Matrimonio

"NOS ESTAMOS DESTRUYENDO"

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El tema de las relaciones interpersonales es un problema recurrente en mi consulta, ya sea porque lleguen parejas casadas o en unión libre que enfrentan diversos conflictos o parejas que aún no han decidido formalizar su relación y que tienen dificultades, o bien personas solteras que han dejado de creer en la vida de pareja pero que anhelan conocer a alguien que les ayude a creer de nuevo.

Las parejas que hacen cita llegan en un estado deplorable, con varios meses o incluso años de constantes peleas, por lo mismo sin muchas esperanzas, algunas de ellas permanecen y se comprometen en un proceso de análisis y reflexión que les permite tener una mejor comprensión de lo que les sucede, mientras que otras terminan abandonado la terapia sin siquiera darse la oportunidad de explorar lo que les sucedía y lo que los llevó a la situación en la que se encontraban.

Esto me deja pensando mucho acerca de lo que sucede actualmente en las relaciones a la hora de buscar ayuda y estas son algunas de mis reflexiones:

1.     Hay muy baja tolerancia a la frustración

Buscamos la gratificación instantánea y evitamos las cosas que no nos agradan, no queremos sufrir y por lo mismo nos es difícil aceptar la realidad. Cuando las cosas no salen como deseamos o suceden cosas que nos desagradan nos enojamos o nos retiramos afectivamente.

2.     Responsabilizamos al otro de nuestro malestar

Nuestro foco de atención está permanentemente en lo que hace o deja de hacer nuestra pareja y pocas veces o quizá nunca reflexionamos acerca de lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer en la relación. Por lo mismo pensamos que las cosas se resolverán cuando el otro cambie.

3.     Carecemos de un esfuerzo sostenido

Buscamos resultados inmediatos, somos impacientes, cuando las cosas no se resuelven rápido las abandonamos.

4.     Indefensión aprendida

Después de una y otra vez de fracasar en nuestro intento por resolver el problema, dejamos de creer que existe una solución e incluso de que seremos capaces de resolverlo, esta actitud se convierte con frecuencia en depresión o profunda tristeza.

5.     Mal manejo del estrés

El estrés ha formado parte de nuestra vida desde siempre, pero poco sabemos acerca de las estrategias que podemos usar para disminuirlo, como por ejemplo la meditación, la relajación, el ejercicio, la diversión, entre otras. Debido a ello sufrimos de un gran desgaste emocional y físico que nos hace poco o nada tolerantes ante el comportamiento de los demás, impulsivos e irritables y por consecuencia eso daña más la relación.

Lo que yo busco al trabajar con las parejas es enseñarles un mejor manejo de sus emociones, identificar las razones de su baja tolerancia a la frustración y las consecuencias que esto tiene en su relación, reflexionar acerca de la responsabilidad que cada uno tiene en las dificultades que enfrentan y que identifiquen como el estrés cotidiano cuando no es bien manejado nos produce un desgaste tal que afecta no sólo nuestra salud sino nuestra manera de responder ante los conflictos. 

Poder asimilar todo esto requiere de tiempo, es imposible que cambiemos nuestra forma de ser y comprendamos lo que nos pasa en un par de sesiones, pero uno de los mayores retos es romper el ciclo que se ha creado debido a las constantes peleas que enfrentan, después de un tiempo de no poder resolver las cosas favorablemente es muy probable que los integrantes de la pareja pierdan la esperanza y quieran tirar la toalla, lo que les diría es que ningún problema que lleva tiempo manteniéndose puede solucionarse en un instante y sin esfuerzo, cuando el problema se aborda con la ayuda de un profesional es muy probable que vaya resolviéndose favorablemente, a partir del desarrollo de actitudes específicas que favorezcan la interacción.

¿Te identificas con uno o varios de los cinco puntos mencionados? 

Silvia

 

NOS ENAMORAMOS... Y DESPUÉS... ¿QUÉ SIGUE?

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Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste en fundamentalmente ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar.
— Erich Fromm

Nada más cierto, aunque este libro fue escrito hace ya varios años, el arte de amar está intrínsecamente relacionado con nuestra capacidad para amar y eso requiere de trabajo. Solemos pensar que cuando conocemos a alguien y nos enamoramos, las cosas irán fluyendo maravillosamente, sin el más mínimo esfuerzo, pero la verdad, es que no es así, aún en las primeras fases de nuestra relación, cuando somos novios, y todo debería estar bien, nos damos cuenta que la relación se complica, en ocasiones por circunstancias tan simples, pero a la vez tan incómodas y eso es normal.

Las relaciones interpersonales son difíciles y complicadas porque somos diferentes, pero además porque quizá pensamos que no deberían ser así, que si nos amamos lo suficiente deberíamos pensar y/o sentir igual que el otro, se nos olvida quizá, que venimos de historias distintas, que nuestros aprendizajes no han sido los mismos, que nuestros gustos y preferencias, a veces no coinciden, pero que, a pesar de ser así, eso está bien.

Si pudiéramos estar en una relación con una actitud de asombro, descubriendo al otro, sorprendiéndonos a cada instante de como es, quizá las cosas serían más sencillas.

En el mejor de los casos, después de un excelente noviazgo, decidimos vivir juntos, o casarnos, y una vez que empezamos a compartir el mismo espacio, surgen las dificultades y nos decepcionamos, nos frustramos, empezamos a pelear, nos lastimamos, dejamos de vernos con ojos de amor y experimentamos miedo a no cumplir nuestro sueño de: “Vivir juntos para siempre” y responsabilizamos al otro de nuestro fracaso, y todo esto, en vez de ayudarnos complica aún más la situación.

Porque lo que necesitamos, no es pelear constantemente con el otro para que cumpla nuestras expectativas, sino analizar lo que nos está pasando con la situación que vivimos, atrevernos a conocernos y entender de dónde vienen nuestras demandas, empezar a identificar lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer para mantener el conflicto.

Este paso no es tan sencillo, se necesita mucho trabajo y esfuerzo, que la mayor parte de las veces no puede hacerse solo, sino que requiere del apoyo de un profesional, alguien que nos ayude a ir analizando y aclarando lo que nos pasa, alguien que nos recuerde una y otra vez que el trabajo es personal y que mientras no aceptemos que la solución está en uno, difícilmente podremos tener una buena convivencia con el otro.

Insisto en este punto porque es quizá el que más trabajo cuesta en una terapia de pareja, implica un cambio de mentalidad, implica decir: “Porque lo amo, voy a tener comportamientos amorosos con mi pareja, y evitar aquellos que sé que le hacen sentir mal”, este es un gran paso, que pocas veces queremos dar, porque al estar enfocados permanentemente en el comportamiento del otro, dejamos de ver lo que nosotros estamos haciendo para mantener el problema. Es un acto de amor, de generosidad, de compasión.

Excluyendo por supuesto cualquier problema que tenga que ver con abuso, violencia y/o adicciones. En cualquiera de estos casos estamos hablando de situaciones que no tenemos que aceptar, ni mucho menos tolerar, sobre todo si está en juego nuestra integridad.

Es importante atender el problema de nuestra relación a tiempo, porque cuando estamos en medio del conflicto, vivimos un estrés sostenido que nos va desgastando, provocando en nosotros sentimientos de ansiedad incontrolables, depresión, ira, sentimientos de desesperanza (queremos tirar la toalla), y todo eso en vez de ayudarnos a tener mayor claridad para resolver las cosas, incrementa nuestra incapacidad para buscar soluciones adecuadas.

Entiendo que en ocasiones lo que vivimos nos hace pensar que lo mejor es salirnos de la relación, pero no nos atrevemos a hacerlo por miedo, porque nos aferramos a la idea de que las cosas cambien, porque seguimos amando a nuestra pareja y no queremos dejarla, por los hijos, aún en estas circunstancias, es necesario tener la claridad de por qué pensamos que lo mejor es irnos, o bien quedarnos, solo cuando logramos tener la claridad de nuestros pensamientos y de nuestras emociones, estamos en condiciones de tomar la mejor decisión.

Lo importante es que no te conviertas ni en víctima, ni en verdugo.

Cuando entendamos que el cambio es individual, que no se trata de que el otro sea quien cambie para hacerme feliz, daremos un gran paso hacia la armonía de nuestra relación.

¿Y tú, cómo estás en tu relación?

Silvia