Ansiedad

¿TE AMARGAS LA VIDA?

No hay nada más difícil que soportar una serie de días buenos
— Paul Watzlawick

INTRODUCCIÓN

La primera vez que escuché que amargarse la vida es un arte. me pareció chistoso, pensé: ¿cómo es posible que se trate de un arte? Pero la verdad es que, si lo es, realmente es un arte, requiere de una creatividad, imaginación y esfuerzo sorprendente.

“El Arte de Amargarse la Vida” es el título de un texto que tuve la oportunidad de leer hace varios años, su autor es Paul Watzlawick y quiero, si es que no lo conoces, compartirte lo que dice en la contraportada del libro que leí…

La historia del martillo

Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizá tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. Así nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, “buenos días”, nuestro hombre le grita furioso: “¡Quédese usted con su martillo, so penco!”

Es increíble lo que puede hacer nuestra mente ¿no lo crees? Aún cuando nada está sucediendo, podemos ser capaces de generar en nuestra imaginación los peores escenarios posibles y ¿cuál es el resultado? Generalmente los hechos que imaginamos nunca suceden, pero lo que si nos sucede es un gran desgaste emocional de todo tipo:

Enojo

Angustia

Miedo

Tristeza

NUESTRO ESTILO EMOCIONAL

Por increíble que parezca y como lo he mencionado en otros de mis blogs, la causa de nuestro malestar emocional no está en lo que nos sucede sino más bien en todo lo que pensamos acerca de lo que nos sucede.

Como es posible que el Sr. del ejemplo pueda haber anticipado un resultado tan desastroso sin siquiera darse la oportunidad de ver realmente lo que sucedería, sin anticipar nada.

Bueno, la verdad es que eso es algo que hacemos todo el tiempo y depende mucho de nuestro estilo emocional, el diálogo interno con el que nos conectemos, en el ejemplo del cuadro es claro que el señor tiene un estilo enojón, las personas que se enojan ven “moros con tranchetes”, siempre piensan mal de los demás, los responsabilizan de su mal humor, están listos para responder atacando, son desconfiados y por lo mismo piensan que los demás los pueden atacar de alguna manera, atribuyen en los demás intenciones de dañarlos y no necesariamente es siempre así.

ANGUSTIA

Las personas angustiosas por el contrario están constantemente anticipando peligro, si alguien no contestó un mensaje que enviaron, piensan que seguramente es porque están enojados, o porque algo malo les pudo haber sucedido, imaginan escenarios tales como: “seguramente se enojó conmigo porque…” y construyen una historia, piensan que ya no les volverá a contestar, o piensan que seguramente algo malo les sucedió, quizá un accidente, o los asaltaron, o los secuestraron y su imaginación vuela en cualquiera de esas direcciones, por supuesto, rara vez, o quizá nunca llega a suceder lo que anticipan.

MIEDO

Una persona miedosa anticipa peligros todo el tiempo, si va a hablar en público, piensa que se les va a olvidar la información, o que los demás se van a burlar de él/ella, o que empezará a tartamudear, lo más probable es que se paralice y la mente realmente se ponga en blanco por el miedo que se genera.

O quizá, si tiene una entrevista de trabajo, piensa que no lo/la van a contratar o que le harán preguntas que no podrá responder y decide al final no asistir.

Generalmente las personas miedosas suelen evitar actuar porque están convencidas de que las amenazas que se crean en su mente son verdaderas y activan una respuesta de estrés que los prepara para huir.

TRISTEZA O DEPRESIÓN

Las personas depresivas suelen ver la realidad en tonos grises y dudan de su capacidad o de que las cosas puedan cambiar. Imaginan que su vida seguirá igual, sin sentido, no ven la luz al final del túnel, piensan que ellos no nacieron para ser felices y cuando algo bueno les sucede inmediatamente piensan que seguramente no va a durar, que la desgracia tocará de nuevo a su puerta y que todo seguirá siendo igual.

EL PASADO VS VIVIR EL PRESENTE

Otra forma de amargarnos la vida es la tendencia a vivir en el pasado, recordar todas aquellas cosas que nos provocaron dolor, sufrimiento, enojo, cuando nos aferramos al pasado no nos permitimos disfrutar del presente y peor aún nos provocamos emociones negativas solo por el hecho de recordar situaciones que ya no son vigentes.

Cuando nos aferramos a estos recuerdos de manera obsesiva, perdemos nuestra capacidad de disfrutar de la vida y de nuestras relaciones.

Un pensamiento fijo que es negativo es capaz de crear su propia realidad, “la profecía autocumplida”.

Hacia donde llevamos nuestra atención va nuestra energía.

SOLUCIÓN

Los ejemplos son realmente interminables, la creatividad para generar todos esos escenarios no tiene límites, seguramente podrás identificar lo que haces y con qué emoción sueles conectarte más, es así, y por lo mismo, como yo, estarás de acuerdo con Watzlawick de que es todo un arte.

La buena noticia es que podemos cambiar esa tendencia, nuestra mente no se maneja sola, nosotros podemos encauzarla hacia donde queramos, podemos parar los pensamientos negativos, podemos cambiarlos, podemos detenerlos.

Lo importante es entender que nuestra mente está diseñada para pensar y que solo necesita dirección y conciencia, es importante que nos demos cuenta cuando lo hacemos para poderlo parar.

También nos ayuda entender que como seres humanos no nos gusta la incertidumbre y por lo mismo tenemos una gran necesidad de control, queremos controlar la realidad, pero como eso no es posible, generamos escenarios en nuestra mente y generalmente es con el fin de protegernos porque así es desde el inicio de la humanidad, estamos listos para responder al peligro, el problema es que el peligro que imaginamos es solo eso, una simple imaginación, un cuento que nos contamos, una fantasía, pero no la realidad, aunque así lo creemos y lo vivimos como si así fuera.

Ser conscientes de todo esto no solo nos evita sufrir, sino que además nos libera de una gran carga de estrés a la que sometemos a nuestro organismo cada vez que pensamos de esa manera.

Necesitamos aprender a manejar nuestra mente y controlar nuestros pensamientos, la terapia y los cursos de meditación pueden ser de gran ayuda.

CONCLUSIONES

Recuerda que tu bienestar mental y emocional es tu responsabilidad, existen formas que te pueden ayudar a sentirte mejor si así lo decides. De la misma forma en que creamos sufrimiento con nuestros pensamientos podemos crear felicidad, solo necesitamos darnos cuenta y decidir el tipo de pensamientos que queremos tener.

Por lo pronto te invito a que descargues, si no lo has hecho aún, el PDF sobre 9 Estrategias de Manejo de Estrés, en donde te hablo de como puedes usar la meditación y el control de tu pensamiento para disminuir el estrés y recuerda que si lo deseas puedes tener una sesión sin costo de 45’ para tener claridad acerca de lo que te pasa y lo que podrías hacer para sentirte mejor.

Y por último ¿Con qué estilo de pensamiento te identificaste? Comparte.

Silvia

¿QUÉ PUEDO APRENDER DE LA DEPRESIÓN?

Puede que no controles los hechos que ocurren, pero si puedes decidir no dejarte derrotar por ellos.
— Maya Angelou

Introducción

Existen muchas enfermedades físicas que pueden afectar nuestra salud y generalmente es fácil que cuando nos sentimos mal acudamos al médico para tratarnos, pero cuando se trata de la enfermedad de la mente, la situación cambia, nos da pena hablar de ello o nos da miedo y eso ha provocado que la depresión, que se puede ubicar como un sufrimiento mental, que nos lleva a querer huir del mundo, se haya convertido en uno de los padecimientos más comunes en nuestra época y poco tratado, existen muchos prejuicios al respecto, falsas creencias, nos da vergüenza reconocer que estamos deprimidos porque lo consideramos un signo de debilidad y por supuesto que lo que menos queremos es parecer débiles o frágiles ante los demás.

Pero la realidad es que la depresión afecta gran parte de nuestra vida, altera nuestras emociones, nuestra capacidad de ejecutar, de ser productivos, de disfrutar, la forma en que nos relacionamos con los demás y el concepto que tenemos de nosotros mismos.

Aprender acerca de ella nos permitirá buscar la manera de sanarla y eso es lo que pretendo lograr con este blog.

Mi historia con la depresión

El tema de la depresión es un tema que me es muy familiar, no puedo explicar desde cuando ha formado parte de mi vida pero lo que si puedo decir es que si trato de pensar en mi infancia, me recuerdo con una sensación de ansiedad constante y a la vez como una niña triste, la razón no la sé pero si recuerdo que prefería aislarme, me provocaba ansiedad estar con los demás niños y creo que prefería pasar tiempo sola, no se si realmente era depresión porque nunca tuve un diagnóstico pero imagino que sí, no disfrutaba como lo hacían los demás niños, y prefería permanecer aislada.

En mi adolescencia había varias razones para estar deprimida, aunque en realidad no se si una cosa llevaba a la otra, qué fue primero, no lo sé.

Me era muy difícil interactuar con los demás, especialmente si se trataba de hombres, y por otro lado luchaba con problemas de sobrepeso que no me permitían sentir bien.

No se si la depresión ansiosa (ahora puedo llamarla así) me hacía evitar a las personas y comer en exceso o si por el hecho de aislarme y estar la mayor parte del tiempo sola y comiendo en exceso estaba deprimida, o ambas, la verdad es que era un círculo vicioso.

Recuerdo que a pesar de que me la pasaba estudiando y siempre teniendo un muy buen desempeño académico, la escuela era para mí una fuente de estés constante, aún en la universidad, cuando pienso en el sufrimiento que me producía, no me imagino cómo es que permanecí tanto tiempo ahí, no solo terminé una carrera universitaria, sino que además concluí dos maestrías y dos diplomados, el tiempo que invertí tanto en las maestrías como en el diplomado fue de ¡12 años! Después de los 4 de mi licenciatura, increíble ¿no es así?

Pero bueno, tengo que aceptar que me gustaba estudiar, aunque lo que no disfrutaba tanto era la interacción con los demás, me provocaba ansiedad, siempre me consideré una persona tímida, introvertida y penosa.

Esta situación continuó en mi vida profesional, los primeros trabajos que tuve, en realidad los padecí y en todo ese tiempo nunca supe exactamente lo que me pasaba, pensaba que algo estaba mal conmigo, que era diferente a los demás y que seguramente, aunque mi desempeño académico era bueno, finalmente no era tan inteligente, me sentía insegura, dudaba de mí y no me gustaban los cambios.

Hace 25 años más o menos estuve quizá en mi peor crisis, mis niveles de ansiedad se incrementaron a tal grado que decidí renunciar a mi trabajo, ingenuamente pensaba que si lo hacia me sentiría mejor, decidí empezar a trabajar como psicoterapeuta y así lo hice, por supuesto que el cambio no hizo más que acelerar mis síntomas y terminé consultando a un neurólogo que después de hacerme varios estudios me diagnóstico una depresión ansiosa endógena, es decir que el padecimiento con el que había vivido toda mi vida era algo heredado por alguno de mis padres, después de investigar al respecto, concluí que había sido de mi padre, aunque no lo recuerdo realmente triste si puedo decir que era una persona irritable y aprehensiva y en ocasiones recuerdo que me decía que se sentía triste y realmente no sabía por qué.

En fin, fue bueno descubrir y poder nombrar mi estado de ánimo y lo que siguió después fue tomar medicamento por dos años, me ayudó bastante en verdad, pero desde entonces no lo he vuelto a tomar, porque en realidad ya no lo necesito.

Como lo mencioné en mi blog “Antes y Después de la Meditación”, hace aproximadamente 6 años empecé a meditar y creo que la meditación me ha ayudado enormemente a controlar tanto mis periodos de tristeza como de ansiedad.

La depresión como quizá muchos de ustedes sepan, es un padecimiento que se ha incrementado enormemente, un alto porcentaje de la población la padece.

CLASIFICACIÓN

Existen diferentes tipos de depresión:

1. Endógena

La depresión endógena forma parte del equipaje con el que llegamos al mundo, nacemos con ella porque la heredamos, como en mi caso, es un desequilibrio en la química de nuestro cerebro y esto nos provoca que nos sintamos tristes, desmotivados, apáticos y en ocasiones ansiosos, la tendencia cuando no sabemos que la tenemos es buscar en nuestra vida alguna circunstancia que creemos la esté provocando y seguramente encontraremos muchas a quienes echarle la culpa, pero una vez que descubrimos que no tiene que ver con causas externas sino más bien internas, necesitamos aprender a vivir con ella y encontrar las formas de manejarla, ayuda mucho conocer qué cosas nos hacen sentir mal para evitarlas y que cosas nos hacen sentir bien para buscar repetirlas e integrarlas en nuestra vida, en mi caso me hace sentir mal tener una vida sedentaria, aislarme, dormir poco, comer en exceso y lo que me hace sentir bien es el ejercicio, bailar, la yoga, la meditación, principalmente.

2. Circunstancial

Está provocada por algún evento que sucede en nuestra vida ya sea la pérdida de un ser querido, la pérdida de una relación (por separación o divorcio), la pérdida de trabajo o de estabilidad económica, alguna enfermedad terminal o degenerativa o cualquier padecimiento crónico que provoque la pérdida de la salud. En este tipo de depresión si existe un evento que la detona y es importante entender que no está mal sentirnos tristes cuando lo amerita, es nuestra forma de reaccionar ante hechos dolorosos, lo importante es identificarlo y aceptarlo como una respuesta natural de nuestro organismo.

3. Provocada por otro padecimiento o enfermedad

Existen muchos padecimientos físicos que vienen acompañados de síntomas de depresión, por ejemplo, la fibromialgia, problemas de tiroides, alcoholismo, Alzheimer, diabetes, deficiencias nutricionales, e incluso cáncer, entre otras.

Una gran cantidad de las enfermedades que conocemos se presentan primero con síntomas emocionales. Los doctores necesitan determinar si se trata de una enfermedad con síntomas depresivos o de una depresión.

4. Provocada por estrés

El estrés sostenido puede desencadenar una depresión y quizá ni siquiera nos demos cuenta de ello, es probable que ante situaciones de mucha presión tanto interna como externa, empecemos a sentirnos desmotivados, apáticos, quizá demasiado ansiosos o irritables.

Cuando padecemos estrés liberamos adrenalina y cortisol y el cortisol es una sustancia que está asociada con la depresión.

Es muy común que ni siquiera nos demos cuenta de lo mucho que afectamos a nuestro organismo cuando lo sometemos a presiones internas y/o externas, no pensamos que el estar todo el tiempo bajo períodos intensos de ansiedad y sin descansar adecuadamente puede a la larga desencadenar un problema de desequilibrio emocional como la depresión.

5. Actitud depresiva

Estamos hablando de la depresión que se genera por nuestra forma de pensar, cuando somos negativos, cuando solo vemos el lado malo de las cosas, cuando somos pesimistas. Este puede ser un estilo de funcionamiento aprendido, sin embargo, la tendencia de la mente a pensar de manera negativa es una característica de la depresión que está presente también en las 4 formas mencionadas anteriormente.

Siempre tenemos dos opciones a la hora de percibir la realidad, como cuando hablamos del vaso medio lleno o medio vacío, o cuando pensamos que todo lo que nos pasa es una tragedia o bien que todo lo que nos sucede es un milagro o una oportunidad, depende del tipo de pensamientos con los que elegimos conectarnos, tiene que ver con nuestro aprendizaje y es difícil que nos demos cuenta que somos nosotros quienes nos provocamos sentimientos de desesperanza y depresión.

¿Qué podemos hacer para manejar la depresión?

Primero que nada, necesitamos identificarla y dar importancia a nuestros síntomas, por ejemplo, dificultad para disfrutar de las cosas, tendencia a aislarnos, comer en exceso o dejar de comer, irritabilidad, deseos de llorar todo el tiempo, cansancio extremo y ganas de dormir durante el día, dificultad para concentrarnos, para ejecutar y para tomar decisiones, pensamientos de culpa, devaluación o desesperanza.

Una vez identificados los síntomas, acudir al médico para tener un diagnóstico que nos permita saber cuál es el tipo de depresión que tenemos o si es consecuencia de otro padecimiento.

Si se trata de una depresión provocada por una pérdida, no sentirnos mal por estar deprimidos, aceptar que es un proceso natural y solo tener cuidado de que no dure por más de 6 meses y si el sufrimiento nos incapacita, buscar atención médica y psicológica, no es necesario vivir el padecimiento en soledad cuando podemos contar con ayuda profesional.

Aprender a manejar nuestro estrés y para ello te sugiero que, si no lo haz hecho aún, bajes el PDF gratis que elaboré para ti, en este documento no solo te hablo de algunas actividades que pueden ayudarte a disminuir el estrés, sino que también, te explico cómo aprender a manejar tus pensamientos te puede permitir regular tus emociones lo cual puede ser de gran ayuda si has identificado que tu depresión es más bien una actitud depresiva, o incluso si es de otro tipo, porque aunque la causa sea otra, siempre podemos ayudarnos adoptando una actitud positiva, si la situación por la que pasamos ya es complicada ayuda mucho no complicarla más con pensamientos negativos e ideas pesimistas.

Aprender a meditar puede ser también un excelente recurso para poder controlar la depresión, en el PDF incluyo la meditación como una estrategia valiosa y te explico brevemente en que consiste y cómo realizarla, al meditar aprendemos a controlar nuestros pensamientos, pero además nos damos cuenta de que estamos pensando y reconocemos el tipo de pensamientos que pasan por nuestra mente, y cómo pensar de esa manera nos hace sentir, cambiar este hábito requiere primero de darnos cuenta, ser conscientes y eso lo vamos logrando con la práctica de la meditación.

CONCLUSIÓN

La depresión es el mal de nuestra época, pero no tiene que seguir siendo así, nuevamente te sugiero buscar ayuda profesional, es muy fácil permanecer en un estado de malestar y no salir de ahí porque pensamos que es normal, y lo más triste es que nos acostumbramos a sentirnos mal, sobre todo cuando padecemos depresión solemos pensar que no hay esperanza para nosotros, pero piensa en lo diferente que sería tu vida si no te sintieras deprimido y/o ansioso, piensa en todo lo que podrías hacer, tómate unos minutos para reflexionar al respecto: ¿Qué harías si no te sintieras triste y desalentado? ¿En qué proyectos te involucrarías? ¿Cómo desempeñarías tu trabajo? ¿Cómo te relacionarías contigo mismo y con los demás?

La responsabilidad de tu salud mental y emocional está en ti, aprende a sentirte bien aún a pesar de las circunstancias que la vida te presente y recuerda que no hay ninguna razón que justifique que uno se sienta mal, necesitamos encontrar la causa de nuestro malestar y hacer lo que sea necesario para erradicarlo, o hacerlo más llevadero, estoy de acuerdo en que la vida a veces nos confronta con situaciones difíciles ante las cuales lo único que podemos hacer es elegir la actitud con la que la vamos a vivir. La solución está en ti.

Y ahora dime: ¿Cuál es el primer paso que vas a tomar para sentirte mejor? Compártelo y recuerda que, si necesitas ayuda, puedes ponerte en contacto conmigo.

Silvia

FRENTE A LA INCERTIDUMBRE

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La agridulce sensación de la incertidumbre: ganar o perder.
— Markus Zusak

 

Aunque parezca paradójico, la única certeza que tenemos los seres humanos, de lo único que podemos sentirnos seguros, es que todo es incierto, esta realidad nos causa mucha ansiedad y una gran necesidad de control, en ocasiones postergamos la toma de decisiones porque queremos asegurarnos de que todo va a salir bien, de que el resultado será favorable, no nos arriesgamos, porque quisiéramos garantías de que si lo hacemos tendremos éxito, pero eso no es posible, la realidad es que tenemos que aprender a vivir con la incertidumbre, y aceptar no saber.

La vida humana está llena de inseguridades, de eventos inesperados, como sería la enfermedad, la muerte, las pérdidas, los desencuentros, las decepciones, pocas son las cosas que podemos anticipar, pero no podemos evitar vivir siempre acompañados de la fantasía de que algún día podremos adivinar el futuro.

Como consecuencia de esto, nuestra mente se empeña en imaginar escenarios, cuando los escenarios que imaginamos son negativos, lo más probable es que la ansiedad se convierta en una angustia anticipatoria que termina paralizándonos, evitamos actuar, como si eso nos asegurara que nos estamos librando de ese mal que anticipamos, pero ¿cómo sabemos que eso que imaginamos se hará realidad? No hay forma de saberlo, sin embargo, muchas veces ante la incertidumbre y la idea imaginaria de que el resultado será negativo, dejamos de vivir, dejamos de experimentar, dejamos de aprender, y eso si es una tragedia, porque no estamos aquí para escondernos en una relativa "seguridad" sino más bien para atrevernos a vivir una vida plena, llena de buenas y malas experiencias, estamos aquí para sorprendernos con lo que la vida nos dé, maravillarnos de sus misterios, aprender, conocer, relacionarnos, atrevernos, arriesgarnos, explorar, en fin, todo aquello que nos conecte y que nos haga sentirnos vivos.

Parafraseando a Alan Watts (1999), no es posible comprender la vida y sus misterios mientras uno trate de aferrarla, como con el agua, debemos dejarla correr libremente.

No se trata de escapar, sino de aceptar las limitaciones, en especial la limitación de no saber, de no tener garantías, escapar solo nos mantiene alejados del presente, del instante, aferrarnos al placer y luchar contra el dolor, no hace más que alejarnos de lo verdaderamente importante, de lo que amamos.

Abundan los ejemplos de personas que se detienen ante este universo interno y esperan, esperan a tener quizá la señal que les diga que él o ella es la persona correcta, o que ese es el trabajo perfecto, o que aquél es el negocio que les dará la prosperidad económica que tanto anhelan, sueñan, imaginan, pero postergan, no quieren actuar porque temen que la vida los sorprenda con un resultado negativo que los llene de frustración, pero quizá lo que debieran preguntarse es si permanecer en esa eterna espera no es ya una situación frustrante que los aleja, como dije antes, de lo que más anhelan.

Dejar de vivir no es la solución, permanecer quietos para no sufrir no hace más que mantener el sufrimiento. Esperar a que suceda un milagro, o una señal, no nos salva, al contrario, la vida sigue su curso y mientras esperamos esa seguridad ficticia, las cosas siguen sucediendo fuera de nosotros, aquellos que se deciden, se enamoran y quizá también sufren, emprenden nuevos proyectos, se atreven, buscan, y saben que aunque en ocasiones las cosas no salen como quisieran, nada permanece, siempre hay nuevas oportunidades, nuevas posibilidades, las puertas nunca se cierran, mientras estemos conectados con la aventura de seguir buscando aquellas que puedan abrirse para nosotros. La vida nos es fija, está en constante movimiento, así que, querer que un instante de felicidad sea eterno, es también una forma de sufrimiento.

Termino esta reflexión citando nuevamente a Alan Watts:

“El arte de vivir […] no consiste, por una parte, en un ir descuidadamente a la deriva, ni, por otra, en aferrarse por temor al pasado y lo conocido. Consiste en ser completamente sensible a cada momento, en considerarlo como nuevo y único, en tener la mente abierta y receptiva.”

¿Y tú, qué piensas al respecto?

Silvia

 

ANTES Y DESPUÉS DE LA MEDITACIÓN

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Suspender deliberadamente toda actividad externa y sentarte o abrirte, quizá por primera vez, a la quietud interior...
— Jon Kabat-Zin

Hace tiempo escuché el término Mindfulness y sus aplicaciones en la terapia, la verdad era desconocido para mí, así que lo investigué y descubrí que se trataba de un tipo de meditación secular, descubrí también que la meditación era un modo de entrar en contacto con uno mismo de una manera más profunda, sin embargo, la forma de hacerlo y sus aplicaciones en la terapia eran un misterio para mí.

Conforme pasaba el tiempo, empecé a escuchar con más frecuencia acerca del término y decidí aprender a hacerlo, el resultado fue asombroso, puedo decir que, desde el principio, descubrí que meditar no significa tener la mente en blanco, lo cual fue un alivio, pues siempre pensé que lograr eso era prácticamente imposible, descubrí también que era algo muy sencillo, las instrucciones eran bastante simples, pero a la vez algo muy profundo.

Al principio era difícil encontrar un espacio para meditar y en ocasiones hacerlo me ponía más ansiosa, en vez de tranquilizarme, pensaba que tenía muchas cosas importantes que hacer y que permanecer en silencio durante 10 minutos era una pérdida de tiempo, pero decidí comprometerme con ello porque entre más leía acerca de sus beneficios más convencida estaba de que sería algo bueno. Ahora, después de cuatro años de realizar una práctica diaria de meditación, puedo decir que incluso lo que leí se queda corto.

Siempre, me consideré una persona ansiosa, la ansiedad formaba parte de mi vida y me había acostumbrado a ella, por supuesto me limitaba en muchas formas, pero aprendí a no hacerle mucho caso, el estrés, también estaba presente, lo cual no es extraño porque siempre he pensado que forma parte de la experiencia humana.

Ahora la ansiedad está ausente, y les puedo decir que es una sensación extraña, en ocasiones me detengo a observarme, buscando esa inquietud interna y no la encuentro, lo cual ha sido maravilloso y me ha llenado de alegría. Mi vida no ha cambiado mucho, las situaciones estresantes y las dificultades siguen surgiendo, pero no me afectan de la misma manera.

El Mindfulness, nos conecta con el momento presente, al practicarlo, de lo que se trata es de prestar atención intencionadamente y sin críticas a nuestra experiencia, tal cual es. Buscar un objeto en el cual enfocar nuestra atención, de ahí el término "Mindfulness", que significa atención o conciencia plena, en este caso el foco de nuestra atención es la respiración, algo que hacemos todo el tiempo, pero que, al sentirla de manera consciente, nos permite experimentar calma y tranquilidad.

Suena fácil, pero en realidad no lo es, aprenderlo me llevó varios años, nuestra mente está todo el tiempo pensando y comúnmente nuestra atención está ahí, siempre en nuestros pensamientos, a veces recordando cosas del pasado, otras anticipando cosas del futuro, otras juzgando situaciones del presente y muchas más criticándonos a nosotros mismos o comparándonos constantemente, no es de extrañar que precisamente por eso perdamos nuestra tranquilidad, si la mente está en el pasado, nos deprimimos, enojamos, estamos resentidos; si está en el futuro, nos angustiamos, sentimos temor; si nos criticamos o juzgamos,  nos enojamos con nosotros mismos o nos sentimos inseguros. Ahora imaginen que por un momento nuestra atención se vaya a la respiración y deje de estar escuchando nuestro diálogo interno, imaginen que en el tiempo que meditamos eso suceda varias veces. ¡Que tranquilidad! ¡Que belleza dejar de estar tanto en los pensamientos y poder saborear el silencio, la calma que nos produce sentir nuestra respiración!

Pero eso no ha sido todo, la Meditación no solo me ha permitido tener un mayor control de mi mente y de mis emociones, sino que sus beneficios se han extendido a mi relación con el mundo, con los demás, ahora puedo disfrutar de un atardecer, de la lluvia, de la naturaleza como no lo había hecho antes, lo mismo me ha sucedido con la comida, con los sonidos, con las sensaciones en general, con mi trabajo, con mis relaciones interpersonales, estoy mucho más enfocada en el presente, disfrutando plenamente cada instante, viviendo con una mayor presencia. Y eso sin mencionar cambios en las estructuras y funcionamiento del cerebro, que de acuerdo a investigaciones científicas suceden gracias a la meditación.

Y bueno, ahora me queda clara la relación que esta práctica milenaria tiene con la terapia, darnos cuenta de cómo los pensamientos afectan nuestra vida emocional y aprender a soltarlos nos libera y nos permite disfrutar de una manera más plena cada experiencia de nuestra vida.

Al meditar no sólo estamos entrenando nuestra atención, sino también nuestra capacidad de darnos cuenta, es decir somos más conscientes de lo que nos sucede, y ese es un principio fundamental para lograr el bienestar.

Sin embargo, estos cambios que comparto son resultado de mi experiencia, y quizá de la de muchos que han decidido incluir en su vida esta práctica, ojalá que al compartirlo con ustedes les despierte la curiosidad y la disposición a descubrirlo por ustedes mismos.

Silvia