Mindfulness

¿POR QUÉ SUFRIMOS EN LA RELACIÓN?

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En el momento en que tratamos que el amor sea seguro, deja de ser amor. No hay nada menos seguro que el amor.
— Susan Piver

INTRODUCCIÓN

Si la primera verdad acerca del amor es que las relaciones nunca se estabilizan, la segunda verdad nos dice que esperar que las relaciones sean estables es lo que nos genera sufrimiento.

Si la vida es sufrimiento como dice la primera verdad, de acuerdo con la filosofía budista, pretender que no sea así es lo que nos genera sufrimiento.

La idea es darnos cuenta de cómo oponernos a lo que la vida nos muestra, querer que las cosas sean diferentes a como son no solo evita que alcancemos la felicidad, sino que nos genera una enorme frustración que puede traducirse en tristeza, depresión, enojo, emociones que nos roban la tranquilidad y nos dificultan las relaciones con los demás.

LA SEGUNDA VERDAD

Esperar que las relaciones sean estables, es lo que las hace inestables.

Aunque siempre hemos pensado que al encontrar a nuestra pareja ideal habremos encontrado la felicidad, la realidad es que no es así, la felicidad la obtenemos no por lo que nuestra pareja nos brinda para satisfacer nuestras necesidades sino al poner atención en sus necesidades.

Seria bueno reflexionar un poco más sobre este hecho, ¿Qué buscamos al buscar amor? ¿Seguridad, comodidad, protección, confianza, compañía? Suena muy bien, sin embargo, cuando aceptamos que las relaciones son inestables, estamos aceptando sentirnos vulnerables, de nada sirve querer controlar lo que difícilmente puede ser controlado.

Cuando estamos en una relación, entramos en un mundo incierto, desconocido, misterioso… pero a la vez, maravilloso.

Mucha de la incomodidad en nuestras relaciones viene, no solo de nuestros conflictos o desacuerdos, sino de pensar que nuestra felicidad está en función de nuestras posesiones materiales, nuestra ideología, alguna práctica espiritual o de encontrar a tu media naranja. Viene de esperar que surja el amor en vez de ofrecer tu corazón una y otra vez.

No podemos pasarnos el tiempo condicionando el amor a nuestra pareja en la medida en que cumpla con nuestras expectativas y tampoco proyectando en ella el ideal que algún día imaginamos.

¿CÓMO DARNOS CUENTA?

Identificar todas estas creencias, ideas erróneas o mitos acerca de las relaciones de pareja requiere de un nivel de conciencia que pocas veces logramos alcanzar, detenernos y reflexionar acerca de lo que pensamos y de cómo estos pensamientos determinan nuestra forma de relacionarnos requiere de darnos cuenta y aquí nuevamente entra la meditación, específicamente la técnica de mindfulness como aquella que nos permite estar en el presente, y poder identificar cuando estamos reaccionando a nuestra fantasía y no a nuestra realidad. Una vez que somos conscientes entonces podemos elegir a nuestra pareja tal y como es o relacionarnos con la persona que imaginamos debiera ser.

Si nos relacionamos con quien realmente es, entonces podemos establecer una relación madura, mientras que si elegimos la otra opción estamos aferrándonos a una fantasía infantil.

Prestar atención implica sentir, estar conectados, cercanos, en este momento, justo ahora, a cada instante.

¿Y SI NUESTROS CAMINOS SE SEPARAN?

Cuando en la relación nuestros caminos no coinciden, es más fácil estudiar acerca del amor que practicarlo.

Llegar a acuerdos se vuelve más difícil y amenazante. Mantenerse abierto requiere de práctica. La práctica requiere de un contenedor, un lugar o una rutina sin el cual la energía puede disiparse.

En este sentido las relaciones y la práctica de la meditación tienen mucho en común. Es a través de la meditación que podemos aceptar al otro tal y como es, abriendo nuestro corazón a lo que sea.

Como he mencionado anteriormente las relaciones son difíciles y gran parte de su dificultad se debe a que somos diferentes, la solución no es que lleguemos a ser iguales y poder coincidir en todo sino aprender a vivir con nuestras diferencias y enriquecernos con ellas.

CONCLUSIÓN

A manera de conclusión haré referencia a una fábula de Schopenhauer:

“La Parábola de los Puerco espines”

“Era invierno y los animales amenazados de morir decidieron agruparse para evitar el frío, se juntaron lo más cerca que pudieron para calentarse con el calor propio de sus cuerpos, los puerco espines, aislados cada uno en su rincón, tenían frío. Transcurrieron unos días, hasta que se les ocurrió que una buena forma de calentarse sería apretarse unos contra otros. Al acercarse, sintieron un agudo dolor, por las heridas que se producían entre ellos con sus púas, y decidieron alejarse. Al poco tiempo, el frío se tornó insoportable, y volvieron a buscar el calor de los cuerpos amigos. Los pinchazos, les recordaron, que, tratándose de puerco espines, el exceso de cercanía era peligroso. El calor era agradable pero no las heridas que se causaban. Sin embargo, se dieron cuenta que si se aislaban terminarían solos y congelados. Tenían que elegir entre morir solos, por el frío, o aceptar la incomodidad de lastimarse por la cercanía. Decididos, a no dejarse vencer en su lucha contra el frío, se alejaron y se acercaron varias veces, hasta que alcanzaron una distancia óptima, que les permitió estar calentitos, pero sin lastimarse, y así pudieron sobrevivir. Sabiamente estuvieron dispuestos a vivir con las pequeñas heridas causadas por la cercanía de sus compañeros, para poder beneficiarse del calor colectivo.”

Al estar en relación con el otro es inevitable que en ocasiones terminemos lastimándonos, pero al final es mejor estar juntos que vivir apartados de los demás.

Aprender a aceptar nuestras imperfecciones puede ser una exitosa estrategia de supervivencia.

Aún las mejores relaciones no están libres del conflicto, es inevitable que nos lastimemos mutuamente, que nos mal interpretemos, que algunas veces nos rechacemos, que nos aferremos uno al otro, que reaccionemos.

La realidad es que tenemos diferentes necesidades y en ocasiones estas entran en conflicto. Y provocan que terminemos reaccionando no siempre de la mejor manera. 

El conflicto es algo natural, liberarnos de él implica aprender a responder a las heridas que nos provocamos, y dejar que lo que surja sea el fundamento que de alguna forma nos enseñe a cómo profundizar en la conexión, la calidez y el entendimiento.

Lo ideal es que veamos el conflicto como algo que nos es dado y como la puerta que nos conduzca a un profundo despertar cuando estemos dispuestos a prestar atención.

Silvia

 

ANTES Y DESPUÉS DE LA MEDITACIÓN

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Suspender deliberadamente toda actividad externa y sentarte o abrirte, quizá por primera vez, a la quietud interior...
— Jon Kabat-Zin

Hace tiempo escuché el término Mindfulness y sus aplicaciones en la terapia, la verdad era desconocido para mí, así que lo investigué y descubrí que se trataba de un tipo de meditación secular, descubrí también que la meditación era un modo de entrar en contacto con uno mismo de una manera más profunda, sin embargo, la forma de hacerlo y sus aplicaciones en la terapia eran un misterio para mí.

Conforme pasaba el tiempo, empecé a escuchar con más frecuencia acerca del término y decidí aprender a hacerlo, el resultado fue asombroso, puedo decir que, desde el principio, descubrí que meditar no significa tener la mente en blanco, lo cual fue un alivio, pues siempre pensé que lograr eso era prácticamente imposible, descubrí también que era algo muy sencillo, las instrucciones eran bastante simples, pero a la vez algo muy profundo.

Al principio era difícil encontrar un espacio para meditar y en ocasiones hacerlo me ponía más ansiosa, en vez de tranquilizarme, pensaba que tenía muchas cosas importantes que hacer y que permanecer en silencio durante 10 minutos era una pérdida de tiempo, pero decidí comprometerme con ello porque entre más leía acerca de sus beneficios más convencida estaba de que sería algo bueno. Ahora, después de cuatro años de realizar una práctica diaria de meditación, puedo decir que incluso lo que leí se queda corto.

Siempre, me consideré una persona ansiosa, la ansiedad formaba parte de mi vida y me había acostumbrado a ella, por supuesto me limitaba en muchas formas, pero aprendí a no hacerle mucho caso, el estrés, también estaba presente, lo cual no es extraño porque siempre he pensado que forma parte de la experiencia humana.

Ahora la ansiedad está ausente, y les puedo decir que es una sensación extraña, en ocasiones me detengo a observarme, buscando esa inquietud interna y no la encuentro, lo cual ha sido maravilloso y me ha llenado de alegría. Mi vida no ha cambiado mucho, las situaciones estresantes y las dificultades siguen surgiendo, pero no me afectan de la misma manera.

El Mindfulness, nos conecta con el momento presente, al practicarlo, de lo que se trata es de prestar atención intencionadamente y sin críticas a nuestra experiencia, tal cual es. Buscar un objeto en el cual enfocar nuestra atención, de ahí el término "Mindfulness", que significa atención o conciencia plena, en este caso el foco de nuestra atención es la respiración, algo que hacemos todo el tiempo, pero que, al sentirla de manera consciente, nos permite experimentar calma y tranquilidad.

Suena fácil, pero en realidad no lo es, aprenderlo me llevó varios años, nuestra mente está todo el tiempo pensando y comúnmente nuestra atención está ahí, siempre en nuestros pensamientos, a veces recordando cosas del pasado, otras anticipando cosas del futuro, otras juzgando situaciones del presente y muchas más criticándonos a nosotros mismos o comparándonos constantemente, no es de extrañar que precisamente por eso perdamos nuestra tranquilidad, si la mente está en el pasado, nos deprimimos, enojamos, estamos resentidos; si está en el futuro, nos angustiamos, sentimos temor; si nos criticamos o juzgamos,  nos enojamos con nosotros mismos o nos sentimos inseguros. Ahora imaginen que por un momento nuestra atención se vaya a la respiración y deje de estar escuchando nuestro diálogo interno, imaginen que en el tiempo que meditamos eso suceda varias veces. ¡Que tranquilidad! ¡Que belleza dejar de estar tanto en los pensamientos y poder saborear el silencio, la calma que nos produce sentir nuestra respiración!

Pero eso no ha sido todo, la Meditación no solo me ha permitido tener un mayor control de mi mente y de mis emociones, sino que sus beneficios se han extendido a mi relación con el mundo, con los demás, ahora puedo disfrutar de un atardecer, de la lluvia, de la naturaleza como no lo había hecho antes, lo mismo me ha sucedido con la comida, con los sonidos, con las sensaciones en general, con mi trabajo, con mis relaciones interpersonales, estoy mucho más enfocada en el presente, disfrutando plenamente cada instante, viviendo con una mayor presencia. Y eso sin mencionar cambios en las estructuras y funcionamiento del cerebro, que de acuerdo a investigaciones científicas suceden gracias a la meditación.

Y bueno, ahora me queda clara la relación que esta práctica milenaria tiene con la terapia, darnos cuenta de cómo los pensamientos afectan nuestra vida emocional y aprender a soltarlos nos libera y nos permite disfrutar de una manera más plena cada experiencia de nuestra vida.

Al meditar no sólo estamos entrenando nuestra atención, sino también nuestra capacidad de darnos cuenta, es decir somos más conscientes de lo que nos sucede, y ese es un principio fundamental para lograr el bienestar.

Sin embargo, estos cambios que comparto son resultado de mi experiencia, y quizá de la de muchos que han decidido incluir en su vida esta práctica, ojalá que al compartirlo con ustedes les despierte la curiosidad y la disposición a descubrirlo por ustedes mismos.

Silvia

ACERCA DEL AMOR

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Hace unas semanas, después de hacer mi Meditación, leí una cita acerca del amor, que me hizo pensar en lo que he venido haciendo últimamente, la cita decía que cuando pones tu atención plena, (mindfulness) en alguien que amas, la relación florece y yo pensé más que en alguien especial, en algo, mi trabajo, y me di cuenta que hace un par de meses he estado poniendo toda mi atención en él y poco a poco estoy viendo que florece de una manera diferente, pero quiero explicarles por qué les comparto esto.

A principios de año vi como mi trabajo empezó a verse afectado por la crisis, cada vez me llamaban menos pacientes y los que tenía, algunos decidieron suspender la terapia, otros me pidieron espaciar sus citas para vernos cada quince días, siempre por problemas económicos, eso implicó que mis ingresos se vieran bastante afectados lo cual empezó a preocuparme porque, como todos, tengo gastos fijos que cubrir.

Los primeros meses empecé a cuestionarme sobre mi trabajo y la posibilidad de abandonarlo, me sentía desmotivada, cansada, harta de la situación, y no con mucha energía para esforzarme... empecé a distraerme con cualquier cantidad de cosas en Internet hasta que  me empezaron a llegar conferencias acerca de cómo construir un negocio en línea, entrevistas con personas de éxito, y comencé a leer y escuchar cualquier cosa que me llegaba, de repente algo dentro de mí me dijo que tenía que hacer algo diferente para promover mis servicios, pero no sabía por dónde empezar, me sentía atorada, paralizada, hasta que me escuché decir, si no empiezas a poner en práctica todo lo que has aprendido, si no empiezas a actuar YA, nadie lo va a hacer por ti.

Entonces, elaboré mi página web con información que tenía almacenada desde hace un par de años, contraté a una persona como coach, pensando que aunque era una gasto más, también podía ser una inversión,  confiando en que generaría el dinero para pagarle,  empecé a enfocarme cada vez más en mi trabajo, a verlo como mi negocio, como mi fuente de ingreso y de satisfacción profesional, decidí escribir un blog, ya publiqué dos y este será el tercero, en fin, le estoy dando toda mi atención y ahora me siento diferente, me doy cuenta que amo mi trabajo y quiero seguirlo desempeñando, no sé por cuantos años más pero los que sean quiero que mi conexión con él sea diferente, porque si realmente amo lo que hago tengo que darle mi atención plena para que florezca.

He tenido que vencer mis miedos, sé que escribir y publicar lo que escribo me expone, pero no me importa, si eso me puede acercar a más gente y tocar la vida de alguno de ustedes, me sentiré satisfecha. Me tuve que salir también de mi zona de confort, porque era muy cómodo pedir ayuda cuando no lograba ganar lo suficiente, e incluso llegué a pensar que así estaba bien, pero ¡NO! Eso no es ningún mérito, tuve que cambiar mi mentalidad, y sigo trabajando en ello todos los días.

Estoy convencida que vale la pena hacer el esfuerzo para ver renacer mí trabajo, voy a seguir tocando puertas y sé que tendré resultados porque estoy conectada con él, porque estoy con mi atención ahí, porque es el compromiso que hice conmigo misma..., porque creo que merezco una mejor vida, porque de nada sirve todo lo que he aprendido si no puedo compartirlo, porque no quiero vivir preocupada porque el dinero no me alcanza.

Aún falta camino por recorrer, pero para mí nunca es tarde, no quiero perder mi pasión por mi trabajo porque es el motor que me mueve todos los días, que me hace estar despierta pensando sobre qué puedo escribir ahora, o qué otra cosa puedo hacer para atraer a más gente, porque mientras esté viva y tenga salud quiero sentirme orgullosa de mí misma sabiendo que todas las noches me puedo acostar con la satisfacción de que hice mi mejor esfuerzo y levantarme cada mañana esperando que la vida me sorprenda con lo que sea y trabajando para dar lo mejor de mí.

Estoy segura de que si no estuviera entusiasmada con lo que hago me sentiría cansada y aburrida, con ganas de dormir todo el tiempo, quizá deprimida, algo así me venía sucediendo, hasta que decidí actuar, hasta que decidí comprometerme con mi trabajo, hasta que decidí ponerle mi atención plena, y fue la acción lo que me regresó mi energía y el amor por mi trabajo, ahora les puedo decir que creo en la frase que dice, cuando amas lo que haces no sentirás que estás trabajando, solo que a veces tenemos que hacer cosas para volver a enamorarnos.

¿Y tú, en dónde crees que necesitas enfocar tu atención?

Silvia