Felicidad

CUANDO EL PASADO NOS DETIENE

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La vida se encuentra en el instante presente.
— Tich Nhat Hanh

A pesar de lo popular que se volvió el término “permanecer en el aquí y ahora” pocas veces nos detenemos a reflexionar lo que esto realmente significa, la realidad es que expresarlo es fácil y parece sencillo ponerlo en práctica, pero desafortunadamente no es así.

Nuestra mente, diseñada para pensar todo el tiempo, se regresa constantemente al pasado o se adelanta al futuro, el hecho es que pocas veces logramos permanecer en ese instante presente del que nos habla Tich Nhat Hanh.

Y lo peor de todo es que ni siquiera nos damos cuenta del efecto que este hecho produce en nuestras emociones, cuando nos quedamos en el pasado, generalmente experimentamos nostalgia, culpa, resentimiento, vergüenza, ira.

Una de las situaciones más tristes que puede experimentar un ser humano es anclarse a un pasado cuyo significado para esta persona es negativo, desagradable, doloroso. Aunque quizá estemos hablando de que su interpretación del hecho sea “correcta”, la verdad es que ya no es vigente en el presente, es algo que ya no está sucediendo, el problema es que cada vez que lo recordamos nos sentimos igual o peor que cuando sucedió y es ahí en donde nos detenemos.

Nos detiene el pasado cuando al recordarlo nos llenamos de odio y eso nos impide abrirnos a los demás, abrir nuestro corazón y nuestra mente a nuevas experiencias, cuando al recordarlo damos por hecho que la persona o personas que nos afectaron no merecen ser perdonadas, cuando al recordarlo nos sentimos víctimas de las circunstancias y sin posibilidades de tener una mejor vida, porque finalmente ese pasado que nos dejó una huella, en ocasiones tan profunda, no hay manera de cambiarlo.

Vivimos años resentidos con nuestros padres, nuestra pareja, algún amigo, nuestros hermanos, con uno mismo, en fin, la lista puede ser interminable y me pregunto qué sentido tiene continuar con ese resentimiento, eso no borra el pasado, no elimina la experiencia que tuvimos, solo prolonga el sufrimiento, pero el nuestro, no el de los demás, generalmente los demás siguen con sus vidas, quizá arrepentidos por lo que pasó, intentando tener un mejor comportamiento.

El problema somos nosotros, alguna vez escuché que, “el resentimiento es el veneno que nos tomamos esperando que le haga efecto a la otra persona”, totalmente de acuerdo, los que resultamos envenenados de por vida somos nosotros.

La pregunta es ¿Queremos vivir así? Guardando odio, dolor, amargura… o, ¿Estamos dispuestos a darle otro significado la experiencia?

La decisión es nuestra, como dije antes no hay manera de modificar ese pasado, ya es pasado, ya fue, no podemos editar la película de nuestra vida y cambiar todo aquello que no nos ha gustado, no hay manera.

Lo que si podemos hacer es cambiar el significado que le hemos dado, resignificar implica reconocer que las personas cometemos errores, somos falibles, en ocasiones hacemos daño, todos lo hemos hecho, muchas veces sin tener la intención de dañar, nos equivocamos, fallamos. Aceptar esa falibilidad nos permite perdonar o comprender que, en ese momento, la persona que nos afectó no pudo actuar de otra manera, si nos es difícil entender su motivación, al menos aceptemos que fue así, por las razones que sean. Lo mismo aplica para nosotros. La aceptación nos libera.

Por otro lado, podemos reflexionar sobre la forma en que ese hecho cambió nuestra vida, quizá nos dejó un aprendizaje, nos hizo madurar, ser la persona que somos. Es posible incluso que al darle ese nuevo significado podamos reconocer que después de todo no fue tan malo porque nos enseñó algo, en fin, la idea es que a partir de ese nuevo significado seamos capaces de continuar con nuestra vida, libres de esos sentimientos negativos que hemos venido cargando y dispuestos a disfrutar lo que es real, el instante presente, maravillarnos de lo que vivimos a diario, valorar a las personas que están a nuestro lado, reconciliarnos quizá con aquellas que de alguna manera nos afectaron.

Superar estas experiencias, aceptarlas, requiere realizar un trabajo interior que incremente nuestra libertad. Cuando dejamos ir somos capaces de sentir paz y alegría.

El resultado puede ser sorprendente.

¿Te imaginas continuar tu vida sin tener que llevar esa carga?

Silvia

¿ACASO SERÁ QUE YO SOY RESPONSABLE?

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Yo, Ana Fernández, pobre de mi, soy una mujer que se aburre. La vida me pasa, no hay nada que me interese y no le encuentro sentido a la existencia.
— Sara Sefchovich

Al leer esto, no puedo evitar conectarme con mi historia, parte de mi adolescencia y juventud, y con la historia de muchas de las personas que acuden a mi consulta.

Cuando les pregunto a mis clientes ¿Por qué crees que te sientes así? los escucho, como alguna vez me escuché a mi misma, buscando culpables. Recuerdo que, en esa época de mi vida, estaba más enfocada en las cosas negativas que me sucedían y generalmente buscaba culpables, la culpa la tenía tal o cual persona, o tal o cual circunstancia, pensaba que mi vida sería mejor si nada de eso existiera o si las circunstancias externas o las personas que me rodeaban fueran diferentes, me sentía víctima, ahora, después de muchos años, reconozco que no fue así, me veo a mi misma como la única responsable de mi bienestar emocional, de mi felicidad.

Sin embargo, sigue siendo interesante ver como muchas de las personas que llegan a terapia, tienen el mismo discurso que yo tuve alguna vez.

"Es por culpa de mis padres: de mi padre, de mi madre."

"Es por culpa de mi pareja: de mi esposo, de mi esposa."

"Es por culpa de mi jefe, de mi trabajo."

En fin, pareciera que buscar a un culpable, nos libera de tener que asumir nuestra responsabilidad y enfrentarnos con nosotros mismos como los únicos responsables de lo que nos sucede, no es fácil llegar a reconocer esto, el camino es largo, lo sé por experiencia propia, pero una vez alcanzado, nos liberamos y liberamos a aquellos que hemos culpado por tanto tiempo.

Es así, nos guste o no, hay una mínima parte que tiene que ver con nuestra herencia, otra muy pequeña que tiene que ver con la influencia de los demás, quizá algunas cosas que nos suceden no están bajo nuestro control, simplemente están dadas, pero un mayor porcentaje tiene que ver solo con uno mismo.

El grado de felicidad que experimentamos tiene más que ver con nuestra propia actitud que con motivos externos. Aún en las peores circunstancias, somos nosotros quienes podemos darle un significado diferente a lo que nos ha sucedido o nos sucede en la vida. Estoy consciente que en ocasiones vivimos situaciones que rebasan nuestra capacidad para superarlas, la vida nos enfrenta constantemente con circunstancias difíciles, pero aferrarnos a la idea de que no deberían suceder, no hace más que incrementar nuestro sufrimiento.

Solo siendo responsable de uno mismo, como decía Nathaniel Branden, logramos tener un verdadero poder sobre la propia vida. (N. Branden, 1997)

Y por qué digo que es liberador, porque cuando asumimos esa verdad, dejamos de depender de que los otros cambien para que nuestra vida mejore, y empezamos a reconocer que lo que siga de ahora en adelante solo depende de nosotros, nuestra libertad de elección, nos guste o no, es un reto, y a la vez, una fuente de alegría y felicidad.

Si queremos continuar con una vida vacía y aburrida, es nuestra elección, si queremos que nuestra vida sea más plena y divertida, es también nuestra elección.

“…uno es también íntegramente responsable de la propia vida, no solo de las propias acciones, sino también de los propios fracasos en la acción.” (I. D. Yalom, 1984)

Emprender ese viaje a la liberación es una aventura que siempre estará a nuestra disposición, y depende de nosotros si queremos tomarla o no.

¿Y tú que piensas hacer al respecto?

Silvia