NOS ENAMORAMOS... Y DESPUÉS... ¿QUÉ SIGUE?

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Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste en fundamentalmente ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar.
— Erich Fromm

Nada más cierto, aunque este libro fue escrito hace ya varios años, el arte de amar está intrínsecamente relacionado con nuestra capacidad para amar y eso requiere de trabajo. Solemos pensar que cuando conocemos a alguien y nos enamoramos, las cosas irán fluyendo maravillosamente, sin el más mínimo esfuerzo, pero la verdad, es que no es así, aún en las primeras fases de nuestra relación, cuando somos novios, y todo debería estar bien, nos damos cuenta que la relación se complica, en ocasiones por circunstancias tan simples, pero a la vez tan incómodas y eso es normal.

Las relaciones interpersonales son difíciles y complicadas porque somos diferentes, pero además porque quizá pensamos que no deberían ser así, que si nos amamos lo suficiente deberíamos pensar y/o sentir igual que el otro, se nos olvida quizá, que venimos de historias distintas, que nuestros aprendizajes no han sido los mismos, que nuestros gustos y preferencias, a veces no coinciden, pero que, a pesar de ser así, eso está bien.

Si pudiéramos estar en una relación con una actitud de asombro, descubriendo al otro, sorprendiéndonos a cada instante de como es, quizá las cosas serían más sencillas.

En el mejor de los casos, después de un excelente noviazgo, decidimos vivir juntos, o casarnos, y una vez que empezamos a compartir el mismo espacio, surgen las dificultades y nos decepcionamos, nos frustramos, empezamos a pelear, nos lastimamos, dejamos de vernos con ojos de amor y experimentamos miedo a no cumplir nuestro sueño de: “Vivir juntos para siempre” y responsabilizamos al otro de nuestro fracaso, y todo esto, en vez de ayudarnos complica aún más la situación.

Porque lo que necesitamos, no es pelear constantemente con el otro para que cumpla nuestras expectativas, sino analizar lo que nos está pasando con la situación que vivimos, atrevernos a conocernos y entender de dónde vienen nuestras demandas, empezar a identificar lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer para mantener el conflicto.

Este paso no es tan sencillo, se necesita mucho trabajo y esfuerzo, que la mayor parte de las veces no puede hacerse solo, sino que requiere del apoyo de un profesional, alguien que nos ayude a ir analizando y aclarando lo que nos pasa, alguien que nos recuerde una y otra vez que el trabajo es personal y que mientras no aceptemos que la solución está en uno, difícilmente podremos tener una buena convivencia con el otro.

Insisto en este punto porque es quizá el que más trabajo cuesta en una terapia de pareja, implica un cambio de mentalidad, implica decir: “Porque lo amo, voy a tener comportamientos amorosos con mi pareja, y evitar aquellos que sé que le hacen sentir mal”, este es un gran paso, que pocas veces queremos dar, porque al estar enfocados permanentemente en el comportamiento del otro, dejamos de ver lo que nosotros estamos haciendo para mantener el problema. Es un acto de amor, de generosidad, de compasión.

Excluyendo por supuesto cualquier problema que tenga que ver con abuso, violencia y/o adicciones. En cualquiera de estos casos estamos hablando de situaciones que no tenemos que aceptar, ni mucho menos tolerar, sobre todo si está en juego nuestra integridad.

Es importante atender el problema de nuestra relación a tiempo, porque cuando estamos en medio del conflicto, vivimos un estrés sostenido que nos va desgastando, provocando en nosotros sentimientos de ansiedad incontrolables, depresión, ira, sentimientos de desesperanza (queremos tirar la toalla), y todo eso en vez de ayudarnos a tener mayor claridad para resolver las cosas, incrementa nuestra incapacidad para buscar soluciones adecuadas.

Entiendo que en ocasiones lo que vivimos nos hace pensar que lo mejor es salirnos de la relación, pero no nos atrevemos a hacerlo por miedo, porque nos aferramos a la idea de que las cosas cambien, porque seguimos amando a nuestra pareja y no queremos dejarla, por los hijos, aún en estas circunstancias, es necesario tener la claridad de por qué pensamos que lo mejor es irnos, o bien quedarnos, solo cuando logramos tener la claridad de nuestros pensamientos y de nuestras emociones, estamos en condiciones de tomar la mejor decisión.

Lo importante es que no te conviertas ni en víctima, ni en verdugo.

Cuando entendamos que el cambio es individual, que no se trata de que el otro sea quien cambie para hacerme feliz, daremos un gran paso hacia la armonía de nuestra relación.

¿Y tú, cómo estás en tu relación?

Silvia