Psicoterapia

¿QUÉ PUEDO APRENDER DE LA DEPRESIÓN?

Puede que no controles los hechos que ocurren, pero si puedes decidir no dejarte derrotar por ellos.
— Maya Angelou

Introducción

Existen muchas enfermedades físicas que pueden afectar nuestra salud y generalmente es fácil que cuando nos sentimos mal acudamos al médico para tratarnos, pero cuando se trata de la enfermedad de la mente, la situación cambia, nos da pena hablar de ello o nos da miedo y eso ha provocado que la depresión, que se puede ubicar como un sufrimiento mental, que nos lleva a querer huir del mundo, se haya convertido en uno de los padecimientos más comunes en nuestra época y poco tratado, existen muchos prejuicios al respecto, falsas creencias, nos da vergüenza reconocer que estamos deprimidos porque lo consideramos un signo de debilidad y por supuesto que lo que menos queremos es parecer débiles o frágiles ante los demás.

Pero la realidad es que la depresión afecta gran parte de nuestra vida, altera nuestras emociones, nuestra capacidad de ejecutar, de ser productivos, de disfrutar, la forma en que nos relacionamos con los demás y el concepto que tenemos de nosotros mismos.

Aprender acerca de ella nos permitirá buscar la manera de sanarla y eso es lo que pretendo lograr con este blog.

Mi historia con la depresión

El tema de la depresión es un tema que me es muy familiar, no puedo explicar desde cuando ha formado parte de mi vida pero lo que si puedo decir es que si trato de pensar en mi infancia, me recuerdo con una sensación de ansiedad constante y a la vez como una niña triste, la razón no la sé pero si recuerdo que prefería aislarme, me provocaba ansiedad estar con los demás niños y creo que prefería pasar tiempo sola, no se si realmente era depresión porque nunca tuve un diagnóstico pero imagino que sí, no disfrutaba como lo hacían los demás niños, y prefería permanecer aislada.

En mi adolescencia había varias razones para estar deprimida, aunque en realidad no se si una cosa llevaba a la otra, qué fue primero, no lo sé.

Me era muy difícil interactuar con los demás, especialmente si se trataba de hombres, y por otro lado luchaba con problemas de sobrepeso que no me permitían sentir bien.

No se si la depresión ansiosa (ahora puedo llamarla así) me hacía evitar a las personas y comer en exceso o si por el hecho de aislarme y estar la mayor parte del tiempo sola y comiendo en exceso estaba deprimida, o ambas, la verdad es que era un círculo vicioso.

Recuerdo que a pesar de que me la pasaba estudiando y siempre teniendo un muy buen desempeño académico, la escuela era para mí una fuente de estés constante, aún en la universidad, cuando pienso en el sufrimiento que me producía, no me imagino cómo es que permanecí tanto tiempo ahí, no solo terminé una carrera universitaria, sino que además concluí dos maestrías y dos diplomados, el tiempo que invertí tanto en las maestrías como en el diplomado fue de ¡12 años! Después de los 4 de mi licenciatura, increíble ¿no es así?

Pero bueno, tengo que aceptar que me gustaba estudiar, aunque lo que no disfrutaba tanto era la interacción con los demás, me provocaba ansiedad, siempre me consideré una persona tímida, introvertida y penosa.

Esta situación continuó en mi vida profesional, los primeros trabajos que tuve, en realidad los padecí y en todo ese tiempo nunca supe exactamente lo que me pasaba, pensaba que algo estaba mal conmigo, que era diferente a los demás y que seguramente, aunque mi desempeño académico era bueno, finalmente no era tan inteligente, me sentía insegura, dudaba de mí y no me gustaban los cambios.

Hace 25 años más o menos estuve quizá en mi peor crisis, mis niveles de ansiedad se incrementaron a tal grado que decidí renunciar a mi trabajo, ingenuamente pensaba que si lo hacia me sentiría mejor, decidí empezar a trabajar como psicoterapeuta y así lo hice, por supuesto que el cambio no hizo más que acelerar mis síntomas y terminé consultando a un neurólogo que después de hacerme varios estudios me diagnóstico una depresión ansiosa endógena, es decir que el padecimiento con el que había vivido toda mi vida era algo heredado por alguno de mis padres, después de investigar al respecto, concluí que había sido de mi padre, aunque no lo recuerdo realmente triste si puedo decir que era una persona irritable y aprehensiva y en ocasiones recuerdo que me decía que se sentía triste y realmente no sabía por qué.

En fin, fue bueno descubrir y poder nombrar mi estado de ánimo y lo que siguió después fue tomar medicamento por dos años, me ayudó bastante en verdad, pero desde entonces no lo he vuelto a tomar, porque en realidad ya no lo necesito.

Como lo mencioné en mi blog “Antes y Después de la Meditación”, hace aproximadamente 6 años empecé a meditar y creo que la meditación me ha ayudado enormemente a controlar tanto mis periodos de tristeza como de ansiedad.

La depresión como quizá muchos de ustedes sepan, es un padecimiento que se ha incrementado enormemente, un alto porcentaje de la población la padece.

CLASIFICACIÓN

Existen diferentes tipos de depresión:

1. Endógena

La depresión endógena forma parte del equipaje con el que llegamos al mundo, nacemos con ella porque la heredamos, como en mi caso, es un desequilibrio en la química de nuestro cerebro y esto nos provoca que nos sintamos tristes, desmotivados, apáticos y en ocasiones ansiosos, la tendencia cuando no sabemos que la tenemos es buscar en nuestra vida alguna circunstancia que creemos la esté provocando y seguramente encontraremos muchas a quienes echarle la culpa, pero una vez que descubrimos que no tiene que ver con causas externas sino más bien internas, necesitamos aprender a vivir con ella y encontrar las formas de manejarla, ayuda mucho conocer qué cosas nos hacen sentir mal para evitarlas y que cosas nos hacen sentir bien para buscar repetirlas e integrarlas en nuestra vida, en mi caso me hace sentir mal tener una vida sedentaria, aislarme, dormir poco, comer en exceso y lo que me hace sentir bien es el ejercicio, bailar, la yoga, la meditación, principalmente.

2. Circunstancial

Está provocada por algún evento que sucede en nuestra vida ya sea la pérdida de un ser querido, la pérdida de una relación (por separación o divorcio), la pérdida de trabajo o de estabilidad económica, alguna enfermedad terminal o degenerativa o cualquier padecimiento crónico que provoque la pérdida de la salud. En este tipo de depresión si existe un evento que la detona y es importante entender que no está mal sentirnos tristes cuando lo amerita, es nuestra forma de reaccionar ante hechos dolorosos, lo importante es identificarlo y aceptarlo como una respuesta natural de nuestro organismo.

3. Provocada por otro padecimiento o enfermedad

Existen muchos padecimientos físicos que vienen acompañados de síntomas de depresión, por ejemplo, la fibromialgia, problemas de tiroides, alcoholismo, Alzheimer, diabetes, deficiencias nutricionales, e incluso cáncer, entre otras.

Una gran cantidad de las enfermedades que conocemos se presentan primero con síntomas emocionales. Los doctores necesitan determinar si se trata de una enfermedad con síntomas depresivos o de una depresión.

4. Provocada por estrés

El estrés sostenido puede desencadenar una depresión y quizá ni siquiera nos demos cuenta de ello, es probable que ante situaciones de mucha presión tanto interna como externa, empecemos a sentirnos desmotivados, apáticos, quizá demasiado ansiosos o irritables.

Cuando padecemos estrés liberamos adrenalina y cortisol y el cortisol es una sustancia que está asociada con la depresión.

Es muy común que ni siquiera nos demos cuenta de lo mucho que afectamos a nuestro organismo cuando lo sometemos a presiones internas y/o externas, no pensamos que el estar todo el tiempo bajo períodos intensos de ansiedad y sin descansar adecuadamente puede a la larga desencadenar un problema de desequilibrio emocional como la depresión.

5. Actitud depresiva

Estamos hablando de la depresión que se genera por nuestra forma de pensar, cuando somos negativos, cuando solo vemos el lado malo de las cosas, cuando somos pesimistas. Este puede ser un estilo de funcionamiento aprendido, sin embargo, la tendencia de la mente a pensar de manera negativa es una característica de la depresión que está presente también en las 4 formas mencionadas anteriormente.

Siempre tenemos dos opciones a la hora de percibir la realidad, como cuando hablamos del vaso medio lleno o medio vacío, o cuando pensamos que todo lo que nos pasa es una tragedia o bien que todo lo que nos sucede es un milagro o una oportunidad, depende del tipo de pensamientos con los que elegimos conectarnos, tiene que ver con nuestro aprendizaje y es difícil que nos demos cuenta que somos nosotros quienes nos provocamos sentimientos de desesperanza y depresión.

¿Qué podemos hacer para manejar la depresión?

Primero que nada, necesitamos identificarla y dar importancia a nuestros síntomas, por ejemplo, dificultad para disfrutar de las cosas, tendencia a aislarnos, comer en exceso o dejar de comer, irritabilidad, deseos de llorar todo el tiempo, cansancio extremo y ganas de dormir durante el día, dificultad para concentrarnos, para ejecutar y para tomar decisiones, pensamientos de culpa, devaluación o desesperanza.

Una vez identificados los síntomas, acudir al médico para tener un diagnóstico que nos permita saber cuál es el tipo de depresión que tenemos o si es consecuencia de otro padecimiento.

Si se trata de una depresión provocada por una pérdida, no sentirnos mal por estar deprimidos, aceptar que es un proceso natural y solo tener cuidado de que no dure por más de 6 meses y si el sufrimiento nos incapacita, buscar atención médica y psicológica, no es necesario vivir el padecimiento en soledad cuando podemos contar con ayuda profesional.

Aprender a manejar nuestro estrés y para ello te sugiero que, si no lo haz hecho aún, bajes el PDF gratis que elaboré para ti, en este documento no solo te hablo de algunas actividades que pueden ayudarte a disminuir el estrés, sino que también, te explico cómo aprender a manejar tus pensamientos te puede permitir regular tus emociones lo cual puede ser de gran ayuda si has identificado que tu depresión es más bien una actitud depresiva, o incluso si es de otro tipo, porque aunque la causa sea otra, siempre podemos ayudarnos adoptando una actitud positiva, si la situación por la que pasamos ya es complicada ayuda mucho no complicarla más con pensamientos negativos e ideas pesimistas.

Aprender a meditar puede ser también un excelente recurso para poder controlar la depresión, en el PDF incluyo la meditación como una estrategia valiosa y te explico brevemente en que consiste y cómo realizarla, al meditar aprendemos a controlar nuestros pensamientos, pero además nos damos cuenta de que estamos pensando y reconocemos el tipo de pensamientos que pasan por nuestra mente, y cómo pensar de esa manera nos hace sentir, cambiar este hábito requiere primero de darnos cuenta, ser conscientes y eso lo vamos logrando con la práctica de la meditación.

CONCLUSIÓN

La depresión es el mal de nuestra época, pero no tiene que seguir siendo así, nuevamente te sugiero buscar ayuda profesional, es muy fácil permanecer en un estado de malestar y no salir de ahí porque pensamos que es normal, y lo más triste es que nos acostumbramos a sentirnos mal, sobre todo cuando padecemos depresión solemos pensar que no hay esperanza para nosotros, pero piensa en lo diferente que sería tu vida si no te sintieras deprimido y/o ansioso, piensa en todo lo que podrías hacer, tómate unos minutos para reflexionar al respecto: ¿Qué harías si no te sintieras triste y desalentado? ¿En qué proyectos te involucrarías? ¿Cómo desempeñarías tu trabajo? ¿Cómo te relacionarías contigo mismo y con los demás?

La responsabilidad de tu salud mental y emocional está en ti, aprende a sentirte bien aún a pesar de las circunstancias que la vida te presente y recuerda que no hay ninguna razón que justifique que uno se sienta mal, necesitamos encontrar la causa de nuestro malestar y hacer lo que sea necesario para erradicarlo, o hacerlo más llevadero, estoy de acuerdo en que la vida a veces nos confronta con situaciones difíciles ante las cuales lo único que podemos hacer es elegir la actitud con la que la vamos a vivir. La solución está en ti.

Y ahora dime: ¿Cuál es el primer paso que vas a tomar para sentirte mejor? Compártelo y recuerda que, si necesitas ayuda, puedes ponerte en contacto conmigo.

Silvia

¿TERAPIA YO?

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Vuélvete un observador de tus propios pensamientos y de las acciones que esos pensamientos provocan...
— Marcus Aurelius

En mi trabajo como terapeuta me he encontrado con que nunca es fácil tomar la decisión de buscar ayuda, aún a pesar de que en ocasiones nos encontramos en situaciones realmente difíciles, de mucho sufrimiento, desgaste, desesperación, preferimos dejarlo para después anhelando que con el tiempo mejoraremos, en ocasiones es así, pero la mayoría de las veces la situación empeora.

Cuando finalmente nos decidimos ya llevamos varios años afectando nuestra salud, nuestras relaciones, incluso nuestra economía, porque estoy convencida de que difícilmente podemos funcionar adecuadamente si estamos en medio de un conflicto emocional o interpersonal.

¿Por qué esperamos tanto?

Generalmente es porque nos ocupamos en otras cosas, en ocasiones evadiéndonos con la comida, el cigarro, el alcohol, las drogas, las compras, los videojuegos, Netflix, en fin, cualquier cosa que logre adormecernos para no pensar, para no sentir, para no tener que decidir.

Otra excusa que ponemos es que no tenemos los recursos económicos para invertir en un proceso terapéutico y quizá sea así, pero creo que deberíamos preguntarnos: ¿Qué es más importante para nosotros que nuestra salud mental y emocional? ¿Cómo podemos ser realmente productivos si no nos sentimos bien?

Creemos que estamos ahorrando y que es mejor no tener ese gasto, pero el precio que pagamos por no hacerlo es mucho mayor, las consecuencias a nivel físico, laboral, social pueden ser graves, como la pérdida del trabajo, la enfermedad, la separación.

¿Qué hacer?

Quizá no hemos podido librarnos del temor o la vergüenza que implica acudir con un terapeuta, pero déjame decirte por qué invertir en tu salud mental y emocional es tan importante.

¿Te imaginas que un día te despiertes sintiendo que tienes el control de tu vida?

¿Un día en el que te des cuenta de que no eres víctima de tus circunstancias?

¿Un día en donde te puedas sentir en equilibrio y que eso te permita tener una mejor relación con los demás?

¿Un día en que te sientas lleno de energía y seas más productivo?

¿Un día en que disfrutes de tu vida y agradezcas todo lo que tienes?

Todo esto es posible, la buena noticia es que no tenemos que permanecer en un estado de sufrimiento y desgaste, pensando que cuando cambien las circunstancias nos sentiremos mejor.

Trabajar en tu salud mental implica reconocer que uno es el único responsable de sus emociones porque ellas son resultado de nuestros pensamientos, identificar cuáles son esos pensamientos que constantemente se apoderan de nosotros requiere de tiempo, de reflexión, cuando nos damos cuenta de que lo que pensamos es algo que aprendimos y nunca cuestionamos, pero que no necesitamos seguirlo pensando si al hacerlo sufrimos o tenemos comportamientos inadecuados, es realmente un alivio.

Invertir en ti no solo te beneficia a ti, también a las personas que te rodean.

Aprender a manejar tu mente y por consecuencia tus emociones y tus conductas, te permite tener una vida más tranquila, alegre, te ayuda a manejar tu enojo, tu ansiedad, tus miedos, tus frustraciones. Es posible tener una mejor vida, pero no por las razones que nos han enseñado o hemos aprendido.

¿Qué es una mejor vida?

Una mejor vida no se logra porque las personas con las que vivimos nos tratan bien y cumplen todas nuestras expectativas, tampoco se logra porque cambiamos de trabajo, de pareja, de ciudad, tampoco por viajar más o comprar más cosas; eso no necesariamente nos produce bienestar permanente, quizá solo momentáneo, incluso podemos ver infinidad de ejemplos en donde a pesar de tener las mejores circunstancias la gente vive deprimida o angustiada.

Una mejor vida es aquella en donde logramos tener un equilibrio emocional, lleno de emociones positivas, una mejor vida se logra cuando entendemos que si cambiamos nuestra manera de pensar cambiaran también nuestras emociones y por consecuencias nuestro comportamiento, es una vida en donde lograremos realmente tener los resultados que anhelamos en todas las áreas de nuestra vida.

En la terapia emprendemos un proceso en el que cambiamos nuestras emociones cambiando nuestra manera de pensar, algo de lo que se ha escrito e investigado demasiado, desde las teorías filosóficas más antiguas incluyendo la filosofía budista, hasta los enfoques psicológicos más contemporáneos.

Una mejor vida depende de lo que hacemos con nuestros pensamientos y eso está directamente relacionado con nosotros, no depende de nadie más, por lo mismo nos da poder y nos libera de las circunstancias externas que siempre son impredecibles.

Una mejor vida no es una vida libre de sufrimiento porque no podemos evitar que sucedan situaciones difíciles, pero podemos aprender a estar en paz y aceptar que las circunstancias negativas forman parte de nuestra existencia.

Conclusiones

Aceptar esta intangibilidad de nuestros pensamientos, con su falta de realidad, puede liberarnos del sufrimiento y la angustia.
— Pema Chödrön

Necesitamos aprender a manejar nuestras emociones para tener una madurez e inteligencia emocional que nos permita tener la calidad de vida que deseamos.

Ser conscientes de los pensamientos que elegimos tener y de los resultados que obtenemos con ellos.

Entender nuestra mente para poder hacernos responsables de lo que generamos.  

Cuestionar los conceptos y las ideas que hemos mantenido hasta ahora.

Dejar de depender o controlar las circunstancias externas para ser felices.

Encontrar lo que internamente nos puede producir ese nivel de bienestar.

No se trata de estar bien “por” lo que nos sucede, sino más bien estar bien “para” lo que suceda.

Y finalmente invertir en nosotros y considerarlo como la mejor inversión.

¿Estás listo/a para trabajar en ti?

Silvia

ENCONTRANDO LUZ EN LA OSCURIDAD

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Del sufrimiento han de emerger las almas más fuertes, los personajes más grandes estaban llenos de cicatrices.
— Kahlil Gibran

A lo largo de nuestra vida, no podemos evitar enfrentar situaciones que nos generan sufrimiento: una separación, el engaño, la traición, la muerte de un ser querido, una enfermedad terminal, un padecimiento crónico, la lista puede ser interminable, así es, y es algo que no podemos evadir, nada nos puede salvar de tener que enfrentar alguna circunstancia que nos rompe la aparente estabilidad que tenemos en nuestras vidas, y digo aparente porque difícilmente esa estabilidad permanece por siempre. La vida es cambio y en ocasiones esos cambios que vivimos nos ponen a prueba. Lo interesante es entender que siempre hay un antes, un durante y un después de ese evento.

Es difícil decir cual de todos esos sucesos es el peor que nos pudiera pasar porque para cada uno de nosotros la vivencia es diferente y cuando estamos experimentando una tragedia, nada puede resultar alentador, escuchar que otros han pasado por lo mismo que estamos pasando nosotros no es siempre la mejor receta para aliviar nuestro dolor.

Yo también como todos he estado ahí, preguntándome por qué, tratando de entender quién o qué dirige nuestras vidas, y en mi búsqueda he encontrado algunas respuestas que me han ayudado a aligerar la carga.

Primero que nada, la vida es sufrimiento y pelearnos porque pensamos que eso no nos debería suceder a nosotros es lo que nos produce más sufrimiento, en la vida hay muchas cosas que están dadas, es decir, que no dependen de nosotros, simplemente están ahí, como en el caso de la muerte o la enfermedad, y la única opción que tenemos es elegir cómo lo vamos a vivir, somos nosotros con nuestros pensamientos los que nos generamos dolor, más allá de lo devastador que pueda resultar una realidad, es finalmente el significado que elegimos darle lo que va a determinar nuestro sufrimiento.

En fin, pareciera ser que, aunque no podemos evadirnos de esas crudas realidades, si podemos elegir de qué manera las vamos a enfrentar, es decir, cómo vamos a responder a ellas una vez que han sucedido.

Podemos, por ejemplo, aceptar la realidad, entender que hay cosas que no dependen de nosotros y abandonar la idea de que no debiéramos sufrir. Cuando aceptamos la realidad por difícil que sea, podemos elegir en qué enfocar nuestra atención, elegir qué vamos a hacer con nuestro sufrimiento y aunque parezca extraño quizá sería mejor preguntarnos:

¿Qué me ofrece esta situación?

¿Qué puedo aprender de ella?

¿Cuál es la oportunidad aquí? (Las crisis siempre vienen acompañadas de una oportunidad, aunque nos sea difícil verla)

¿Cómo puedo usar este hecho para hacerme más fuerte?

¿Cómo quiero presentarme ante esto?

¿Elijo ser una víctima, auto compadecerme, lamentarme o continuar con mi vida?

¿Elijo actuar desde el miedo, o desde el amor?

¿Permanezco enojado/a o resentido/a, o me libero a través del perdón?

¿Cuál es el significado que le voy a dar a este hecho?

Estas preguntas nos llevan a reflexionar, nos piden detenernos a pensar, nos ayudan a ver el otro lado de la moneda, nos conectan con una sensación de alivio, de esperanza. Las cosas no nos pasan “a” nosotros, pasan “para” nosotros y ese “para” es el que tenemos que descubrir.

¿Para qué tenemos que vivir tal o cual circunstancia?… El medio para explorarlo puede ser la terapia y la meditación.

A través de la terapia podemos realizar el proceso de reflexión en compañía de un profesional y descubrir cómo todo va adquiriendo un sentido, enfrentamos nuestro enojo, nuestra tristeza, aliviamos nuestro dolor, en un espacio en donde nos sentimos apoyados, entendidos y con las herramientas necesarias para elegir el camino que tomaremos en nuestra vida a partir de ese hecho. Transformando el sufrimiento, creciendo, trascendiendo.

Al meditar trabajamos con nuestra mente, nos damos cuenta de cuáles son nuestros pensamientos, encontramos ese espacio de silencio que nos permite conectarnos con nuestras emociones, estabilizamos nuestro corazón y nos encaminamos hacia el amor y la compasión descubriendo que no necesitamos hacer más, solo detenernos, soltar, esperar y confiar que tarde o temprano veremos esa luz en nuestro camino.

¿Qué significado eliges dar a tu experiencia?

Silvia

SI CAMBIO YO... TODO CAMBIA

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Mientras uno crea que sus problemas son causados por una fuerza o agencia exterior a uno mismo, la terapia no podrá ser eficaz. Si después de todo, el problema reside allá afuera, entonces ¿para qué va uno a cambiarla?
— Irvin D. Yalom

A lo largo del tiempo que llevo trabajando como terapeuta, he encontrado que la necesidad de cambiar es quizá el principal tema con el que llegan mis pacientes a consulta.

A pesar de que la vida es un constante cambio, pareciera que cuando se trata de nosotros, el cambio no parece ser tan natural ni espontáneo, de hecho, incluso cuando tenemos que enfrentar un cambio, surge en nosotros una gran resistencia, sentimos incomodidad, temor, ansiedad, nos aferramos a querer estar como antes, nos sentimos extraños y generalmente tendemos a evitarlo.

Cuando se trata de nuestra propia vida, el cambio se convierte en un anhelo que con frecuencia nos genera mucha frustración. Queremos por ejemplo que nuestros padres cambien, o que cambien los hijos, que cambien nuestros maestros, nuestros jefes, nuestros amigos, nuestra pareja, nos escuchamos decir: “si tan solo él/ella cambiara, las cosas serían totalmente diferentes”, nuestro deseo está basado en la idea de que cuando los demás dejen de ser como son y sean como nosotros queremos entonces nos sentiremos bien, lo cual, para nada es cierto, porque nuestro bienestar depende de nosotros, no de los demás.

Y si es así, a la única persona que podemos cambiar es a nosotros mismos, y es justo ahí en donde está el reto, porque a pesar de que sabemos que nuestra forma de comportarnos no es la mejor, que reaccionar como lo hacemos nos genera malestar, no solo con nosotros mismos sino también con los demás, dar el siguiente paso, modificar ese comportamiento no resulta ser tan sencillo, quizá si comprendiéramos eso nos sería más fácil aceptar a los demás como son y no intentar cambiarlos.  Pero regresando a nosotros: ¿es posible cambiar? ¿basta con querer cambiar para lograrlo? ¿qué tenemos que hacer para cambiar?

Bueno, el cambio es un proceso que requiere primero que nada de la disposición y la intención a cambiar, y esa surge cuando nos damos cuenta de que ese comportamiento que queremos modificar nos hace más mal que bien, tenemos entonces que identificar por qué pensamos que nos hace mal, cuáles son las consecuencias que produce en nuestra salud, nuestras relaciones, en nuestra vida, y también identificar todas las excusas que con el tiempo hemos elaborado para justificarnos cada vez que tenemos el comportamiento indeseado. Asumir la responsabilidad de cambiar implica abandonar los argumentos falsos que lo sostienen, tales como decir: “así nacimos”, “fue lo que nuestros padres nos enseñaron”, “es parte de nuestro carácter”, “es nuestra naturaleza”, etc.

Necesitamos ser conscientes de que esa conducta es la que estamos eligiendo tener, quizá porque no conocemos otra forma de reaccionar, somos nosotros quienes elegimos tenerla, no es consecuencia de lo que nos hacen los demás o de las circunstancias.

Una vez que somos conscientes, necesitamos entender qué es lo que nos impulsa a actuar así, qué es lo que detona nuestra conducta: ¿es acaso un pensamiento? ¿un sentimiento? ¿es porque estamos cansados? ¿es porque tuvimos un mal día?

Si trabajamos en ello, si lo hacemos nuestra prioridad, si nos dedicamos a encontrar la solución y progresamos poco a poco, lograremos ser la persona que queremos ser.

Recuerda que el camino hacia el cambio es largo y por lo mismo, más fácil de recorrer si lo haces acompañado de un profesional.

¿Cuál es esa conducta que te gustaría cambiar?

Silvia