Estrés

¿QUÉ PUEDO APRENDER DE LA DEPRESIÓN?

Puede que no controles los hechos que ocurren, pero si puedes decidir no dejarte derrotar por ellos.
— Maya Angelou

Introducción

Existen muchas enfermedades físicas que pueden afectar nuestra salud y generalmente es fácil que cuando nos sentimos mal acudamos al médico para tratarnos, pero cuando se trata de la enfermedad de la mente, la situación cambia, nos da pena hablar de ello o nos da miedo y eso ha provocado que la depresión, que se puede ubicar como un sufrimiento mental, que nos lleva a querer huir del mundo, se haya convertido en uno de los padecimientos más comunes en nuestra época y poco tratado, existen muchos prejuicios al respecto, falsas creencias, nos da vergüenza reconocer que estamos deprimidos porque lo consideramos un signo de debilidad y por supuesto que lo que menos queremos es parecer débiles o frágiles ante los demás.

Pero la realidad es que la depresión afecta gran parte de nuestra vida, altera nuestras emociones, nuestra capacidad de ejecutar, de ser productivos, de disfrutar, la forma en que nos relacionamos con los demás y el concepto que tenemos de nosotros mismos.

Aprender acerca de ella nos permitirá buscar la manera de sanarla y eso es lo que pretendo lograr con este blog.

Mi historia con la depresión

El tema de la depresión es un tema que me es muy familiar, no puedo explicar desde cuando ha formado parte de mi vida pero lo que si puedo decir es que si trato de pensar en mi infancia, me recuerdo con una sensación de ansiedad constante y a la vez como una niña triste, la razón no la sé pero si recuerdo que prefería aislarme, me provocaba ansiedad estar con los demás niños y creo que prefería pasar tiempo sola, no se si realmente era depresión porque nunca tuve un diagnóstico pero imagino que sí, no disfrutaba como lo hacían los demás niños, y prefería permanecer aislada.

En mi adolescencia había varias razones para estar deprimida, aunque en realidad no se si una cosa llevaba a la otra, qué fue primero, no lo sé.

Me era muy difícil interactuar con los demás, especialmente si se trataba de hombres, y por otro lado luchaba con problemas de sobrepeso que no me permitían sentir bien.

No se si la depresión ansiosa (ahora puedo llamarla así) me hacía evitar a las personas y comer en exceso o si por el hecho de aislarme y estar la mayor parte del tiempo sola y comiendo en exceso estaba deprimida, o ambas, la verdad es que era un círculo vicioso.

Recuerdo que a pesar de que me la pasaba estudiando y siempre teniendo un muy buen desempeño académico, la escuela era para mí una fuente de estés constante, aún en la universidad, cuando pienso en el sufrimiento que me producía, no me imagino cómo es que permanecí tanto tiempo ahí, no solo terminé una carrera universitaria, sino que además concluí dos maestrías y dos diplomados, el tiempo que invertí tanto en las maestrías como en el diplomado fue de ¡12 años! Después de los 4 de mi licenciatura, increíble ¿no es así?

Pero bueno, tengo que aceptar que me gustaba estudiar, aunque lo que no disfrutaba tanto era la interacción con los demás, me provocaba ansiedad, siempre me consideré una persona tímida, introvertida y penosa.

Esta situación continuó en mi vida profesional, los primeros trabajos que tuve, en realidad los padecí y en todo ese tiempo nunca supe exactamente lo que me pasaba, pensaba que algo estaba mal conmigo, que era diferente a los demás y que seguramente, aunque mi desempeño académico era bueno, finalmente no era tan inteligente, me sentía insegura, dudaba de mí y no me gustaban los cambios.

Hace 25 años más o menos estuve quizá en mi peor crisis, mis niveles de ansiedad se incrementaron a tal grado que decidí renunciar a mi trabajo, ingenuamente pensaba que si lo hacia me sentiría mejor, decidí empezar a trabajar como psicoterapeuta y así lo hice, por supuesto que el cambio no hizo más que acelerar mis síntomas y terminé consultando a un neurólogo que después de hacerme varios estudios me diagnóstico una depresión ansiosa endógena, es decir que el padecimiento con el que había vivido toda mi vida era algo heredado por alguno de mis padres, después de investigar al respecto, concluí que había sido de mi padre, aunque no lo recuerdo realmente triste si puedo decir que era una persona irritable y aprehensiva y en ocasiones recuerdo que me decía que se sentía triste y realmente no sabía por qué.

En fin, fue bueno descubrir y poder nombrar mi estado de ánimo y lo que siguió después fue tomar medicamento por dos años, me ayudó bastante en verdad, pero desde entonces no lo he vuelto a tomar, porque en realidad ya no lo necesito.

Como lo mencioné en mi blog “Antes y Después de la Meditación”, hace aproximadamente 6 años empecé a meditar y creo que la meditación me ha ayudado enormemente a controlar tanto mis periodos de tristeza como de ansiedad.

La depresión como quizá muchos de ustedes sepan, es un padecimiento que se ha incrementado enormemente, un alto porcentaje de la población la padece.

CLASIFICACIÓN

Existen diferentes tipos de depresión:

1. Endógena

La depresión endógena forma parte del equipaje con el que llegamos al mundo, nacemos con ella porque la heredamos, como en mi caso, es un desequilibrio en la química de nuestro cerebro y esto nos provoca que nos sintamos tristes, desmotivados, apáticos y en ocasiones ansiosos, la tendencia cuando no sabemos que la tenemos es buscar en nuestra vida alguna circunstancia que creemos la esté provocando y seguramente encontraremos muchas a quienes echarle la culpa, pero una vez que descubrimos que no tiene que ver con causas externas sino más bien internas, necesitamos aprender a vivir con ella y encontrar las formas de manejarla, ayuda mucho conocer qué cosas nos hacen sentir mal para evitarlas y que cosas nos hacen sentir bien para buscar repetirlas e integrarlas en nuestra vida, en mi caso me hace sentir mal tener una vida sedentaria, aislarme, dormir poco, comer en exceso y lo que me hace sentir bien es el ejercicio, bailar, la yoga, la meditación, principalmente.

2. Circunstancial

Está provocada por algún evento que sucede en nuestra vida ya sea la pérdida de un ser querido, la pérdida de una relación (por separación o divorcio), la pérdida de trabajo o de estabilidad económica, alguna enfermedad terminal o degenerativa o cualquier padecimiento crónico que provoque la pérdida de la salud. En este tipo de depresión si existe un evento que la detona y es importante entender que no está mal sentirnos tristes cuando lo amerita, es nuestra forma de reaccionar ante hechos dolorosos, lo importante es identificarlo y aceptarlo como una respuesta natural de nuestro organismo.

3. Provocada por otro padecimiento o enfermedad

Existen muchos padecimientos físicos que vienen acompañados de síntomas de depresión, por ejemplo, la fibromialgia, problemas de tiroides, alcoholismo, Alzheimer, diabetes, deficiencias nutricionales, e incluso cáncer, entre otras.

Una gran cantidad de las enfermedades que conocemos se presentan primero con síntomas emocionales. Los doctores necesitan determinar si se trata de una enfermedad con síntomas depresivos o de una depresión.

4. Provocada por estrés

El estrés sostenido puede desencadenar una depresión y quizá ni siquiera nos demos cuenta de ello, es probable que ante situaciones de mucha presión tanto interna como externa, empecemos a sentirnos desmotivados, apáticos, quizá demasiado ansiosos o irritables.

Cuando padecemos estrés liberamos adrenalina y cortisol y el cortisol es una sustancia que está asociada con la depresión.

Es muy común que ni siquiera nos demos cuenta de lo mucho que afectamos a nuestro organismo cuando lo sometemos a presiones internas y/o externas, no pensamos que el estar todo el tiempo bajo períodos intensos de ansiedad y sin descansar adecuadamente puede a la larga desencadenar un problema de desequilibrio emocional como la depresión.

5. Actitud depresiva

Estamos hablando de la depresión que se genera por nuestra forma de pensar, cuando somos negativos, cuando solo vemos el lado malo de las cosas, cuando somos pesimistas. Este puede ser un estilo de funcionamiento aprendido, sin embargo, la tendencia de la mente a pensar de manera negativa es una característica de la depresión que está presente también en las 4 formas mencionadas anteriormente.

Siempre tenemos dos opciones a la hora de percibir la realidad, como cuando hablamos del vaso medio lleno o medio vacío, o cuando pensamos que todo lo que nos pasa es una tragedia o bien que todo lo que nos sucede es un milagro o una oportunidad, depende del tipo de pensamientos con los que elegimos conectarnos, tiene que ver con nuestro aprendizaje y es difícil que nos demos cuenta que somos nosotros quienes nos provocamos sentimientos de desesperanza y depresión.

¿Qué podemos hacer para manejar la depresión?

Primero que nada, necesitamos identificarla y dar importancia a nuestros síntomas, por ejemplo, dificultad para disfrutar de las cosas, tendencia a aislarnos, comer en exceso o dejar de comer, irritabilidad, deseos de llorar todo el tiempo, cansancio extremo y ganas de dormir durante el día, dificultad para concentrarnos, para ejecutar y para tomar decisiones, pensamientos de culpa, devaluación o desesperanza.

Una vez identificados los síntomas, acudir al médico para tener un diagnóstico que nos permita saber cuál es el tipo de depresión que tenemos o si es consecuencia de otro padecimiento.

Si se trata de una depresión provocada por una pérdida, no sentirnos mal por estar deprimidos, aceptar que es un proceso natural y solo tener cuidado de que no dure por más de 6 meses y si el sufrimiento nos incapacita, buscar atención médica y psicológica, no es necesario vivir el padecimiento en soledad cuando podemos contar con ayuda profesional.

Aprender a manejar nuestro estrés y para ello te sugiero que, si no lo haz hecho aún, bajes el PDF gratis que elaboré para ti, en este documento no solo te hablo de algunas actividades que pueden ayudarte a disminuir el estrés, sino que también, te explico cómo aprender a manejar tus pensamientos te puede permitir regular tus emociones lo cual puede ser de gran ayuda si has identificado que tu depresión es más bien una actitud depresiva, o incluso si es de otro tipo, porque aunque la causa sea otra, siempre podemos ayudarnos adoptando una actitud positiva, si la situación por la que pasamos ya es complicada ayuda mucho no complicarla más con pensamientos negativos e ideas pesimistas.

Aprender a meditar puede ser también un excelente recurso para poder controlar la depresión, en el PDF incluyo la meditación como una estrategia valiosa y te explico brevemente en que consiste y cómo realizarla, al meditar aprendemos a controlar nuestros pensamientos, pero además nos damos cuenta de que estamos pensando y reconocemos el tipo de pensamientos que pasan por nuestra mente, y cómo pensar de esa manera nos hace sentir, cambiar este hábito requiere primero de darnos cuenta, ser conscientes y eso lo vamos logrando con la práctica de la meditación.

CONCLUSIÓN

La depresión es el mal de nuestra época, pero no tiene que seguir siendo así, nuevamente te sugiero buscar ayuda profesional, es muy fácil permanecer en un estado de malestar y no salir de ahí porque pensamos que es normal, y lo más triste es que nos acostumbramos a sentirnos mal, sobre todo cuando padecemos depresión solemos pensar que no hay esperanza para nosotros, pero piensa en lo diferente que sería tu vida si no te sintieras deprimido y/o ansioso, piensa en todo lo que podrías hacer, tómate unos minutos para reflexionar al respecto: ¿Qué harías si no te sintieras triste y desalentado? ¿En qué proyectos te involucrarías? ¿Cómo desempeñarías tu trabajo? ¿Cómo te relacionarías contigo mismo y con los demás?

La responsabilidad de tu salud mental y emocional está en ti, aprende a sentirte bien aún a pesar de las circunstancias que la vida te presente y recuerda que no hay ninguna razón que justifique que uno se sienta mal, necesitamos encontrar la causa de nuestro malestar y hacer lo que sea necesario para erradicarlo, o hacerlo más llevadero, estoy de acuerdo en que la vida a veces nos confronta con situaciones difíciles ante las cuales lo único que podemos hacer es elegir la actitud con la que la vamos a vivir. La solución está en ti.

Y ahora dime: ¿Cuál es el primer paso que vas a tomar para sentirte mejor? Compártelo y recuerda que, si necesitas ayuda, puedes ponerte en contacto conmigo.

Silvia

"NOS ESTAMOS DESTRUYENDO"

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El tema de las relaciones interpersonales es un problema recurrente en mi consulta, ya sea porque lleguen parejas casadas o en unión libre que enfrentan diversos conflictos o parejas que aún no han decidido formalizar su relación y que tienen dificultades, o bien personas solteras que han dejado de creer en la vida de pareja pero que anhelan conocer a alguien que les ayude a creer de nuevo.

Las parejas que hacen cita llegan en un estado deplorable, con varios meses o incluso años de constantes peleas, por lo mismo sin muchas esperanzas, algunas de ellas permanecen y se comprometen en un proceso de análisis y reflexión que les permite tener una mejor comprensión de lo que les sucede, mientras que otras terminan abandonado la terapia sin siquiera darse la oportunidad de explorar lo que les sucedía y lo que los llevó a la situación en la que se encontraban.

Esto me deja pensando mucho acerca de lo que sucede actualmente en las relaciones a la hora de buscar ayuda y estas son algunas de mis reflexiones:

1.     Hay muy baja tolerancia a la frustración

Buscamos la gratificación instantánea y evitamos las cosas que no nos agradan, no queremos sufrir y por lo mismo nos es difícil aceptar la realidad. Cuando las cosas no salen como deseamos o suceden cosas que nos desagradan nos enojamos o nos retiramos afectivamente.

2.     Responsabilizamos al otro de nuestro malestar

Nuestro foco de atención está permanentemente en lo que hace o deja de hacer nuestra pareja y pocas veces o quizá nunca reflexionamos acerca de lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer en la relación. Por lo mismo pensamos que las cosas se resolverán cuando el otro cambie.

3.     Carecemos de un esfuerzo sostenido

Buscamos resultados inmediatos, somos impacientes, cuando las cosas no se resuelven rápido las abandonamos.

4.     Indefensión aprendida

Después de una y otra vez de fracasar en nuestro intento por resolver el problema, dejamos de creer que existe una solución e incluso de que seremos capaces de resolverlo, esta actitud se convierte con frecuencia en depresión o profunda tristeza.

5.     Mal manejo del estrés

El estrés ha formado parte de nuestra vida desde siempre, pero poco sabemos acerca de las estrategias que podemos usar para disminuirlo, como por ejemplo la meditación, la relajación, el ejercicio, la diversión, entre otras. Debido a ello sufrimos de un gran desgaste emocional y físico que nos hace poco o nada tolerantes ante el comportamiento de los demás, impulsivos e irritables y por consecuencia eso daña más la relación.

Lo que yo busco al trabajar con las parejas es enseñarles un mejor manejo de sus emociones, identificar las razones de su baja tolerancia a la frustración y las consecuencias que esto tiene en su relación, reflexionar acerca de la responsabilidad que cada uno tiene en las dificultades que enfrentan y que identifiquen como el estrés cotidiano cuando no es bien manejado nos produce un desgaste tal que afecta no sólo nuestra salud sino nuestra manera de responder ante los conflictos. 

Poder asimilar todo esto requiere de tiempo, es imposible que cambiemos nuestra forma de ser y comprendamos lo que nos pasa en un par de sesiones, pero uno de los mayores retos es romper el ciclo que se ha creado debido a las constantes peleas que enfrentan, después de un tiempo de no poder resolver las cosas favorablemente es muy probable que los integrantes de la pareja pierdan la esperanza y quieran tirar la toalla, lo que les diría es que ningún problema que lleva tiempo manteniéndose puede solucionarse en un instante y sin esfuerzo, cuando el problema se aborda con la ayuda de un profesional es muy probable que vaya resolviéndose favorablemente, a partir del desarrollo de actitudes específicas que favorezcan la interacción.

¿Te identificas con uno o varios de los cinco puntos mencionados? 

Silvia

 

ANTES Y DESPUÉS DE LA MEDITACIÓN

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Suspender deliberadamente toda actividad externa y sentarte o abrirte, quizá por primera vez, a la quietud interior...
— Jon Kabat-Zin

Hace tiempo escuché el término Mindfulness y sus aplicaciones en la terapia, la verdad era desconocido para mí, así que lo investigué y descubrí que se trataba de un tipo de meditación secular, descubrí también que la meditación era un modo de entrar en contacto con uno mismo de una manera más profunda, sin embargo, la forma de hacerlo y sus aplicaciones en la terapia eran un misterio para mí.

Conforme pasaba el tiempo, empecé a escuchar con más frecuencia acerca del término y decidí aprender a hacerlo, el resultado fue asombroso, puedo decir que, desde el principio, descubrí que meditar no significa tener la mente en blanco, lo cual fue un alivio, pues siempre pensé que lograr eso era prácticamente imposible, descubrí también que era algo muy sencillo, las instrucciones eran bastante simples, pero a la vez algo muy profundo.

Al principio era difícil encontrar un espacio para meditar y en ocasiones hacerlo me ponía más ansiosa, en vez de tranquilizarme, pensaba que tenía muchas cosas importantes que hacer y que permanecer en silencio durante 10 minutos era una pérdida de tiempo, pero decidí comprometerme con ello porque entre más leía acerca de sus beneficios más convencida estaba de que sería algo bueno. Ahora, después de cuatro años de realizar una práctica diaria de meditación, puedo decir que incluso lo que leí se queda corto.

Siempre, me consideré una persona ansiosa, la ansiedad formaba parte de mi vida y me había acostumbrado a ella, por supuesto me limitaba en muchas formas, pero aprendí a no hacerle mucho caso, el estrés, también estaba presente, lo cual no es extraño porque siempre he pensado que forma parte de la experiencia humana.

Ahora la ansiedad está ausente, y les puedo decir que es una sensación extraña, en ocasiones me detengo a observarme, buscando esa inquietud interna y no la encuentro, lo cual ha sido maravilloso y me ha llenado de alegría. Mi vida no ha cambiado mucho, las situaciones estresantes y las dificultades siguen surgiendo, pero no me afectan de la misma manera.

El Mindfulness, nos conecta con el momento presente, al practicarlo, de lo que se trata es de prestar atención intencionadamente y sin críticas a nuestra experiencia, tal cual es. Buscar un objeto en el cual enfocar nuestra atención, de ahí el término "Mindfulness", que significa atención o conciencia plena, en este caso el foco de nuestra atención es la respiración, algo que hacemos todo el tiempo, pero que, al sentirla de manera consciente, nos permite experimentar calma y tranquilidad.

Suena fácil, pero en realidad no lo es, aprenderlo me llevó varios años, nuestra mente está todo el tiempo pensando y comúnmente nuestra atención está ahí, siempre en nuestros pensamientos, a veces recordando cosas del pasado, otras anticipando cosas del futuro, otras juzgando situaciones del presente y muchas más criticándonos a nosotros mismos o comparándonos constantemente, no es de extrañar que precisamente por eso perdamos nuestra tranquilidad, si la mente está en el pasado, nos deprimimos, enojamos, estamos resentidos; si está en el futuro, nos angustiamos, sentimos temor; si nos criticamos o juzgamos,  nos enojamos con nosotros mismos o nos sentimos inseguros. Ahora imaginen que por un momento nuestra atención se vaya a la respiración y deje de estar escuchando nuestro diálogo interno, imaginen que en el tiempo que meditamos eso suceda varias veces. ¡Que tranquilidad! ¡Que belleza dejar de estar tanto en los pensamientos y poder saborear el silencio, la calma que nos produce sentir nuestra respiración!

Pero eso no ha sido todo, la Meditación no solo me ha permitido tener un mayor control de mi mente y de mis emociones, sino que sus beneficios se han extendido a mi relación con el mundo, con los demás, ahora puedo disfrutar de un atardecer, de la lluvia, de la naturaleza como no lo había hecho antes, lo mismo me ha sucedido con la comida, con los sonidos, con las sensaciones en general, con mi trabajo, con mis relaciones interpersonales, estoy mucho más enfocada en el presente, disfrutando plenamente cada instante, viviendo con una mayor presencia. Y eso sin mencionar cambios en las estructuras y funcionamiento del cerebro, que de acuerdo a investigaciones científicas suceden gracias a la meditación.

Y bueno, ahora me queda clara la relación que esta práctica milenaria tiene con la terapia, darnos cuenta de cómo los pensamientos afectan nuestra vida emocional y aprender a soltarlos nos libera y nos permite disfrutar de una manera más plena cada experiencia de nuestra vida.

Al meditar no sólo estamos entrenando nuestra atención, sino también nuestra capacidad de darnos cuenta, es decir somos más conscientes de lo que nos sucede, y ese es un principio fundamental para lograr el bienestar.

Sin embargo, estos cambios que comparto son resultado de mi experiencia, y quizá de la de muchos que han decidido incluir en su vida esta práctica, ojalá que al compartirlo con ustedes les despierte la curiosidad y la disposición a descubrirlo por ustedes mismos.

Silvia