión alguien los estuviera observando, se atreverían a reaccionar como lo hacen, insultando, agrediendo, humillando, golpeando; lo más probable es que no. Solemos ser prudentes cuando nos sentimos observados, pero cuando no es así, nos permitimos actuar de forma impulsiva, sin importar si terminamos afectando al otro.

La acción correcta se refiere a no lastimar, no hacer daño, no robar, no mentir, no abusar de los demás. No solo cuando pueden “cacharnos” sino todo el tiempo.

Lastimamos al otro cuando nos sentimos dolidos y entonces primero tenemos que empezar por nosotros, reconocer nuestro dolor o nuestro enojo antes de actuarlo ofendiendo a la pareja.

5.       Vivir Correctamente

Como cuidamos el espacio que compartimos, no vivir en el caos y tener una buena salud financiera, es decir no gastar más de lo que tenemos.

El espacio que compartimos es el lugar en donde vive nuestra relación y necesitamos cuidarlo, entre más lo hagamos menos obstáculos para nuestra relación encontraremos.

6.       Esfuerzo Correcto

Implica trabajar todos los días en cada uno de los 5 puntos anteriores, si queremos construir una buena relación tenemos que poner atención en estos aspectos todo el tiempo, sin importar si las cosas van bien o no en nuestra relación, siempre podemos profundizar en nuestra capacidad de amar y ser amados.

7.       Atención Correcta (Mindfulness)

Estar conscientes tanto de la forma como del fondo de lo que sentimos, eso nos permite darnos cuenta de lo que sentimos y de lo que puede estar experimentando nuestra pareja. Estar plenamente conscientes o tener la atención plena a lo que sucede en el espacio que compartimos juntos puede resultar una experiencia de aprendizaje muy enriquecedora.

8.       Asimilación Correcta

La asimilación correcta implica estabilizar tanto nuestra capacidad de atención plena en el presente, como la capacidad de darnos cuenta, no solo observamos por observar, sino que vamos un paso más adelante intentando tener una mayor comprensión de lo que sucede.

Cuando somos capaces de atender a nuestra pareja, a nosotros mismos y al momento presente, estamos viviendo en el amor mismo.

CONCLUSIONES

La meditación... no es solo un camino para reducir el estrés o mejorar el rendimiento. Es un camino al amor.
— Susan Piver

Amar a alguien y decidir hacer una vida juntos requiere de mucho valor, cuando nos atrevemos a involucrarnos tenemos que deshacernos de nuestros miedos y mostrar nuestra vulnerabilidad. No es fácil y por eso en ocasiones nos llenamos de escudos que pensamos pueden protegernos de ser lastimados.

Aprender a estar en silencio con nosotros mismos, darnos un espacio para reflexionar acerca de nuestra experiencia, en una palabra, meditar, nos da poder y a la vez nos suaviza con nosotros mismos y con los demás.

La solución para tener una buena relación es estar en paz con nosotros mismos, conocer nuestras fortalezas y debilidades, aceptarnos y querernos como somos y desde ese lugar amar y aceptar al otro.

Así como lo he mencionado una y otra vez, no se trata de que sea nuestra pareja quien se convierta en la persona que soñamos para hacernos felices, nuestra felicidad por el contrario está en amarla tal cual es, y manifestar nuestra aceptación y nuestro amor a cada momento.

No estoy hablando de una relación ideal porque eso no es posible, al involucrarnos nos embarcamos en un mundo lleno de misterios, de subidas y bajadas, de momentos de plena felicidad y de otros de dolor intenso, todo eso forma parte del amor, aprender a abrazar todos esos instantes en toda su intensidad nos permite crecer en el amor, madurar con nuestra pareja y construir una relación a prueba de todo.

Un amor real, no uno basado en una fantasía infantil, y eso es posible, creo que si pudiéramos adoptar esta visión acerca de las relaciones de pareja no viviríamos peleando constantemente por cumplir nuestras demandas, no viviríamos culpando al otro por no darnos lo que queremos, depende de nosotros, primero atrevernos a cambiar nuestra postura acerca del amor y después atrevernos a practicar todo lo que he expuesto en estos últimos cuatro blogs.

Finalmente, quiero expresar mi agradecimiento a Susan Piver por haber expuesto de una manera tan clara y con tanto sentido la postura del amor a partir de los planteamientos de la filosofía budista. A través del recorrido que hice en los últimos blogs intenté resumir lo más verazmente los planteamientos de su libro, por supuesto que coincido enormemente con sus puntos de vista y puedo decir que cada día vivo mi relación a partir de ellos.

¿Te atreves a ponerlos en práctica para comprobarlo?

Silvia García

LAS RELACIONES NUNCA SE ESTABILIZAN

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...no importa que tan determinado seas o que tan afortunadas hayan sido tus circunstancias, es imposible escapar a las dificultades...
— Susan Piver

Introducción

Basándose en la Filosofía Budista, Susan Piver nos habla de las 4 Verdades Nobles aplicadas al amor, en su libro “The Four Noble Truths of Love”, 2018.  Mi objetivo es hacer una síntesis de dicho planteamiento abarcando cada una de las verdades por separado en mis siguientes blogs, esperando que resulte útil y nos permita tener relaciones de pareja mucho más enriquecedoras.

Empezaré mencionando las Cuatro Verdades Nobles en general:

1.       La Vida es sufrimiento y constante cambio, nada permanece.

2.       Pretender que no sea así es lo que nos provoca más sufrimiento.

3.       Es posible dejar de sufrir.

4.       Existe un camino para dejar de sufrir.

La Primera Verdad

La Vida es sufrimiento y constante cambio, nada permanece.

Aplicada a la relación de pareja, nos encontramos con que la primera verdad se asocia al hecho de que las relaciones son difíciles, nunca se estabilizan, incluso desde que iniciamos una relación, son difíciles porque cuando conocemos a alguien nos sentimos vulnerables, surgen nuestras inseguridades, nuestras dudas, nuestra necesidad de aceptación y nuestro miedo al rechazo.

Sabemos que somos capaces de amar, pero dudamos de nosotros, nos sentimos inseguros y nos falta confianza, constantemente nos juzgamos y somos muy duros con nosotros mismos, con el tiempo esa intolerancia personal empezamos a tenerla con nuestra pareja, nos volvemos intolerantes.

Una vez que la relación avanza, el encanto del enamoramiento desaparece cada vez que nos enfrentamos con las diferencias de nuestra pareja, no entendemos por qué hace cosas distintas a como nosotros lo hacemos, por qué piensa diferente, por qué no podemos coincidir.

Conflictos en la relación

Los conflictos surgen uno tras otro, cuando pensamos que ya resolvimos un problema surge otro y otro y otro, no hay forma de permanecer cómodos.

El conflicto surge porque ante un mismo hecho, cada integrante de la pareja se forma una visión distinta de esta, el significado que le da, basado en sus aprendizajes y su manera de percibir la realidad es opuesto al de su pareja, lo que provoca que veamos al otro de forma negativa por no coincidir con nuestra visión.

Culpamos al otro de nuestro malestar y nos negamos a comunicarnos con él/ella, buscando siempre quien tiene la razón y quien no. Querer tener la razón nos cierra a ver la perspectiva del otro, nos impide verlo, oírlo, sentirlo tal como es.

Al entrar en una relación y comprometernos, anhelamos cumplir nuestras expectativas de poder coincidir, de que el otro nos haga felices, de estar en todo de acuerdo y eso está muy alejado de la verdad.

En cuanto iniciamos una relación, como dice Piver, surgen los desacuerdos, las diferencias, las decepciones, aún las cosas más mínimas nos meten en conflicto.

Además, se agrega la creencia errónea de pensar que, si nuestra pareja realmente nos ama, hará hasta lo imposible por complacernos y eso es una fantasía porque la persona con la que decidimos hacer una vida es la que es y nuestro trabajo en la relación no es cambiarla para que sea una “mejor persona” sino aprender a aceptarla tal como es.

Emociones Negativas

Cuando nos damos cuenta de que no cumplimos nuestras expectativas, experimentamos frustración, enojo, tristeza, miedo; estas emociones controlan el modo en que percibimos a nuestra pareja y provocan en nosotros acciones negativas, empezamos a pelear con el deseo de poder cambiarla, nos volvemos hostiles, defensivos lo que hace más difícil buscar alternativas satisfactorias para ambos y encontrar una solución al problema.

Nos sentimos ansiosos, a la defensiva, intolerantes, irritables. Cuando estamos defensivos buscamos auto protegernos y castigar al otro, evitar que abuse de nosotros y por todo esto, dejamos de ver las necesidades y deseos de nuestra pareja y nos centramos solo en las nuestras.

Percibimos al otro como egoísta, inadecuado, es el otro el que siempre está mal mientras que nosotros somos quienes siempre tenemos la razón con lo que mantenemos la “buena imagen que tenemos de nosotros mismos”.

Lo que no entendemos es que odiamos en los demás lo que odiamos en nosotros mismos, nuestro rechazo hacia ellos es en realidad nuestro propio rechazo.

El miedo que sentimos cuando se ve amenazada la permanencia de nuestra relación nos lleva a desarrollar actitudes que más que resolver, solo empeoran las cosas:

1) Pasión

Nos aferramos a desear que las cosas sean como queremos que sean y lo que necesitamos es desapegarnos, entender que cada circunstancia que surja permanecerá por un tiempo y se desvanecerá por lo que tenemos que aprender a dejar ir.

2) Agresión

Tendemos a destruir todo lo que consideramos un problema y eso en vez de resolverlo lo fortalece.

3) Ignorancia

Negamos la situación o la minimizamos haciendo de cuenta que no existe. Inventamos miles de formas de evadirnos de la realidad, pero no pensar en el problema o hacer de cuenta que no existe tampoco es la solución.

Estas tres actitudes enmascaran el miedo, pero lo que necesitamos es enfrentarlo, reconocerlo, sentirlo.

Practicar la meditación lo posibilita, trabajar con tu mente te permite estar siempre en el presente, darte cuenta de lo que te sucede, detenerte, darte un espacio antes de reaccionar, enfrentar lo que sea con tranquilidad.

Al meditar abrimos nuestro corazón, lo estabilizamos.

Meditar es un camino al amor y a la compasión.

Necesitamos seguir explorando lo que nos sucede y no desalentarnos, ni querer abandonar cuando las cosas no son como queremos que sean, si la vida es sufrimiento, eso es algo que nos va a ocurrir una y otra vez, sobre todo en nuestras relaciones, nada es lo que pensábamos y es por eso por lo que la vida es nuestra gran maestra.

Conclusión

“El despertar se encuentra en el placer y en el dolor, en la confusión y en la sabiduría, está disponible en cada momento de nuestra extraña, insondable y ordinaria vida cotidiana
— Pema Chödrön

No vamos a resolver nuestras dificultades pretendiendo que no existan los problemas, no existe una relación estable, cada día es un nuevo reto, implica un nuevo aprendizaje si es que estamos dispuestos a aceptar la realidad y abrirnos a las posibilidades que nos brinda desde un espacio de paz y tranquilidad, aceptándonos como somos, sin intentar que seamos diferentes o pretender que todos los días sean iguales.

Como la relación nunca se estabiliza, necesitamos estar dispuestos a aceptar la incertidumbre, no saber lo que va a pasar cada día, abandonar la necesidad de controlar el comportamiento del otro pensando que eso nos dará seguridad, y estar dispuestos a sentirnos incómodos reconociendo que esa incomodidad está provocada por nuestra necesidad de tener certeza.

Aceptar que la relación no me va a hacer feliz, no es lo que mi pareja diga o haga lo que me va a dar felicidad sino la tranquilidad de saber que estar en una relación implica aceptar que en ocasiones no me voy a sentir todo lo bien que quisiera.

La magia de nuestra relación está en la sorpresa, en el misterio, en el encuentro. Crecemos cuando estamos dispuestos a entender que cada dificultad que encontramos en el camino es una oportunidad para conocernos más y fortalecer nuestra unión.

¿Qué estás dispuesto a hacer por tu relación?

Silvia

"NOS ESTAMOS DESTRUYENDO"

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El tema de las relaciones interpersonales es un problema recurrente en mi consulta, ya sea porque lleguen parejas casadas o en unión libre que enfrentan diversos conflictos o parejas que aún no han decidido formalizar su relación y que tienen dificultades, o bien personas solteras que han dejado de creer en la vida de pareja pero que anhelan conocer a alguien que les ayude a creer de nuevo.

Las parejas que hacen cita llegan en un estado deplorable, con varios meses o incluso años de constantes peleas, por lo mismo sin muchas esperanzas, algunas de ellas permanecen y se comprometen en un proceso de análisis y reflexión que les permite tener una mejor comprensión de lo que les sucede, mientras que otras terminan abandonado la terapia sin siquiera darse la oportunidad de explorar lo que les sucedía y lo que los llevó a la situación en la que se encontraban.

Esto me deja pensando mucho acerca de lo que sucede actualmente en las relaciones a la hora de buscar ayuda y estas son algunas de mis reflexiones:

1.     Hay muy baja tolerancia a la frustración

Buscamos la gratificación instantánea y evitamos las cosas que no nos agradan, no queremos sufrir y por lo mismo nos es difícil aceptar la realidad. Cuando las cosas no salen como deseamos o suceden cosas que nos desagradan nos enojamos o nos retiramos afectivamente.

2.     Responsabilizamos al otro de nuestro malestar

Nuestro foco de atención está permanentemente en lo que hace o deja de hacer nuestra pareja y pocas veces o quizá nunca reflexionamos acerca de lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer en la relación. Por lo mismo pensamos que las cosas se resolverán cuando el otro cambie.

3.     Carecemos de un esfuerzo sostenido

Buscamos resultados inmediatos, somos impacientes, cuando las cosas no se resuelven rápido las abandonamos.

4.     Indefensión aprendida

Después de una y otra vez de fracasar en nuestro intento por resolver el problema, dejamos de creer que existe una solución e incluso de que seremos capaces de resolverlo, esta actitud se convierte con frecuencia en depresión o profunda tristeza.

5.     Mal manejo del estrés

El estrés ha formado parte de nuestra vida desde siempre, pero poco sabemos acerca de las estrategias que podemos usar para disminuirlo, como por ejemplo la meditación, la relajación, el ejercicio, la diversión, entre otras. Debido a ello sufrimos de un gran desgaste emocional y físico que nos hace poco o nada tolerantes ante el comportamiento de los demás, impulsivos e irritables y por consecuencia eso daña más la relación.

Lo que yo busco al trabajar con las parejas es enseñarles un mejor manejo de sus emociones, identificar las razones de su baja tolerancia a la frustración y las consecuencias que esto tiene en su relación, reflexionar acerca de la responsabilidad que cada uno tiene en las dificultades que enfrentan y que identifiquen como el estrés cotidiano cuando no es bien manejado nos produce un desgaste tal que afecta no sólo nuestra salud sino nuestra manera de responder ante los conflictos. 

Poder asimilar todo esto requiere de tiempo, es imposible que cambiemos nuestra forma de ser y comprendamos lo que nos pasa en un par de sesiones, pero uno de los mayores retos es romper el ciclo que se ha creado debido a las constantes peleas que enfrentan, después de un tiempo de no poder resolver las cosas favorablemente es muy probable que los integrantes de la pareja pierdan la esperanza y quieran tirar la toalla, lo que les diría es que ningún problema que lleva tiempo manteniéndose puede solucionarse en un instante y sin esfuerzo, cuando el problema se aborda con la ayuda de un profesional es muy probable que vaya resolviéndose favorablemente, a partir del desarrollo de actitudes específicas que favorezcan la interacción.

¿Te identificas con uno o varios de los cinco puntos mencionados? 

Silvia

 

NOS ENAMORAMOS... Y DESPUÉS... ¿QUÉ SIGUE?

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Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste en fundamentalmente ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar.
— Erich Fromm

Nada más cierto, aunque este libro fue escrito hace ya varios años, el arte de amar está intrínsecamente relacionado con nuestra capacidad para amar y eso requiere de trabajo. Solemos pensar que cuando conocemos a alguien y nos enamoramos, las cosas irán fluyendo maravillosamente, sin el más mínimo esfuerzo, pero la verdad, es que no es así, aún en las primeras fases de nuestra relación, cuando somos novios, y todo debería estar bien, nos damos cuenta que la relación se complica, en ocasiones por circunstancias tan simples, pero a la vez tan incómodas y eso es normal.

Las relaciones interpersonales son difíciles y complicadas porque somos diferentes, pero además porque quizá pensamos que no deberían ser así, que si nos amamos lo suficiente deberíamos pensar y/o sentir igual que el otro, se nos olvida quizá, que venimos de historias distintas, que nuestros aprendizajes no han sido los mismos, que nuestros gustos y preferencias, a veces no coinciden, pero que, a pesar de ser así, eso está bien.

Si pudiéramos estar en una relación con una actitud de asombro, descubriendo al otro, sorprendiéndonos a cada instante de como es, quizá las cosas serían más sencillas.

En el mejor de los casos, después de un excelente noviazgo, decidimos vivir juntos, o casarnos, y una vez que empezamos a compartir el mismo espacio, surgen las dificultades y nos decepcionamos, nos frustramos, empezamos a pelear, nos lastimamos, dejamos de vernos con ojos de amor y experimentamos miedo a no cumplir nuestro sueño de: “Vivir juntos para siempre” y responsabilizamos al otro de nuestro fracaso, y todo esto, en vez de ayudarnos complica aún más la situación.

Porque lo que necesitamos, no es pelear constantemente con el otro para que cumpla nuestras expectativas, sino analizar lo que nos está pasando con la situación que vivimos, atrevernos a conocernos y entender de dónde vienen nuestras demandas, empezar a identificar lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer para mantener el conflicto.

Este paso no es tan sencillo, se necesita mucho trabajo y esfuerzo, que la mayor parte de las veces no puede hacerse solo, sino que requiere del apoyo de un profesional, alguien que nos ayude a ir analizando y aclarando lo que nos pasa, alguien que nos recuerde una y otra vez que el trabajo es personal y que mientras no aceptemos que la solución está en uno, difícilmente podremos tener una buena convivencia con el otro.

Insisto en este punto porque es quizá el que más trabajo cuesta en una terapia de pareja, implica un cambio de mentalidad, implica decir: “Porque lo amo, voy a tener comportamientos amorosos con mi pareja, y evitar aquellos que sé que le hacen sentir mal”, este es un gran paso, que pocas veces queremos dar, porque al estar enfocados permanentemente en el comportamiento del otro, dejamos de ver lo que nosotros estamos haciendo para mantener el problema. Es un acto de amor, de generosidad, de compasión.

Excluyendo por supuesto cualquier problema que tenga que ver con abuso, violencia y/o adicciones. En cualquiera de estos casos estamos hablando de situaciones que no tenemos que aceptar, ni mucho menos tolerar, sobre todo si está en juego nuestra integridad.

Es importante atender el problema de nuestra relación a tiempo, porque cuando estamos en medio del conflicto, vivimos un estrés sostenido que nos va desgastando, provocando en nosotros sentimientos de ansiedad incontrolables, depresión, ira, sentimientos de desesperanza (queremos tirar la toalla), y todo eso en vez de ayudarnos a tener mayor claridad para resolver las cosas, incrementa nuestra incapacidad para buscar soluciones adecuadas.

Entiendo que en ocasiones lo que vivimos nos hace pensar que lo mejor es salirnos de la relación, pero no nos atrevemos a hacerlo por miedo, porque nos aferramos a la idea de que las cosas cambien, porque seguimos amando a nuestra pareja y no queremos dejarla, por los hijos, aún en estas circunstancias, es necesario tener la claridad de por qué pensamos que lo mejor es irnos, o bien quedarnos, solo cuando logramos tener la claridad de nuestros pensamientos y de nuestras emociones, estamos en condiciones de tomar la mejor decisión.

Lo importante es que no te conviertas ni en víctima, ni en verdugo.

Cuando entendamos que el cambio es individual, que no se trata de que el otro sea quien cambie para hacerme feliz, daremos un gran paso hacia la armonía de nuestra relación.

¿Y tú, cómo estás en tu relación?

Silvia