Meditación

AMÁNDONOS EN LIBERTAD

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Influidos por los criterios de la conciencia colectiva preferimos pensar en una vida de pareja estable, en lugar de asumirla como un camino de trabajo constante; preferimos pensar que nos proporcionará paz permanente, y no como un proceso de desarrollo.
— Luis José Ubando

¿Te imaginas encontrarte un día disfrutando plenamente de tu relación, enfocándote en cada momento de tu vida que compartes con tu pareja desde el amor incondicional, aceptando a tu pareja como es, sin sentir que necesita convertirse en alguien más para que te sientas feliz…?

A eso me refiero con amar en libertad, nos liberamos de nuestras demandas, de nuestras fantasías, de nuestras expectativas, nos liberamos de nuestros resentimientos, de nuestros enojos, de nuestras frustraciones y apreciamos la relación que tenemos como algo valioso, porque en verdad es así, es valiosa porque está viva, porque es real, porque nos permite superarnos cada día, ser mejores personas, madurar y compartir la vida juntos.

La Meditación y el Amor

A lo largo de este camino que hemos recorrido juntos, en cada uno de mis últimos tres blogs, he mencionado que la meditación nos entrena para estar más en contacto con nosotros mismos, con nuestra mente, con nuestras emociones, nos ayuda a conocernos y apreciar lo que tenemos con otros ojos.

La práctica de la meditación nos enseña a soltar, cuando meditamos dirigimos nuestra atención a la respiración, y al hacerlo nos ubicamos en este momento, cuando nuestra mente empieza a divagar, soltamos el pensamiento, lo dejamos ir y suavemente regresamos nuestra atención a la respiración… así de sencillo, aunque lograrlo es un gran reto porque nuestra mente está acostumbrada a ir de un lado a otro sin ningún control.

Meditar no solo nos ayuda a reducir el estrés o mejorar nuestra capacidad de prestar atención, es también un camino al amor… nos entrena a permanecer con lo que es y eso es esencial cuando hablamos del amor.

Entrenamos para estar aquí, con nuestra humanidad plena, apreciando nuestros dones y aceptando nuestras confusiones, solo así podemos aproximarnos al otro sin miedo a sentirnos vulnerables, sin necesidad de tener escudos para protegernos.

La meditación nos proporciona un espacio y es en ese espacio en donde podemos recibir, y lo que recibimos es: amor, sabiduría, creatividad, autoconocimiento, inspiración. Nos permite tener la habilidad para permanecer con la incertidumbre, que como dije anteriormente es algo que enfrentamos constantemente en nuestra relación y en la vida.

Ahora bien, en la meditación desarrollamos tres aspectos importantes que también pueden aplicarse al amor.

A) Precisión

Al meditar dirigimos nuestra atención a un objeto, en el caso del Mindfulness nuestra atención se dirige solo a la respiración y todo lo demás se considera pensamiento por lo que la idea de precisión es regresar una y otra vez a la respiración, cada vez que nuestra mente se distrae.

En nuestra relación la precisión se traduce en el CUIDADO, es decir la atención que ponemos en nuestras palabras y acciones y en como estas impactan a nuestra pareja. Darnos cuenta de como lo que decimos y hacemos se puede traducir en buenos modales o en el interés que ponemos en lo que para nuestra pareja es importante, sus preferencias, algo que es simple pero muy poco común.

Cuando decidimos de manera consciente poner atención en el otro, manifestar que nos importa, pensar en él/ella, será fácil cultivar una buena relación.

La precisión también tiene que ver con la honestidad y la responsabilidad, qué tan honestos somos con nuestra pareja, como asumimos la responsabilidad de lo que hacemos y decimos a nuestra pareja. Todo esto es importante si deseamos construir una relación verdadera.

Si no hay honestidad en una relación, nuestros corazones permanecerán cerrados, sintiéndose amenazados constantemente y no podemos construir una relación sobre esas bases.

B) Apertura

Cuando meditamos nos abrimos a lo que surja, no tratamos de cambiar ni manipular nada, todo es bien venido, tanto lo bueno como lo malo.

Cuando logramos precisión, honestidad y responsabilidad en nuestra relación, la apertura surge de forma natural, porque hay confianza, porque no hay razón para protegernos, abrimos nuestro corazón y descubrimos que la otra persona es tan importante como uno y somos capaces entonces de construir un “nosotros”.

C) Ir más allá

Ir más allá en la práctica de la meditación implica soltar todas las expectativas e ir disfrutando de lo que va sucediendo en la medida en que vamos avanzando más y más en el dominio de la técnica.

Lo mismo sucede en la relación, a medida que avanzamos y cultivamos el cuidado, la honestidad, la responsabilidad y la apertura nos vamos sumergiendo en un mar que no tiene ni principio ni final y aprendemos a soltar cualquier expectativa confiando en que sabremos navegar juntos independientemente de lo que suceda en el camino.

Ir más allá implica profundizar en la intimidad, abandonamos, como dije antes, el anhelo de cambiar al otro y nos enfocamos en conocernos uno al otro.

Mantener una relación a lo largo del tiempo es un misterio, es ir descubriendo el amor a cada momento, descubrir la magia de compartir tu vida con otra persona, creando y cuidando un mundo juntos. Lo cual no significa que el camino será seguro, porque como ya lo había mencionado antes, el amor está siempre uniéndonos y separándonos.

El Camino Hacia el Amor

En la filosofía budista se habla del Camino Noble de ocho pasos, en el libro de S. Piver, este planteamiento se aplica al amor de la siguiente manera:

1.       Visión Correcta

Se refiere a mirar al otro sin proyectar en él/ella nuestros juicios, creencias, etiquetas. Implica darnos cuenta de cuando lo estamos haciendo y abandonar esa actitud que lo único que hace es alejarnos de la persona que tenemos enfrente.

2.       Intención Correcta

La intención se refiere a la razón por la que hacemos las cosas, por qué decidimos estar en una relación, la intención correcta en este caso no es porque queremos ser amados sino porque queremos amar, con solo ese ligero cambio en nuestra intención las cosas se modifican de manera sorprendente, porque la razón no depende del otro sino de mí.

La intención correcta en una relación es dar desde el corazón, dar amor, cuidado, dar compasión, sentir el dolor del otro, sentir su felicidad y mantener la ecuanimidad.

3.       Discurso Correcto

Cómo nos comunicamos con nuestra pareja, es decir, cómo le hablamos, cómo la escuchamos. El discurso correcto parte de la visión correcta y de la intención correcta, mencionadas arriba. Si me atrevo a mirar al otro como es y mi intención en la relación es dar lo mejor de mí será fácil cuidar mi discurso.

Cuando ponemos cuidado en la manera en que nos comunicamos con nuestra pareja es posible establecer un nivel mayor de conexión e intimidad.

Necesitamos cuidar lo que decimos, la forma en que lo decimos, cuando lo decimos, como escuchamos y que tan capaces somos de responder a lo que nos dicen de manera responsable, sin mentir, empezando por ser honestos con nosotros mismos; sin dividir, culpando o lastimando al otro; sin un discurso inútil, hablar por hablar.

Implica usar las palabras como un puente, no como una barrera que nos separe. Una habilidad en muchas ocasiones poco desarrollada pero esencial cuando queremos construir una buena relación.

4.       Acción Correcta

Ser una persona decente todo el tiempo, no solo cuando alguien nos está viendo. Alguna vez se han imaginado que pasaría si en medio de una discusión alguien los estuviera observando, se atreverían a reaccionar como lo hacen, insultando, agrediendo, humillando, golpeando; lo más probable es que no. Solemos ser prudentes cuando nos sentimos observados, pero cuando no es así, nos permitimos actuar de forma impulsiva, sin importar si terminamos afectando al otro.

La acción correcta se refiere a no lastimar, no hacer daño, no robar, no mentir, no abusar de los demás. No solo cuando pueden “cacharnos” sino todo el tiempo.

Lastimamos al otro cuando nos sentimos dolidos y entonces primero tenemos que empezar por nosotros, reconocer nuestro dolor o nuestro enojo antes de actuarlo ofendiendo a la pareja.

5.       Vivir Correctamente

Como cuidamos el espacio que compartimos, no vivir en el caos y tener una buena salud financiera, es decir no gastar más de lo que tenemos.

El espacio que compartimos es el lugar en donde vive nuestra relación y necesitamos cuidarlo, entre más lo hagamos menos obstáculos para nuestra relación encontraremos.

6.       Esfuerzo Correcto

Implica trabajar todos los días en cada uno de los 5 puntos anteriores, si queremos construir una buena relación tenemos que poner atención en estos aspectos todo el tiempo, sin importar si las cosas van bien o no en nuestra relación, siempre podemos profundizar en nuestra capacidad de amar y ser amados.

7.       Atención Correcta (Mindfulness)

Estar conscientes tanto de la forma como del fondo de lo que sentimos, eso nos permite darnos cuenta de lo que sentimos y de lo que puede estar experimentando nuestra pareja. Estar plenamente conscientes o tener la atención plena a lo que sucede en el espacio que compartimos juntos puede resultar una experiencia de aprendizaje muy enriquecedora.

8.       Asimilación Correcta

La asimilación correcta implica estabilizar tanto nuestra capacidad de atención plena en el presente, como la capacidad de darnos cuenta, no solo observamos por observar, sino que vamos un paso más adelante intentando tener una mayor comprensión de lo que sucede.

Cuando somos capaces de atender a nuestra pareja, a nosotros mismos y al momento presente, estamos viviendo en el amor mismo.

CONCLUSIONES

La meditación... no es solo un camino para reducir el estrés o mejorar el rendimiento. Es un camino al amor.
— Susan Piver

Amar a alguien y decidir hacer una vida juntos requiere de mucho valor, cuando nos atrevemos a involucrarnos tenemos que deshacernos de nuestros miedos y mostrar nuestra vulnerabilidad. No es fácil y por eso en ocasiones nos llenamos de escudos que pensamos pueden protegernos de ser lastimados.

Aprender a estar en silencio con nosotros mismos, darnos un espacio para reflexionar acerca de nuestra experiencia, en una palabra, meditar, nos da poder y a la vez nos suaviza con nosotros mismos y con los demás.

La solución para tener una buena relación es estar en paz con nosotros mismos, conocer nuestras fortalezas y debilidades, aceptarnos y querernos como somos y desde ese lugar amar y aceptar al otro.

Así como lo he mencionado una y otra vez, no se trata de que sea nuestra pareja quien se convierta en la persona que soñamos para hacernos felices, nuestra felicidad por el contrario está en amarla tal cual es, y manifestar nuestra aceptación y nuestro amor a cada momento.

No estoy hablando de una relación ideal porque eso no es posible, al involucrarnos nos embarcamos en un mundo lleno de misterios, de subidas y bajadas, de momentos de plena felicidad y de otros de dolor intenso, todo eso forma parte del amor, aprender a abrazar todos esos instantes en toda su intensidad nos permite crecer en el amor, madurar con nuestra pareja y construir una relación a prueba de todo.

Un amor real, no uno basado en una fantasía infantil, y eso es posible, creo que si pudiéramos adoptar esta visión acerca de las relaciones de pareja no viviríamos peleando constantemente por cumplir nuestras demandas, no viviríamos culpando al otro por no darnos lo que queremos, depende de nosotros, primero atrevernos a cambiar nuestra postura acerca del amor y después atrevernos a practicar todo lo que he expuesto en estos últimos cuatro blogs.

Finalmente, quiero expresar mi agradecimiento a Susan Piver por haber expuesto de una manera tan clara y con tanto sentido la postura del amor a partir de los planteamientos de la filosofía budista. A través del recorrido que hice en los últimos blogs intenté resumir lo más verazmente los planteamientos de su libro, por supuesto que coincido enormemente con sus puntos de vista y puedo decir que cada día vivo mi relación a partir de ellos.

¿Te atreves a ponerlos en práctica para comprobarlo?

Silvia García

¿POR QUÉ SUFRIMOS EN LA RELACIÓN?

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En el momento en que tratamos que el amor sea seguro, deja de ser amor. No hay nada menos seguro que el amor.
— Susan Piver

INTRODUCCIÓN

Si la primera verdad acerca del amor es que las relaciones nunca se estabilizan, la segunda verdad nos dice que esperar que las relaciones sean estables es lo que nos genera sufrimiento.

Si la vida es sufrimiento como dice la primera verdad, de acuerdo con la filosofía budista, pretender que no sea así es lo que nos genera sufrimiento.

La idea es darnos cuenta de cómo oponernos a lo que la vida nos muestra, querer que las cosas sean diferentes a como son no solo evita que alcancemos la felicidad, sino que nos genera una enorme frustración que puede traducirse en tristeza, depresión, enojo, emociones que nos roban la tranquilidad y nos dificultan las relaciones con los demás.

LA SEGUNDA VERDAD

Esperar que las relaciones sean estables, es lo que las hace inestables.

Aunque siempre hemos pensado que al encontrar a nuestra pareja ideal habremos encontrado la felicidad, la realidad es que no es así, la felicidad la obtenemos no por lo que nuestra pareja nos brinda para satisfacer nuestras necesidades sino al poner atención en sus necesidades.

Seria bueno reflexionar un poco más sobre este hecho, ¿Qué buscamos al buscar amor? ¿Seguridad, comodidad, protección, confianza, compañía? Suena muy bien, sin embargo, cuando aceptamos que las relaciones son inestables, estamos aceptando sentirnos vulnerables, de nada sirve querer controlar lo que difícilmente puede ser controlado.

Cuando estamos en una relación, entramos en un mundo incierto, desconocido, misterioso… pero a la vez, maravilloso.

Mucha de la incomodidad en nuestras relaciones viene, no solo de nuestros conflictos o desacuerdos, sino de pensar que nuestra felicidad está en función de nuestras posesiones materiales, nuestra ideología, alguna práctica espiritual o de encontrar a tu media naranja. Viene de esperar que surja el amor en vez de ofrecer tu corazón una y otra vez.

No podemos pasarnos el tiempo condicionando el amor a nuestra pareja en la medida en que cumpla con nuestras expectativas y tampoco proyectando en ella el ideal que algún día imaginamos.

¿CÓMO DARNOS CUENTA?

Identificar todas estas creencias, ideas erróneas o mitos acerca de las relaciones de pareja requiere de un nivel de conciencia que pocas veces logramos alcanzar, detenernos y reflexionar acerca de lo que pensamos y de cómo estos pensamientos determinan nuestra forma de relacionarnos requiere de darnos cuenta y aquí nuevamente entra la meditación, específicamente la técnica de mindfulness como aquella que nos permite estar en el presente, y poder identificar cuando estamos reaccionando a nuestra fantasía y no a nuestra realidad. Una vez que somos conscientes entonces podemos elegir a nuestra pareja tal y como es o relacionarnos con la persona que imaginamos debiera ser.

Si nos relacionamos con quien realmente es, entonces podemos establecer una relación madura, mientras que si elegimos la otra opción estamos aferrándonos a una fantasía infantil.

Prestar atención implica sentir, estar conectados, cercanos, en este momento, justo ahora, a cada instante.

¿Y SI NUESTROS CAMINOS SE SEPARAN?

Cuando en la relación nuestros caminos no coinciden, es más fácil estudiar acerca del amor que practicarlo.

Llegar a acuerdos se vuelve más difícil y amenazante. Mantenerse abierto requiere de práctica. La práctica requiere de un contenedor, un lugar o una rutina sin el cual la energía puede disiparse.

En este sentido las relaciones y la práctica de la meditación tienen mucho en común. Es a través de la meditación que podemos aceptar al otro tal y como es, abriendo nuestro corazón a lo que sea.

Como he mencionado anteriormente las relaciones son difíciles y gran parte de su dificultad se debe a que somos diferentes, la solución no es que lleguemos a ser iguales y poder coincidir en todo sino aprender a vivir con nuestras diferencias y enriquecernos con ellas.

CONCLUSIÓN

A manera de conclusión haré referencia a una fábula de Schopenhauer:

“La Parábola de los Puerco espines”

“Era invierno y los animales amenazados de morir decidieron agruparse para evitar el frío, se juntaron lo más cerca que pudieron para calentarse con el calor propio de sus cuerpos, los puerco espines, aislados cada uno en su rincón, tenían frío. Transcurrieron unos días, hasta que se les ocurrió que una buena forma de calentarse sería apretarse unos contra otros. Al acercarse, sintieron un agudo dolor, por las heridas que se producían entre ellos con sus púas, y decidieron alejarse. Al poco tiempo, el frío se tornó insoportable, y volvieron a buscar el calor de los cuerpos amigos. Los pinchazos, les recordaron, que, tratándose de puerco espines, el exceso de cercanía era peligroso. El calor era agradable pero no las heridas que se causaban. Sin embargo, se dieron cuenta que si se aislaban terminarían solos y congelados. Tenían que elegir entre morir solos, por el frío, o aceptar la incomodidad de lastimarse por la cercanía. Decididos, a no dejarse vencer en su lucha contra el frío, se alejaron y se acercaron varias veces, hasta que alcanzaron una distancia óptima, que les permitió estar calentitos, pero sin lastimarse, y así pudieron sobrevivir. Sabiamente estuvieron dispuestos a vivir con las pequeñas heridas causadas por la cercanía de sus compañeros, para poder beneficiarse del calor colectivo.”

Al estar en relación con el otro es inevitable que en ocasiones terminemos lastimándonos, pero al final es mejor estar juntos que vivir apartados de los demás.

Aprender a aceptar nuestras imperfecciones puede ser una exitosa estrategia de supervivencia.

Aún las mejores relaciones no están libres del conflicto, es inevitable que nos lastimemos mutuamente, que nos mal interpretemos, que algunas veces nos rechacemos, que nos aferremos uno al otro, que reaccionemos.

La realidad es que tenemos diferentes necesidades y en ocasiones estas entran en conflicto. Y provocan que terminemos reaccionando no siempre de la mejor manera. 

El conflicto es algo natural, liberarnos de él implica aprender a responder a las heridas que nos provocamos, y dejar que lo que surja sea el fundamento que de alguna forma nos enseñe a cómo profundizar en la conexión, la calidez y el entendimiento.

Lo ideal es que veamos el conflicto como algo que nos es dado y como la puerta que nos conduzca a un profundo despertar cuando estemos dispuestos a prestar atención.

Silvia

 

ENCONTRANDO LUZ EN LA OSCURIDAD

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Del sufrimiento han de emerger las almas más fuertes, los personajes más grandes estaban llenos de cicatrices.
— Kahlil Gibran

A lo largo de nuestra vida, no podemos evitar enfrentar situaciones que nos generan sufrimiento: una separación, el engaño, la traición, la muerte de un ser querido, una enfermedad terminal, un padecimiento crónico, la lista puede ser interminable, así es, y es algo que no podemos evadir, nada nos puede salvar de tener que enfrentar alguna circunstancia que nos rompe la aparente estabilidad que tenemos en nuestras vidas, y digo aparente porque difícilmente esa estabilidad permanece por siempre. La vida es cambio y en ocasiones esos cambios que vivimos nos ponen a prueba. Lo interesante es entender que siempre hay un antes, un durante y un después de ese evento.

Es difícil decir cual de todos esos sucesos es el peor que nos pudiera pasar porque para cada uno de nosotros la vivencia es diferente y cuando estamos experimentando una tragedia, nada puede resultar alentador, escuchar que otros han pasado por lo mismo que estamos pasando nosotros no es siempre la mejor receta para aliviar nuestro dolor.

Yo también como todos he estado ahí, preguntándome por qué, tratando de entender quién o qué dirige nuestras vidas, y en mi búsqueda he encontrado algunas respuestas que me han ayudado a aligerar la carga.

Primero que nada, la vida es sufrimiento y pelearnos porque pensamos que eso no nos debería suceder a nosotros es lo que nos produce más sufrimiento, en la vida hay muchas cosas que están dadas, es decir, que no dependen de nosotros, simplemente están ahí, como en el caso de la muerte o la enfermedad, y la única opción que tenemos es elegir cómo lo vamos a vivir, somos nosotros con nuestros pensamientos los que nos generamos dolor, más allá de lo devastador que pueda resultar una realidad, es finalmente el significado que elegimos darle lo que va a determinar nuestro sufrimiento.

En fin, pareciera ser que, aunque no podemos evadirnos de esas crudas realidades, si podemos elegir de qué manera las vamos a enfrentar, es decir, cómo vamos a responder a ellas una vez que han sucedido.

Podemos, por ejemplo, aceptar la realidad, entender que hay cosas que no dependen de nosotros y abandonar la idea de que no debiéramos sufrir. Cuando aceptamos la realidad por difícil que sea, podemos elegir en qué enfocar nuestra atención, elegir qué vamos a hacer con nuestro sufrimiento y aunque parezca extraño quizá sería mejor preguntarnos:

¿Qué me ofrece esta situación?

¿Qué puedo aprender de ella?

¿Cuál es la oportunidad aquí? (Las crisis siempre vienen acompañadas de una oportunidad, aunque nos sea difícil verla)

¿Cómo puedo usar este hecho para hacerme más fuerte?

¿Cómo quiero presentarme ante esto?

¿Elijo ser una víctima, auto compadecerme, lamentarme o continuar con mi vida?

¿Elijo actuar desde el miedo, o desde el amor?

¿Permanezco enojado/a o resentido/a, o me libero a través del perdón?

¿Cuál es el significado que le voy a dar a este hecho?

Estas preguntas nos llevan a reflexionar, nos piden detenernos a pensar, nos ayudan a ver el otro lado de la moneda, nos conectan con una sensación de alivio, de esperanza. Las cosas no nos pasan “a” nosotros, pasan “para” nosotros y ese “para” es el que tenemos que descubrir.

¿Para qué tenemos que vivir tal o cual circunstancia?… El medio para explorarlo puede ser la terapia y la meditación.

A través de la terapia podemos realizar el proceso de reflexión en compañía de un profesional y descubrir cómo todo va adquiriendo un sentido, enfrentamos nuestro enojo, nuestra tristeza, aliviamos nuestro dolor, en un espacio en donde nos sentimos apoyados, entendidos y con las herramientas necesarias para elegir el camino que tomaremos en nuestra vida a partir de ese hecho. Transformando el sufrimiento, creciendo, trascendiendo.

Al meditar trabajamos con nuestra mente, nos damos cuenta de cuáles son nuestros pensamientos, encontramos ese espacio de silencio que nos permite conectarnos con nuestras emociones, estabilizamos nuestro corazón y nos encaminamos hacia el amor y la compasión descubriendo que no necesitamos hacer más, solo detenernos, soltar, esperar y confiar que tarde o temprano veremos esa luz en nuestro camino.

¿Qué significado eliges dar a tu experiencia?

Silvia

ANTES Y DESPUÉS DE LA MEDITACIÓN

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Suspender deliberadamente toda actividad externa y sentarte o abrirte, quizá por primera vez, a la quietud interior...
— Jon Kabat-Zin

Hace tiempo escuché el término Mindfulness y sus aplicaciones en la terapia, la verdad era desconocido para mí, así que lo investigué y descubrí que se trataba de un tipo de meditación secular, descubrí también que la meditación era un modo de entrar en contacto con uno mismo de una manera más profunda, sin embargo, la forma de hacerlo y sus aplicaciones en la terapia eran un misterio para mí.

Conforme pasaba el tiempo, empecé a escuchar con más frecuencia acerca del término y decidí aprender a hacerlo, el resultado fue asombroso, puedo decir que, desde el principio, descubrí que meditar no significa tener la mente en blanco, lo cual fue un alivio, pues siempre pensé que lograr eso era prácticamente imposible, descubrí también que era algo muy sencillo, las instrucciones eran bastante simples, pero a la vez algo muy profundo.

Al principio era difícil encontrar un espacio para meditar y en ocasiones hacerlo me ponía más ansiosa, en vez de tranquilizarme, pensaba que tenía muchas cosas importantes que hacer y que permanecer en silencio durante 10 minutos era una pérdida de tiempo, pero decidí comprometerme con ello porque entre más leía acerca de sus beneficios más convencida estaba de que sería algo bueno. Ahora, después de cuatro años de realizar una práctica diaria de meditación, puedo decir que incluso lo que leí se queda corto.

Siempre, me consideré una persona ansiosa, la ansiedad formaba parte de mi vida y me había acostumbrado a ella, por supuesto me limitaba en muchas formas, pero aprendí a no hacerle mucho caso, el estrés, también estaba presente, lo cual no es extraño porque siempre he pensado que forma parte de la experiencia humana.

Ahora la ansiedad está ausente, y les puedo decir que es una sensación extraña, en ocasiones me detengo a observarme, buscando esa inquietud interna y no la encuentro, lo cual ha sido maravilloso y me ha llenado de alegría. Mi vida no ha cambiado mucho, las situaciones estresantes y las dificultades siguen surgiendo, pero no me afectan de la misma manera.

El Mindfulness, nos conecta con el momento presente, al practicarlo, de lo que se trata es de prestar atención intencionadamente y sin críticas a nuestra experiencia, tal cual es. Buscar un objeto en el cual enfocar nuestra atención, de ahí el término "Mindfulness", que significa atención o conciencia plena, en este caso el foco de nuestra atención es la respiración, algo que hacemos todo el tiempo, pero que, al sentirla de manera consciente, nos permite experimentar calma y tranquilidad.

Suena fácil, pero en realidad no lo es, aprenderlo me llevó varios años, nuestra mente está todo el tiempo pensando y comúnmente nuestra atención está ahí, siempre en nuestros pensamientos, a veces recordando cosas del pasado, otras anticipando cosas del futuro, otras juzgando situaciones del presente y muchas más criticándonos a nosotros mismos o comparándonos constantemente, no es de extrañar que precisamente por eso perdamos nuestra tranquilidad, si la mente está en el pasado, nos deprimimos, enojamos, estamos resentidos; si está en el futuro, nos angustiamos, sentimos temor; si nos criticamos o juzgamos,  nos enojamos con nosotros mismos o nos sentimos inseguros. Ahora imaginen que por un momento nuestra atención se vaya a la respiración y deje de estar escuchando nuestro diálogo interno, imaginen que en el tiempo que meditamos eso suceda varias veces. ¡Que tranquilidad! ¡Que belleza dejar de estar tanto en los pensamientos y poder saborear el silencio, la calma que nos produce sentir nuestra respiración!

Pero eso no ha sido todo, la Meditación no solo me ha permitido tener un mayor control de mi mente y de mis emociones, sino que sus beneficios se han extendido a mi relación con el mundo, con los demás, ahora puedo disfrutar de un atardecer, de la lluvia, de la naturaleza como no lo había hecho antes, lo mismo me ha sucedido con la comida, con los sonidos, con las sensaciones en general, con mi trabajo, con mis relaciones interpersonales, estoy mucho más enfocada en el presente, disfrutando plenamente cada instante, viviendo con una mayor presencia. Y eso sin mencionar cambios en las estructuras y funcionamiento del cerebro, que de acuerdo a investigaciones científicas suceden gracias a la meditación.

Y bueno, ahora me queda clara la relación que esta práctica milenaria tiene con la terapia, darnos cuenta de cómo los pensamientos afectan nuestra vida emocional y aprender a soltarlos nos libera y nos permite disfrutar de una manera más plena cada experiencia de nuestra vida.

Al meditar no sólo estamos entrenando nuestra atención, sino también nuestra capacidad de darnos cuenta, es decir somos más conscientes de lo que nos sucede, y ese es un principio fundamental para lograr el bienestar.

Sin embargo, estos cambios que comparto son resultado de mi experiencia, y quizá de la de muchos que han decidido incluir en su vida esta práctica, ojalá que al compartirlo con ustedes les despierte la curiosidad y la disposición a descubrirlo por ustedes mismos.

Silvia