Amor

AMÁNDONOS EN LIBERTAD

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Influidos por los criterios de la conciencia colectiva preferimos pensar en una vida de pareja estable, en lugar de asumirla como un camino de trabajo constante; preferimos pensar que nos proporcionará paz permanente, y no como un proceso de desarrollo.
— Luis José Ubando

¿Te imaginas encontrarte un día disfrutando plenamente de tu relación, enfocándote en cada momento de tu vida que compartes con tu pareja desde el amor incondicional, aceptando a tu pareja como es, sin sentir que necesita convertirse en alguien más para que te sientas feliz…?

A eso me refiero con amar en libertad, nos liberamos de nuestras demandas, de nuestras fantasías, de nuestras expectativas, nos liberamos de nuestros resentimientos, de nuestros enojos, de nuestras frustraciones y apreciamos la relación que tenemos como algo valioso, porque en verdad es así, es valiosa porque está viva, porque es real, porque nos permite superarnos cada día, ser mejores personas, madurar y compartir la vida juntos.

La Meditación y el Amor

A lo largo de este camino que hemos recorrido juntos, en cada uno de mis últimos tres blogs, he mencionado que la meditación nos entrena para estar más en contacto con nosotros mismos, con nuestra mente, con nuestras emociones, nos ayuda a conocernos y apreciar lo que tenemos con otros ojos.

La práctica de la meditación nos enseña a soltar, cuando meditamos dirigimos nuestra atención a la respiración, y al hacerlo nos ubicamos en este momento, cuando nuestra mente empieza a divagar, soltamos el pensamiento, lo dejamos ir y suavemente regresamos nuestra atención a la respiración… así de sencillo, aunque lograrlo es un gran reto porque nuestra mente está acostumbrada a ir de un lado a otro sin ningún control.

Meditar no solo nos ayuda a reducir el estrés o mejorar nuestra capacidad de prestar atención, es también un camino al amor… nos entrena a permanecer con lo que es y eso es esencial cuando hablamos del amor.

Entrenamos para estar aquí, con nuestra humanidad plena, apreciando nuestros dones y aceptando nuestras confusiones, solo así podemos aproximarnos al otro sin miedo a sentirnos vulnerables, sin necesidad de tener escudos para protegernos.

La meditación nos proporciona un espacio y es en ese espacio en donde podemos recibir, y lo que recibimos es: amor, sabiduría, creatividad, autoconocimiento, inspiración. Nos permite tener la habilidad para permanecer con la incertidumbre, que como dije anteriormente es algo que enfrentamos constantemente en nuestra relación y en la vida.

Ahora bien, en la meditación desarrollamos tres aspectos importantes que también pueden aplicarse al amor.

A) Precisión

Al meditar dirigimos nuestra atención a un objeto, en el caso del Mindfulness nuestra atención se dirige solo a la respiración y todo lo demás se considera pensamiento por lo que la idea de precisión es regresar una y otra vez a la respiración, cada vez que nuestra mente se distrae.

En nuestra relación la precisión se traduce en el CUIDADO, es decir la atención que ponemos en nuestras palabras y acciones y en como estas impactan a nuestra pareja. Darnos cuenta de como lo que decimos y hacemos se puede traducir en buenos modales o en el interés que ponemos en lo que para nuestra pareja es importante, sus preferencias, algo que es simple pero muy poco común.

Cuando decidimos de manera consciente poner atención en el otro, manifestar que nos importa, pensar en él/ella, será fácil cultivar una buena relación.

La precisión también tiene que ver con la honestidad y la responsabilidad, qué tan honestos somos con nuestra pareja, como asumimos la responsabilidad de lo que hacemos y decimos a nuestra pareja. Todo esto es importante si deseamos construir una relación verdadera.

Si no hay honestidad en una relación, nuestros corazones permanecerán cerrados, sintiéndose amenazados constantemente y no podemos construir una relación sobre esas bases.

B) Apertura

Cuando meditamos nos abrimos a lo que surja, no tratamos de cambiar ni manipular nada, todo es bien venido, tanto lo bueno como lo malo.

Cuando logramos precisión, honestidad y responsabilidad en nuestra relación, la apertura surge de forma natural, porque hay confianza, porque no hay razón para protegernos, abrimos nuestro corazón y descubrimos que la otra persona es tan importante como uno y somos capaces entonces de construir un “nosotros”.

C) Ir más allá

Ir más allá en la práctica de la meditación implica soltar todas las expectativas e ir disfrutando de lo que va sucediendo en la medida en que vamos avanzando más y más en el dominio de la técnica.

Lo mismo sucede en la relación, a medida que avanzamos y cultivamos el cuidado, la honestidad, la responsabilidad y la apertura nos vamos sumergiendo en un mar que no tiene ni principio ni final y aprendemos a soltar cualquier expectativa confiando en que sabremos navegar juntos independientemente de lo que suceda en el camino.

Ir más allá implica profundizar en la intimidad, abandonamos, como dije antes, el anhelo de cambiar al otro y nos enfocamos en conocernos uno al otro.

Mantener una relación a lo largo del tiempo es un misterio, es ir descubriendo el amor a cada momento, descubrir la magia de compartir tu vida con otra persona, creando y cuidando un mundo juntos. Lo cual no significa que el camino será seguro, porque como ya lo había mencionado antes, el amor está siempre uniéndonos y separándonos.

El Camino Hacia el Amor

En la filosofía budista se habla del Camino Noble de ocho pasos, en el libro de S. Piver, este planteamiento se aplica al amor de la siguiente manera:

1.       Visión Correcta

Se refiere a mirar al otro sin proyectar en él/ella nuestros juicios, creencias, etiquetas. Implica darnos cuenta de cuando lo estamos haciendo y abandonar esa actitud que lo único que hace es alejarnos de la persona que tenemos enfrente.

2.       Intención Correcta

La intención se refiere a la razón por la que hacemos las cosas, por qué decidimos estar en una relación, la intención correcta en este caso no es porque queremos ser amados sino porque queremos amar, con solo ese ligero cambio en nuestra intención las cosas se modifican de manera sorprendente, porque la razón no depende del otro sino de mí.

La intención correcta en una relación es dar desde el corazón, dar amor, cuidado, dar compasión, sentir el dolor del otro, sentir su felicidad y mantener la ecuanimidad.

3.       Discurso Correcto

Cómo nos comunicamos con nuestra pareja, es decir, cómo le hablamos, cómo la escuchamos. El discurso correcto parte de la visión correcta y de la intención correcta, mencionadas arriba. Si me atrevo a mirar al otro como es y mi intención en la relación es dar lo mejor de mí será fácil cuidar mi discurso.

Cuando ponemos cuidado en la manera en que nos comunicamos con nuestra pareja es posible establecer un nivel mayor de conexión e intimidad.

Necesitamos cuidar lo que decimos, la forma en que lo decimos, cuando lo decimos, como escuchamos y que tan capaces somos de responder a lo que nos dicen de manera responsable, sin mentir, empezando por ser honestos con nosotros mismos; sin dividir, culpando o lastimando al otro; sin un discurso inútil, hablar por hablar.

Implica usar las palabras como un puente, no como una barrera que nos separe. Una habilidad en muchas ocasiones poco desarrollada pero esencial cuando queremos construir una buena relación.

4.       Acción Correcta

Ser una persona decente todo el tiempo, no solo cuando alguien nos está viendo. Alguna vez se han imaginado que pasaría si en medio de una discusión alguien los estuviera observando, se atreverían a reaccionar como lo hacen, insultando, agrediendo, humillando, golpeando; lo más probable es que no. Solemos ser prudentes cuando nos sentimos observados, pero cuando no es así, nos permitimos actuar de forma impulsiva, sin importar si terminamos afectando al otro.

La acción correcta se refiere a no lastimar, no hacer daño, no robar, no mentir, no abusar de los demás. No solo cuando pueden “cacharnos” sino todo el tiempo.

Lastimamos al otro cuando nos sentimos dolidos y entonces primero tenemos que empezar por nosotros, reconocer nuestro dolor o nuestro enojo antes de actuarlo ofendiendo a la pareja.

5.       Vivir Correctamente

Como cuidamos el espacio que compartimos, no vivir en el caos y tener una buena salud financiera, es decir no gastar más de lo que tenemos.

El espacio que compartimos es el lugar en donde vive nuestra relación y necesitamos cuidarlo, entre más lo hagamos menos obstáculos para nuestra relación encontraremos.

6.       Esfuerzo Correcto

Implica trabajar todos los días en cada uno de los 5 puntos anteriores, si queremos construir una buena relación tenemos que poner atención en estos aspectos todo el tiempo, sin importar si las cosas van bien o no en nuestra relación, siempre podemos profundizar en nuestra capacidad de amar y ser amados.

7.       Atención Correcta (Mindfulness)

Estar conscientes tanto de la forma como del fondo de lo que sentimos, eso nos permite darnos cuenta de lo que sentimos y de lo que puede estar experimentando nuestra pareja. Estar plenamente conscientes o tener la atención plena a lo que sucede en el espacio que compartimos juntos puede resultar una experiencia de aprendizaje muy enriquecedora.

8.       Asimilación Correcta

La asimilación correcta implica estabilizar tanto nuestra capacidad de atención plena en el presente, como la capacidad de darnos cuenta, no solo observamos por observar, sino que vamos un paso más adelante intentando tener una mayor comprensión de lo que sucede.

Cuando somos capaces de atender a nuestra pareja, a nosotros mismos y al momento presente, estamos viviendo en el amor mismo.

CONCLUSIONES

La meditación... no es solo un camino para reducir el estrés o mejorar el rendimiento. Es un camino al amor.
— Susan Piver

Amar a alguien y decidir hacer una vida juntos requiere de mucho valor, cuando nos atrevemos a involucrarnos tenemos que deshacernos de nuestros miedos y mostrar nuestra vulnerabilidad. No es fácil y por eso en ocasiones nos llenamos de escudos que pensamos pueden protegernos de ser lastimados.

Aprender a estar en silencio con nosotros mismos, darnos un espacio para reflexionar acerca de nuestra experiencia, en una palabra, meditar, nos da poder y a la vez nos suaviza con nosotros mismos y con los demás.

La solución para tener una buena relación es estar en paz con nosotros mismos, conocer nuestras fortalezas y debilidades, aceptarnos y querernos como somos y desde ese lugar amar y aceptar al otro.

Así como lo he mencionado una y otra vez, no se trata de que sea nuestra pareja quien se convierta en la persona que soñamos para hacernos felices, nuestra felicidad por el contrario está en amarla tal cual es, y manifestar nuestra aceptación y nuestro amor a cada momento.

No estoy hablando de una relación ideal porque eso no es posible, al involucrarnos nos embarcamos en un mundo lleno de misterios, de subidas y bajadas, de momentos de plena felicidad y de otros de dolor intenso, todo eso forma parte del amor, aprender a abrazar todos esos instantes en toda su intensidad nos permite crecer en el amor, madurar con nuestra pareja y construir una relación a prueba de todo.

Un amor real, no uno basado en una fantasía infantil, y eso es posible, creo que si pudiéramos adoptar esta visión acerca de las relaciones de pareja no viviríamos peleando constantemente por cumplir nuestras demandas, no viviríamos culpando al otro por no darnos lo que queremos, depende de nosotros, primero atrevernos a cambiar nuestra postura acerca del amor y después atrevernos a practicar todo lo que he expuesto en estos últimos cuatro blogs.

Finalmente, quiero expresar mi agradecimiento a Susan Piver por haber expuesto de una manera tan clara y con tanto sentido la postura del amor a partir de los planteamientos de la filosofía budista. A través del recorrido que hice en los últimos blogs intenté resumir lo más verazmente los planteamientos de su libro, por supuesto que coincido enormemente con sus puntos de vista y puedo decir que cada día vivo mi relación a partir de ellos.

¿Te atreves a ponerlos en práctica para comprobarlo?

Silvia García

NOS ENAMORAMOS... Y DESPUÉS... ¿QUÉ SIGUE?

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Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste en fundamentalmente ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar.
— Erich Fromm

Nada más cierto, aunque este libro fue escrito hace ya varios años, el arte de amar está intrínsecamente relacionado con nuestra capacidad para amar y eso requiere de trabajo. Solemos pensar que cuando conocemos a alguien y nos enamoramos, las cosas irán fluyendo maravillosamente, sin el más mínimo esfuerzo, pero la verdad, es que no es así, aún en las primeras fases de nuestra relación, cuando somos novios, y todo debería estar bien, nos damos cuenta que la relación se complica, en ocasiones por circunstancias tan simples, pero a la vez tan incómodas y eso es normal.

Las relaciones interpersonales son difíciles y complicadas porque somos diferentes, pero además porque quizá pensamos que no deberían ser así, que si nos amamos lo suficiente deberíamos pensar y/o sentir igual que el otro, se nos olvida quizá, que venimos de historias distintas, que nuestros aprendizajes no han sido los mismos, que nuestros gustos y preferencias, a veces no coinciden, pero que, a pesar de ser así, eso está bien.

Si pudiéramos estar en una relación con una actitud de asombro, descubriendo al otro, sorprendiéndonos a cada instante de como es, quizá las cosas serían más sencillas.

En el mejor de los casos, después de un excelente noviazgo, decidimos vivir juntos, o casarnos, y una vez que empezamos a compartir el mismo espacio, surgen las dificultades y nos decepcionamos, nos frustramos, empezamos a pelear, nos lastimamos, dejamos de vernos con ojos de amor y experimentamos miedo a no cumplir nuestro sueño de: “Vivir juntos para siempre” y responsabilizamos al otro de nuestro fracaso, y todo esto, en vez de ayudarnos complica aún más la situación.

Porque lo que necesitamos, no es pelear constantemente con el otro para que cumpla nuestras expectativas, sino analizar lo que nos está pasando con la situación que vivimos, atrevernos a conocernos y entender de dónde vienen nuestras demandas, empezar a identificar lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer para mantener el conflicto.

Este paso no es tan sencillo, se necesita mucho trabajo y esfuerzo, que la mayor parte de las veces no puede hacerse solo, sino que requiere del apoyo de un profesional, alguien que nos ayude a ir analizando y aclarando lo que nos pasa, alguien que nos recuerde una y otra vez que el trabajo es personal y que mientras no aceptemos que la solución está en uno, difícilmente podremos tener una buena convivencia con el otro.

Insisto en este punto porque es quizá el que más trabajo cuesta en una terapia de pareja, implica un cambio de mentalidad, implica decir: “Porque lo amo, voy a tener comportamientos amorosos con mi pareja, y evitar aquellos que sé que le hacen sentir mal”, este es un gran paso, que pocas veces queremos dar, porque al estar enfocados permanentemente en el comportamiento del otro, dejamos de ver lo que nosotros estamos haciendo para mantener el problema. Es un acto de amor, de generosidad, de compasión.

Excluyendo por supuesto cualquier problema que tenga que ver con abuso, violencia y/o adicciones. En cualquiera de estos casos estamos hablando de situaciones que no tenemos que aceptar, ni mucho menos tolerar, sobre todo si está en juego nuestra integridad.

Es importante atender el problema de nuestra relación a tiempo, porque cuando estamos en medio del conflicto, vivimos un estrés sostenido que nos va desgastando, provocando en nosotros sentimientos de ansiedad incontrolables, depresión, ira, sentimientos de desesperanza (queremos tirar la toalla), y todo eso en vez de ayudarnos a tener mayor claridad para resolver las cosas, incrementa nuestra incapacidad para buscar soluciones adecuadas.

Entiendo que en ocasiones lo que vivimos nos hace pensar que lo mejor es salirnos de la relación, pero no nos atrevemos a hacerlo por miedo, porque nos aferramos a la idea de que las cosas cambien, porque seguimos amando a nuestra pareja y no queremos dejarla, por los hijos, aún en estas circunstancias, es necesario tener la claridad de por qué pensamos que lo mejor es irnos, o bien quedarnos, solo cuando logramos tener la claridad de nuestros pensamientos y de nuestras emociones, estamos en condiciones de tomar la mejor decisión.

Lo importante es que no te conviertas ni en víctima, ni en verdugo.

Cuando entendamos que el cambio es individual, que no se trata de que el otro sea quien cambie para hacerme feliz, daremos un gran paso hacia la armonía de nuestra relación.

¿Y tú, cómo estás en tu relación?

Silvia