Incertidumbre

LAS RELACIONES NUNCA SE ESTABILIZAN

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...no importa que tan determinado seas o que tan afortunadas hayan sido tus circunstancias, es imposible escapar a las dificultades...
— Susan Piver

Introducción

Basándose en la Filosofía Budista, Susan Piver nos habla de las 4 Verdades Nobles aplicadas al amor, en su libro “The Four Noble Truths of Love”, 2018.  Mi objetivo es hacer una síntesis de dicho planteamiento abarcando cada una de las verdades por separado en mis siguientes blogs, esperando que resulte útil y nos permita tener relaciones de pareja mucho más enriquecedoras.

Empezaré mencionando las Cuatro Verdades Nobles en general:

1.       La Vida es sufrimiento y constante cambio, nada permanece.

2.       Pretender que no sea así es lo que nos provoca más sufrimiento.

3.       Es posible dejar de sufrir.

4.       Existe un camino para dejar de sufrir.

La Primera Verdad

La Vida es sufrimiento y constante cambio, nada permanece.

Aplicada a la relación de pareja, nos encontramos con que la primera verdad se asocia al hecho de que las relaciones son difíciles, nunca se estabilizan, incluso desde que iniciamos una relación, son difíciles porque cuando conocemos a alguien nos sentimos vulnerables, surgen nuestras inseguridades, nuestras dudas, nuestra necesidad de aceptación y nuestro miedo al rechazo.

Sabemos que somos capaces de amar, pero dudamos de nosotros, nos sentimos inseguros y nos falta confianza, constantemente nos juzgamos y somos muy duros con nosotros mismos, con el tiempo esa intolerancia personal empezamos a tenerla con nuestra pareja, nos volvemos intolerantes.

Una vez que la relación avanza, el encanto del enamoramiento desaparece cada vez que nos enfrentamos con las diferencias de nuestra pareja, no entendemos por qué hace cosas distintas a como nosotros lo hacemos, por qué piensa diferente, por qué no podemos coincidir.

Conflictos en la relación

Los conflictos surgen uno tras otro, cuando pensamos que ya resolvimos un problema surge otro y otro y otro, no hay forma de permanecer cómodos.

El conflicto surge porque ante un mismo hecho, cada integrante de la pareja se forma una visión distinta de esta, el significado que le da, basado en sus aprendizajes y su manera de percibir la realidad es opuesto al de su pareja, lo que provoca que veamos al otro de forma negativa por no coincidir con nuestra visión.

Culpamos al otro de nuestro malestar y nos negamos a comunicarnos con él/ella, buscando siempre quien tiene la razón y quien no. Querer tener la razón nos cierra a ver la perspectiva del otro, nos impide verlo, oírlo, sentirlo tal como es.

Al entrar en una relación y comprometernos, anhelamos cumplir nuestras expectativas de poder coincidir, de que el otro nos haga felices, de estar en todo de acuerdo y eso está muy alejado de la verdad.

En cuanto iniciamos una relación, como dice Piver, surgen los desacuerdos, las diferencias, las decepciones, aún las cosas más mínimas nos meten en conflicto.

Además, se agrega la creencia errónea de pensar que, si nuestra pareja realmente nos ama, hará hasta lo imposible por complacernos y eso es una fantasía porque la persona con la que decidimos hacer una vida es la que es y nuestro trabajo en la relación no es cambiarla para que sea una “mejor persona” sino aprender a aceptarla tal como es.

Emociones Negativas

Cuando nos damos cuenta de que no cumplimos nuestras expectativas, experimentamos frustración, enojo, tristeza, miedo; estas emociones controlan el modo en que percibimos a nuestra pareja y provocan en nosotros acciones negativas, empezamos a pelear con el deseo de poder cambiarla, nos volvemos hostiles, defensivos lo que hace más difícil buscar alternativas satisfactorias para ambos y encontrar una solución al problema.

Nos sentimos ansiosos, a la defensiva, intolerantes, irritables. Cuando estamos defensivos buscamos auto protegernos y castigar al otro, evitar que abuse de nosotros y por todo esto, dejamos de ver las necesidades y deseos de nuestra pareja y nos centramos solo en las nuestras.

Percibimos al otro como egoísta, inadecuado, es el otro el que siempre está mal mientras que nosotros somos quienes siempre tenemos la razón con lo que mantenemos la “buena imagen que tenemos de nosotros mismos”.

Lo que no entendemos es que odiamos en los demás lo que odiamos en nosotros mismos, nuestro rechazo hacia ellos es en realidad nuestro propio rechazo.

El miedo que sentimos cuando se ve amenazada la permanencia de nuestra relación nos lleva a desarrollar actitudes que más que resolver, solo empeoran las cosas:

1) Pasión

Nos aferramos a desear que las cosas sean como queremos que sean y lo que necesitamos es desapegarnos, entender que cada circunstancia que surja permanecerá por un tiempo y se desvanecerá por lo que tenemos que aprender a dejar ir.

2) Agresión

Tendemos a destruir todo lo que consideramos un problema y eso en vez de resolverlo lo fortalece.

3) Ignorancia

Negamos la situación o la minimizamos haciendo de cuenta que no existe. Inventamos miles de formas de evadirnos de la realidad, pero no pensar en el problema o hacer de cuenta que no existe tampoco es la solución.

Estas tres actitudes enmascaran el miedo, pero lo que necesitamos es enfrentarlo, reconocerlo, sentirlo.

Practicar la meditación lo posibilita, trabajar con tu mente te permite estar siempre en el presente, darte cuenta de lo que te sucede, detenerte, darte un espacio antes de reaccionar, enfrentar lo que sea con tranquilidad.

Al meditar abrimos nuestro corazón, lo estabilizamos.

Meditar es un camino al amor y a la compasión.

Necesitamos seguir explorando lo que nos sucede y no desalentarnos, ni querer abandonar cuando las cosas no son como queremos que sean, si la vida es sufrimiento, eso es algo que nos va a ocurrir una y otra vez, sobre todo en nuestras relaciones, nada es lo que pensábamos y es por eso por lo que la vida es nuestra gran maestra.

Conclusión

“El despertar se encuentra en el placer y en el dolor, en la confusión y en la sabiduría, está disponible en cada momento de nuestra extraña, insondable y ordinaria vida cotidiana
— Pema Chödrön

No vamos a resolver nuestras dificultades pretendiendo que no existan los problemas, no existe una relación estable, cada día es un nuevo reto, implica un nuevo aprendizaje si es que estamos dispuestos a aceptar la realidad y abrirnos a las posibilidades que nos brinda desde un espacio de paz y tranquilidad, aceptándonos como somos, sin intentar que seamos diferentes o pretender que todos los días sean iguales.

Como la relación nunca se estabiliza, necesitamos estar dispuestos a aceptar la incertidumbre, no saber lo que va a pasar cada día, abandonar la necesidad de controlar el comportamiento del otro pensando que eso nos dará seguridad, y estar dispuestos a sentirnos incómodos reconociendo que esa incomodidad está provocada por nuestra necesidad de tener certeza.

Aceptar que la relación no me va a hacer feliz, no es lo que mi pareja diga o haga lo que me va a dar felicidad sino la tranquilidad de saber que estar en una relación implica aceptar que en ocasiones no me voy a sentir todo lo bien que quisiera.

La magia de nuestra relación está en la sorpresa, en el misterio, en el encuentro. Crecemos cuando estamos dispuestos a entender que cada dificultad que encontramos en el camino es una oportunidad para conocernos más y fortalecer nuestra unión.

¿Qué estás dispuesto a hacer por tu relación?

Silvia

FRENTE A LA INCERTIDUMBRE

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La agridulce sensación de la incertidumbre: ganar o perder.
— Markus Zusak

 

Aunque parezca paradójico, la única certeza que tenemos los seres humanos, de lo único que podemos sentirnos seguros, es que todo es incierto, esta realidad nos causa mucha ansiedad y una gran necesidad de control, en ocasiones postergamos la toma de decisiones porque queremos asegurarnos de que todo va a salir bien, de que el resultado será favorable, no nos arriesgamos, porque quisiéramos garantías de que si lo hacemos tendremos éxito, pero eso no es posible, la realidad es que tenemos que aprender a vivir con la incertidumbre, y aceptar no saber.

La vida humana está llena de inseguridades, de eventos inesperados, como sería la enfermedad, la muerte, las pérdidas, los desencuentros, las decepciones, pocas son las cosas que podemos anticipar, pero no podemos evitar vivir siempre acompañados de la fantasía de que algún día podremos adivinar el futuro.

Como consecuencia de esto, nuestra mente se empeña en imaginar escenarios, cuando los escenarios que imaginamos son negativos, lo más probable es que la ansiedad se convierta en una angustia anticipatoria que termina paralizándonos, evitamos actuar, como si eso nos asegurara que nos estamos librando de ese mal que anticipamos, pero ¿cómo sabemos que eso que imaginamos se hará realidad? No hay forma de saberlo, sin embargo, muchas veces ante la incertidumbre y la idea imaginaria de que el resultado será negativo, dejamos de vivir, dejamos de experimentar, dejamos de aprender, y eso si es una tragedia, porque no estamos aquí para escondernos en una relativa "seguridad" sino más bien para atrevernos a vivir una vida plena, llena de buenas y malas experiencias, estamos aquí para sorprendernos con lo que la vida nos dé, maravillarnos de sus misterios, aprender, conocer, relacionarnos, atrevernos, arriesgarnos, explorar, en fin, todo aquello que nos conecte y que nos haga sentirnos vivos.

Parafraseando a Alan Watts (1999), no es posible comprender la vida y sus misterios mientras uno trate de aferrarla, como con el agua, debemos dejarla correr libremente.

No se trata de escapar, sino de aceptar las limitaciones, en especial la limitación de no saber, de no tener garantías, escapar solo nos mantiene alejados del presente, del instante, aferrarnos al placer y luchar contra el dolor, no hace más que alejarnos de lo verdaderamente importante, de lo que amamos.

Abundan los ejemplos de personas que se detienen ante este universo interno y esperan, esperan a tener quizá la señal que les diga que él o ella es la persona correcta, o que ese es el trabajo perfecto, o que aquél es el negocio que les dará la prosperidad económica que tanto anhelan, sueñan, imaginan, pero postergan, no quieren actuar porque temen que la vida los sorprenda con un resultado negativo que los llene de frustración, pero quizá lo que debieran preguntarse es si permanecer en esa eterna espera no es ya una situación frustrante que los aleja, como dije antes, de lo que más anhelan.

Dejar de vivir no es la solución, permanecer quietos para no sufrir no hace más que mantener el sufrimiento. Esperar a que suceda un milagro, o una señal, no nos salva, al contrario, la vida sigue su curso y mientras esperamos esa seguridad ficticia, las cosas siguen sucediendo fuera de nosotros, aquellos que se deciden, se enamoran y quizá también sufren, emprenden nuevos proyectos, se atreven, buscan, y saben que aunque en ocasiones las cosas no salen como quisieran, nada permanece, siempre hay nuevas oportunidades, nuevas posibilidades, las puertas nunca se cierran, mientras estemos conectados con la aventura de seguir buscando aquellas que puedan abrirse para nosotros. La vida nos es fija, está en constante movimiento, así que, querer que un instante de felicidad sea eterno, es también una forma de sufrimiento.

Termino esta reflexión citando nuevamente a Alan Watts:

“El arte de vivir […] no consiste, por una parte, en un ir descuidadamente a la deriva, ni, por otra, en aferrarse por temor al pasado y lo conocido. Consiste en ser completamente sensible a cada momento, en considerarlo como nuevo y único, en tener la mente abierta y receptiva.”

¿Y tú, qué piensas al respecto?

Silvia