SI CAMBIO YO... TODO CAMBIA

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Mientras uno crea que sus problemas son causados por una fuerza o agencia exterior a uno mismo, la terapia no podrá ser eficaz. Si después de todo, el problema reside allá afuera, entonces ¿para qué va uno a cambiarla?
— Irvin D. Yalom

A lo largo del tiempo que llevo trabajando como terapeuta, he encontrado que la necesidad de cambiar es quizá el principal tema con el que llegan mis pacientes a consulta.

A pesar de que la vida es un constante cambio, pareciera que cuando se trata de nosotros, el cambio no parece ser tan natural ni espontáneo, de hecho, incluso cuando tenemos que enfrentar un cambio, surge en nosotros una gran resistencia, sentimos incomodidad, temor, ansiedad, nos aferramos a querer estar como antes, nos sentimos extraños y generalmente tendemos a evitarlo.

Cuando se trata de nuestra propia vida, el cambio se convierte en un anhelo que con frecuencia nos genera mucha frustración. Queremos por ejemplo que nuestros padres cambien, o que cambien los hijos, que cambien nuestros maestros, nuestros jefes, nuestros amigos, nuestra pareja, nos escuchamos decir: “si tan solo él/ella cambiara, las cosas serían totalmente diferentes”, nuestro deseo está basado en la idea de que cuando los demás dejen de ser como son y sean como nosotros queremos entonces nos sentiremos bien, lo cual, para nada es cierto, porque nuestro bienestar depende de nosotros, no de los demás.

Y si es así, a la única persona que podemos cambiar es a nosotros mismos, y es justo ahí en donde está el reto, porque a pesar de que sabemos que nuestra forma de comportarnos no es la mejor, que reaccionar como lo hacemos nos genera malestar, no solo con nosotros mismos sino también con los demás, dar el siguiente paso, modificar ese comportamiento no resulta ser tan sencillo, quizá si comprendiéramos eso nos sería más fácil aceptar a los demás como son y no intentar cambiarlos.  Pero regresando a nosotros: ¿es posible cambiar? ¿basta con querer cambiar para lograrlo? ¿qué tenemos que hacer para cambiar?

Bueno, el cambio es un proceso que requiere primero que nada de la disposición y la intención a cambiar, y esa surge cuando nos damos cuenta de que ese comportamiento que queremos modificar nos hace más mal que bien, tenemos entonces que identificar por qué pensamos que nos hace mal, cuáles son las consecuencias que produce en nuestra salud, nuestras relaciones, en nuestra vida, y también identificar todas las excusas que con el tiempo hemos elaborado para justificarnos cada vez que tenemos el comportamiento indeseado. Asumir la responsabilidad de cambiar implica abandonar los argumentos falsos que lo sostienen, tales como decir: “así nacimos”, “fue lo que nuestros padres nos enseñaron”, “es parte de nuestro carácter”, “es nuestra naturaleza”, etc.

Necesitamos ser conscientes de que esa conducta es la que estamos eligiendo tener, quizá porque no conocemos otra forma de reaccionar, somos nosotros quienes elegimos tenerla, no es consecuencia de lo que nos hacen los demás o de las circunstancias.

Una vez que somos conscientes, necesitamos entender qué es lo que nos impulsa a actuar así, qué es lo que detona nuestra conducta: ¿es acaso un pensamiento? ¿un sentimiento? ¿es porque estamos cansados? ¿es porque tuvimos un mal día?

Si trabajamos en ello, si lo hacemos nuestra prioridad, si nos dedicamos a encontrar la solución y progresamos poco a poco, lograremos ser la persona que queremos ser.

Recuerda que el camino hacia el cambio es largo y por lo mismo, más fácil de recorrer si lo haces acompañado de un profesional.

¿Cuál es esa conducta que te gustaría cambiar?

Silvia